Abel Denis y la luz todopoderosa

Abel Denis y la luz todopoderosa

Inaugurada en saludo al aniversario 59 de la fundación de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), la exposición de paisajes del artista avileño Abel Denis Cabrera, tiene todas las características para ser atractiva y de altos valores estéticos.

La galería Azagaya del Comité provincial de la UNEAC en la más central de las provincias, tuvo a bien, reunir estas 11 obras de gran tamaño y realizadas en lienzo con óleo, y con una historicidad de más treinta años de vida creativa.

Abel Denis es un maestro indiscutible de la paisajística avileña junto a figuras ya emblemáticas como René Arístides Rodríguez, Leonídes Lazo Bernal, Nelson Carballido y otros.

Ciego de Ávila no se ha caracterizado por ser una ciudad de movimientos artísticos como, por el contrario, Sancti Spíritus, Camagüey, Santiago de Cuba, la Habana, entre otras. La independencia creadora de sus artistas les autoriza a expresarse por sí solos y con toda la laboriosidad necesaria. Si han hecho grupos, ha sido solo empujado por un evento o un acontecimiento social.

Por eso no se puede hablar de una paisajística netamente avileña, en cuanto a las artes visuales, pero sí de magníficos exponentes de este arte tan legendario como necesario. A pesar de que esta ciudad, famosa por sus numerosos portales, tiene algunos eventos dedicados solo a este arte: Entorno, Salón regional de paisajes, por ejemplo, no se le podría considerar como la meca del retrato paisajístico en Cuba.

Aunque Abel Denis se podría incluir en esa escuela cubana de pintores que amaron el pincel untado en óleo, y que supieron sacarle todo provecho para producir hermosísimas obras. Porque no hay lugar a dudas de que Denis es un pintor que sabe reflejar una luz tan poderosa y noble como la nuestra, junto a un verde que podría considerarse, a nivel universal, «verde cubano».

En esta expo personal, que dormirá una siesta breve antes de que se reanuden las actividades culturales en la sede avileña de la UNEAC, el espectador encontrará lo mejor de la paisajística de Abel. Todas al óleo. Con sus pinceles y alguna espátula. Pero no todas a color. Denis es un pintor que también gusta del mono cromatismo y logra sacarle belleza al paisaje retratado.

Podrá gustarle a unos y, a otros, parecerles simples «candongas». Lo cierto es que estas obras consiguen llevarnos a sentir cierto nerviosismo ante algún destello de realidad. Y aunque al pintor no le interesa el hiperrealismo, se siente a gusto cuando llega a los límites de la interpretación.

En estas piezas hay vida. Y es un retrato en vida. Vida que imita a la vida. Mezcla de subjetividades que van desde la mente a la mano del artista, como del sueño a la poesía.

Aguas que se mueven, dulces y saladas. Elevaciones montañosas. Montes. Praderas. Mucho cielo y nubes a veces a punto de romperse en lluvia. Piedras. Árboles y palmas. Montículos de hierbas y tierra colorada. Todo conforma el retrato vívido de Abel que es un pintor con atisbos de impresionista porque lo que le importa no es el detalle en sí, sino también la marcha que se vuelve parte del suelo, corteza de árbol, rama seca.

Estos paisajes parecen respirar. Y es que la luz y la sombra, en ellos, son un personaje más que rellena de vida cada espacio vacío.