50 años de la “Biografía de un cimarrón”

Momentos significativos de la UNEAC en el 2016

50 años de la “Biografía de un cimarrón”

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Escritores, Miguel Barnet, narrativa, Eduardo Heras León, novela, testimonio, sala Villena
  • Durante el panel dedicado a los 50 años de Biografía de un cimarrón, de Miguel Barnet. Foto del autor
    Durante el panel dedicado a los 50 años de Biografía de un cimarrón, de Miguel Barnet. Foto del autor
  • Durante el panel dedicado a los 50 años de Biografía de un cimarrón, de Miguel Barnet. Fotos: Héctor Navarro
    Durante el panel dedicado a los 50 años de Biografía de un cimarrón, de Miguel Barnet. Fotos: Héctor Navarro
  • Portada del libro, edición 2014.
    Portada del libro, edición 2014.

Al aniversario 50 de la publicación de Biografía de un cimarrón se dedicó el segundo día del Foro Literario que organiza todos los años la Asociación de Escritores de la UNEAC a propósito de la Feria Internacional del Libro de La Habana. En la mañana del miércoles 17 de febrero la sala Rubén Martínez Villena se llenó de escritores, amigos y admiradores del Premio Nacional de Literatura Miguel Barnet para compartir con él sobre este acontecimiento.

Al hacer la introducción del encuentro el Presidente de la Sección de Narrativa de la Asociación de Escritores, Alberto Guerra, expresó el honor de presentar y compartir en el panel con dos maestros: el también Premio Nacional de Literatura Eduardo Heras León y Enmanuel Tornés, para analizar la trascendencia de una obra en la que se cuenta la historia de un héroe un —personaje negro, como los que no abundan en nuestra literatura— que fue “ex” de muchas cosas: “ex-cimarrón, ex-mambí” y continúa siendo un desafío para la sociedad, pues muchos de los temas que trata continúan en la Cuba del siglo XXI con otros matices.

Heras comenzó el homenaje leyendo, en lo que calificó como su “pequeña contribución”, un ensayo titulado El cimarrón revisitado en el que calificó a la Biografía de un cimarrón como libro excepcional e insólito, “un modelo, un clásico, parte del canon”. Valoró que el libro está escrito con una amplia variedad de matices, un enorme poder de persuasión y un tono objetivo casi didáctico —moviéndose de primera a tercera persona— que la convierte en una narración muy entretenida.

En un análisis de las técnicas narrativas se preguntó si la voz que se lee en primera persona es en realidad la de Esteban Montejo, para reflexionar que Barnet tuvo que ordenar el relato, traducir lo narrado por el cimarrón, como una lectura en segunda estancia que tampoco es estrictamente la del autor y el resultado es de un narrador híbrido, que se mueve entre ellos dos.

“La técnica es apropiarse del discurso del testimoniante, apropiarse de la historia, pasarla por el filtro de la poética del autor y devolverla transformada en material literario”, reafirmó, para considerar que es acertada la caracterización que le da Miguel a su obra como “novela testimonio” pues cede la voz al personaje, eliminando parte de la individualidad del autor y con un poder de persuasión tan convincente —al reproducir con tal veracidad el discurso del cimarrón— que llega al lector con una eficacia abrumadora.

Valoró que ha habido pocos ejemplos en la literatura en la que el tono, el ritmo y la armonía son capaces de “caracterizar una personalidad, un pueblo, toda una cultura”. Por esa razón, Miguel Barnet con su Biografía de un cimarrón debe ser incluido, por derecho propio, en la exclusiva lista de “colosos” que lo han logrado, nombrando entre ellos a José María Arguedas —con el protagonista quechua de Los ríos profundos—, Juan Rulfo— con sus campesinos mexicanos de El llano en llamas —y Onelio Jorge Cardoso— con los campesinos y pescadores cubanos de sus narraciones—.

Para Enmanuel Tornés, quien leyó su ensayo Biografía de un cimarrón y la novela intrahistórica: 50 años después, Barnet es uno de esos renovadores cuyo texto se identifica con lo que se ha conocido con posterioridad como "novela histórica posmoderna" o "nueva novela histórica". En un inicio, el texto no se dio a conocer en su dimensión estética e histórica y se centró en la parte testimonial; sin embargo, se trata de una “revolución en la narrativa de la historia”, un nuevo proyecto estético – la“novelística intrahistórica” – en la que se mezcla el trabajo historiográfico y el de la creación literaria.

Destacó la habilidad de crear un personaje rico y particular en el que hace héroe a un antihéroe: un negro, esclavo y cimarrón – o sea, uno de los personajes más maltratados por la dominante cultura blanca y esclavista – el cual reúne en sí mismo tantos imaginarios: después fue mambí, ciudadano de la República y testigo de una nueva época.

Por lo tanto, en medio del dialogismo y la polifonía, se trata de la historia de los desposeídos del país, la contracultura de la otredad, la visión de la historia desde la perspectiva más alejada del poder, desde lo subalterno social; una narración en la que hombres, naturaleza y dioses se entremezclan, en una filosofía que se traslada al imaginario cubano. Por ello, valoró, Barnet inauguró una forma particular de enfrentar la historia, a la que calificó de “mestiza y contumaz”.

Varios de los presentes expresaron desde el público su opinión, entre ellos el escritor Francisco López Sacha quien consideró al libro como un “clásico” desde la perspectiva de que “nunca termina de decir lo que tiene que decir” y destacó que, en su opinión, la tesis principal del texto está en la resistencia del pueblo cubano ante cualquier circunstancia, que fue proyectada al futuro como una cualidad auténticamente nacional, incluso para lo que ha venido después.

Por su parte, Miguel Barnet confesó que tomó a Esteban Montejo como un pretexto para narrar la historia de Cuba desde una nueva noción de narrar la literatura: deliberadamente amplió el espectro a la historia desde el lado oscuro, escamoteado y olvidado. Sin embargo, se nutrió de mucha y extraordinaria literatura anterior y contemporánea, como Los negros brujos – de donde, a pesar de sus deficiencias y su positivismo, pudo sacar lo mejor: la amplia información que contenía – y Los negros esclavos; pero, sobre todo, destacó a Lydia Cabrera y su obra El monte en las que supo expresar las voces de los otros.

Compartió anécdotas de la larga y azarosa entrevista con Esteban, caracterizando muy positivamente la empatía entre ambos al punto de haber logrado una afinidad extraordinaria. "Fue algo tan espontáneo y salió con tanta naturalidad porque yo era muy joven, sin mucha experiencia, con una calidad sana y desprejuiciada que él supo apreciar”; pero valoró que su mérito está en “el alma del poeta, en el oído aguzado y en saber editar”.

De esa forma logró este híbrido entre narración y testimonio que ya cumple 50 años de publicado, que logra mirar “la historia por dentro” y que, como se recalcó más de una vez en el homenaje, se ha convertido en referencia obligada para todas aquellas personas que quieran conocer a profundidad la historia de Cuba.