Creado en: marzo 23, 2022 a las 08:55 am.

Reponen el clásico Coppélia en el Teatro Nacional de Cuba

El Ballet Nacional de Cuba (BNC), Patrimonio Cultural de la Nación, que dirige la primera bailarina Viengsay Valdés, llevó a sala Avellaneda del Teatro Nacional el clásico Coppélia,para acariciarles el intelecto y el espíritu a los amantes insulares del «arte de las puntas».   

Coppélia, con coreografía de la prima ballerina assoluta Alicia Alonso (1920-2019), sobre la original del maestro Arthur Saint-Léon y la versión del maestro Marius Petipa, música del maestro Léo Delibes, libreto —a cuatro manos— de Charles Nuitter y Saint-Léon, inspirado en un relato corto del escritor E.T.A. Hoffman, y diseños del laureado artista Ricardo Reymena, tuvo en los papeles protagónicos a jóvenes bailarines —quienes les prestaron pie y alma a los personajes que interpretaron en ese contexto danzario-dramatúrgico por excelencia— así como a primeras figuras de la emblemática compañía. Tanto unos como otros estuvieron muy bien secundados por solistas y miembros del cuerpo de baile.

Cada vez que los integrantes del BNC (desde los consagrados hasta los más tiernos retoños incorporados al cuerpo de baile), dignos herederos del legado intelectual y espiritual dejado a la humanidad por la eximia ballerina, salen al proscenio del coliseo capitalino convencen al auditorio de que están dando lo mejor de sí como artistas y como seres humanos, para darles continuidad a las valiosas enseñanzas adquiridas en la barra, en los ensayos, en las clases magistrales impartidas por Alicia, cuyo espíritu —por un fenómeno parapsicogénico denominado percepción extrasensorial— flota como un cisne en cualquier lugar donde se presenta la agrupación que le diera pleno sentido a su vida como bailarina, maestra, coreógrafa, artista y mujer excepcional.

Con otras palabras, los bailarines que interpretaron esa joya danzaria están signados por el «Ángel de la Jiribilla», como diría el poeta, escritor y periodista, José Lezama Lima (1910-1976). Desde una óptica subjetiva por excelencia, esa expresión quiere decir tocados por la gracia para vibrar siempre en el amor a la danza con toda la intensidad propia de la estética muy cubana, y a la vez universal, que identifica al BNC.

Lo primero que el público conocedor de los íntimos secretos del ballet clásico y los colegas de la prensa especializada perciben en esa puesta en escena es que los bailarines están impregnados, no solo del grácil espíritu de Alicia, sino también de la concepción teórico-práctica sustentada por el maestro Fernando Alonso (1914-2013): la intelectualización y espiritualización de la técnica académica, de la interpretación teatral y de los movimientos corporales. En esos indicadores fundamentales se estructura el arte danzario en general, y el ballet clásico, en particular.

Para valorar en toda su dimensión y magnitud esa joya del ballet universal es requisito indispensable apreciar —con meridiana claridad—  los procesos de creación y percepción estéticas de la versión coreográfica realizada por Alicia, así como lo visible y lo invisible de Coppélia. O sea, descubrir que las cosas no son lo que parecen ser para la percepción empírica o directa, sino que simbolizan fuerzas espirituales superiores que no son captadas —en modo alguno— por los sentidos sensoriales (vista, oído), sino por los sonidos que emite nuestro yo, el auténtico, el verdadero, o si se quiere ser mucho más poético, por las vibraciones internas que hacen palpitar de emoción el corazón de los espectadores y de los colegas de la prensa que cubrieron esas funciones de lujo.

Por último, toda gran creación coreográfica (y Coppélialo es, sin ningún género de duda), exige dos grandes instrumentos: poder espiritual para ver las imágenes invisibles y poderío técnico-artístico que facilite integrar esas imágenes al lenguaje universal de la danza.

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