Creado en: junio 22, 2021 a las 09:29 am.
Zuki: Cuba en el alma de su caricatura

El humorista gráfico y pintor Eduardo Torres (Zuki), miembro del Comité Provincial de la UNEAC y de la Delegación de la UPEC en Cienfuegos, falleció en su natal provincia de Santa Clara, desde donde se trasladara hacia la Perla del Sur durante la década de los ochenta del pasado siglo.
El recordado caricaturista nacido en 1948, en entrevista concedida a este autor y publicada en Juventud Rebelde el 14 de octubre de 2006, afirmó que el humor gráfico tiene varios secretos que deben conocerse antes de practicarse: «desde la ubicación del chiste hasta la plasmación de la idea y la concreción del mensaje. A diferencia de la literatura, que es como una diana con muchos círculos, la caricatura representa el centro de esa diana, en el cual tienes que aplicar un poderoso poder de síntesis en el concepto que quieres desarrollar».
En dicho diálogo consideró que el caricaturista resulta un periodista a su manera: «Una situación nacional o internacional de índole política o de otro tipo siempre tendrá su resonancia en la manifestación, en tanto sus cultores comparten rasgos con el reportero afilado que escudriña y comenta la actualidad. El caricaturista debe nutrirse del mayor conocimiento posible, de todo tipo de información a su alcance para ejercer con eficacia su arte. Si uno trae a Odiseo a una caricatura, el autor tiene que conocer La Ilíada, tiene que conocer a Homero».
Aseveró entonces que llevaba «muy presente al pueblo de Cuba cada vez que elaboro una viñeta, me pregunto cuál será su reacción, si comprenderá, asentirá o sonreirá. En nuestro país el público lector es culto y hay que hilar fino para presentar una propuesta de calibre y revestida de densidad conceptual».
En el prólogo a su libro Humor a primera vista (Editorial Mecenas 2009), escribí lo siguiente: «Los dibujos de su libro concentran tan elevadas dosis de humor, ingenio, gracejo, picardía y visión de presente, que hubiera sido herético no compilarlos en este formato, como ha hecho el sello local, para que los lectores satisfagan deseos de reír y/o pensar. Y para que sus sucesores entiendan mejor cómo reflexionaban, vivían, sufrían y se reían de la vida sus ancestros: esos que en la Cuba de la hora que está en el reloj son blanco o focos de atención de los chispeantes trazos de Zuki, quien los enrola en mil y una situaciones jacarandosas.
Si, como dijo Pessoa, hay que escoger de lo que fuimos lo mejor para el recuerdo, entre lo bueno hay que guardar un lugar especial para unas caricaturas que dieron tanto alivio a la cajetilla de los dientes como a las zonas más chispeantes de nuestra masa gris. Humor a primera vista recoge postales de la actualidad donde, con poderosa vis cómica, este caricaturista con carne y nervio de maestro satírico toma el pulso a la sociedad, provisto de considerable tino y, acentuando los subrayados propicios, para generar así un diagrama chispeante de la esencia de las cosas en lo que es el cambiado archipiélago del siglo XXI».
Al aprovechar un diálogo con nuestro portal de la UNEAC, Zuki comentó a propósito de su segundo libro, Cuba ríe (Editorial Mecenas, 2018) que «el volumen, desde su denominación misma, constituye una contra respuesta a esos agoreros que, desde posiciones enemigas, nos atacan y manifiestan que en este país se acabó la alegría. Son meras patrañas que contribuyo a desarticular a través de cerca de veinticinco caricaturas en las cuales, mediante el humor costumbrista que caracteriza mi obra, se manifiesta de forma jacarandosa el gozo, las risas, la picardía y otros perfiles idiosincráticos del cubano, muy presentes y vivas en la actualidad».
Las líneas de La caricatura personal, artículo que le solicité para una revista cultural cienfueguera, permitían leer estas consideraciones del propio Zuki en torno a su arte predilecto: «Evidentemente, no todo el mundo sabe apreciar en justa medida el valor que encierra una caricatura personal, además de no reconocer con precisión qué cosa es. Trataremos de explicarlo: Mucha gente piensa que una caricatura personal, para que sea buena, tiene que ser una copia fiel del caricaturizado. A ello respondemos que una caricatura personal no es un dibujo formal, no es un retrato. Y dista mucho de serlo. Y ahí justamente radica su gran valor artístico. Precisamente una caricatura personal debe rehuir del dibujo convencional, académico, y a la vez lograr, por paradójico que parezca, cierto parecido físico de la persona objeto del pincel del caricaturista. Con una gran economía de líneas y utilizando el poder de síntesis al grado máximo, cosa harto difícil por cierto, el dibujante confecciona la caricatura personal, reflejando al unísono la personalidad del individuo caricaturizado. Es decir, que en la caricatura personal no solamente están plasmados los rasgados externos de la persona objeto del pincel del dibujante, sino que hay algo -incluso- de gran importancia que es lo que muchos no ven por más que miren: se trata del ego, del yo interno del dibujado. La caricatura personal es la “radiografía” de la personalidad del sujeto caricaturizado».
En palabras recién sacadas de su ordenador, el crítico de arte cienfueguero Jorge Luis Urra Maqueira, nos recuerda en esta hora aciaga de la despedida de Zuki que su llegada a Cienfuegos hacia la década de 1980 le permite asociarse a otros humoristas gráficos locales, a través del Grupo David del humor y su afán de homenajear al más creativo y prolífero caricaturista de Cuba, Juan David Posada; laborar para el periódico 5 de septiembre, que puso sus obras ante los ojos de miles de lectores, y luego entregarse a la creación de la revista La Picúa, un reservorio para los cultores del género en la provincia.
Igualmente, se mantuvo como colaborador de publicaciones exitosas como Melaíto, Bohemia y Palante y llegaría a recibir, entre otros, el Premio Juan Gualberto Gómez de periodismo.
«La obra de Zuki no puede calificarse por los cejos, añade Urra. Su perfil se conforma por un sentido de lo popular, domeñado por el ingenio, gracejo, la picardía criolla (que se recrea en la sensualidad femenina, en la gravidez de las escenas erotizantes), el costumbrismo (toda vez que se apropia de la visión y los rumores que portan los ciudadanos de a pie sobre el diario), los recursos visuales de la escuela gráfica de Las Villas (de líneas sinuosas o circulares, de carácter deformativo), la ironía que reconforta a los que buscan la esencia de las cosas a través de la mordacidad, etc.
A todas luces, fue admirado por la diversidad de temas a mano, como la violencia de género, el sexo en la tercera edad, las ilegalidades, la homofobia, corrupción, el bloqueo a Cuba, la urgencia de paz mundial, etc. Esta perspectiva creacional acaso le trae sinsabores en los salones de artes visuales, pues sentía que la caricatura era discriminada por la falta de temas y enunciados trascendentales, de credos vanguardistas».