Acosta Danza en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso

Acosta Danza en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso

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  • En escena, los bailarines danzan al compás de los poemas declamados por los autores, demostrando el vínculo indisoluble entre danza y poesía.
    En escena, los bailarines danzan al compás de los poemas declamados por los autores, demostrando el vínculo indisoluble entre danza y poesía.

La novel compañía Acosta Danza, que jerarquiza el primer bailarín y coreógrafo Carlos Acosta, Premio Nacional de Danza se presenta —con gran éxito de público y de crítica— en la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso.

El programa artístico incluye las obras El cruce sobre el Niágara, con coreografía de la maestra Marianela Boán y música del maestro Olivier Messiasen, por los bailarines Mario Sergio Elías y Raúl Reinoso.

Dicha coreografía fue estrenada por Danza Contemporánea de Cuba (DCC) en 1987 e inspirada en la obra teatral homónima del dramaturgo peruano Alonso Alegría, Premio Casa de las Américas 1969.

Alrededor no hay nada, con coreografía del artista Goyo Montero, basada en poemas de los vates Joaquín Sabina y Vinicio de Moraes, por Yanelis Godoy, Laura Treto, Verónica Corveas, Yelda Leyva, Julio León, Luis Valle, Keyvin Martínez y Carlos Luis Blanco.

La versión primigenia de ese ballet fue laureada con el Premio del Concurso Internacional de Coreografía (CIC) 2006, y estrenada en el XX Festival Internacional de Ballet de La Habana por el Ballet Nacional de Cuba (BNC), que dirige la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, miembro de honor del Consejo Internacional de la Danza.

Cierra la función vespertina dominical Carmen, con coreografía de Carlos Acosta y música de los maestros George Bizet y Rodión Shchedrín, por Laura Treto (Carmen), Javier Rojas (Don José), Luis Valle (Escamillo), Alejandro Silva (Zúñiga), Carlos Luis Blanco (Destino), el artista invitado Rafael Camargo, la cantaora gitana Genara Cortés y miembros del cuerpo de baile (pueblo). Esta joya coreográfica es un estreno mundial de uno de los cinco mejores bailarines del orbe. Acosta lleva al lenguaje de la danza sus impresiones eminentemente objetivo-subjetivas acerca de la Cuba de hoy; un país caracterizado —en lo esencial— por las mezclas étnicas y los contrastes sociales. La obra transita entre lo tradicional y lo moderno, la pobreza y el desarrollo, lo clásico y lo más corrosivo, que —fundidos en cálido abrazo— configuran lo real maravilloso insular.

En El cruce sobre el Niágara los bisoños bailarines, que desempeñan los papeles principales, los identifica el dominio casi perfecto que poseen sobre el esquema corporal y el lenguaje gestual, mientras en Alrededor no hay nada, los danzarines bailan al compás de los poemas declamados por los autores, lo que demuestra —en la praxis— el vínculo indisoluble entre danza y poesía; relación que la doctora Ivette Fuentes de la Paz, investigadora titular del Instituto de Literatura y Lingüística José A. Portuondo fundamentan desde la vertiente teórico-conceptual en su libro Danza y poesía. La poética del movimiento, presentado en la capital de la península ibérica.

En Carmen, se destaca —ante todo— la excelencia artístico-profesional de la bailarina Laura Treto, quien seduce a don José y al torero Escamillo, con una increíble sensualidad en el proscenio; esta traición la lleva directamente al encuentro con Tanatos (la muerte), a manos del despechado oficial de la guardia civil española.

Por otra parte, Javier Rojas y Luis Valle juegan con la técnica académica, sin transgredirla en lo más mínimo, y paralelamente, demuestran, en escena, que han asimilado e incorporado a su original estilo de danzar los indicadores fundamentales en que se estructura el complejo arte de la interpretación teatral; recursos técnico-interpretativos que, al igual que Laura Treto, intelectualizan y espiritualizan para ofrecerles a los amantes del arte danzario lo mejor de su yo, el auténtico, el verdadero.

Un párrafo aparte, merecen los miembros del cuerpo de baile, pues se adaptan —con gran plasticidad— a las exigencias técnico-interpretativas y estilísticas de las obras llevadas a escena durante la premier de la compañía.

En síntesis, esa versión sui generis de Carmen, realizada con impecable factura estético-artística por Carlos Acosta, deviene una fusión de ballet clásico, flamenco y danza contemporánea. No me asiste la más mínima duda de que el director de Acosta Danza supo seleccionar muy bien a los bailarines que integran su agrupación.