Agnes: una historia de amor

Agnes: una historia de amor

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  • Fotograma de Agnes producida en 2016.
    Fotograma de Agnes producida en 2016.

No es tan fácil contar una historia de amor mientras padecen el invierno. La frialdad no une los cuerpos, los aleja. Cada uno por su lado, tiene el universo por defender. En ese universo, complicado y caótico, las personas de un campus indeterminado y alemán, no se miran a la cara. La mirada es la puerta, es la entrada a la vida del otro. Cuando Walter se levanta para fotocopiar las páginas de un libro, Agnes que está fotocopiando toda una lista de libros, le mira los ojos. He ahí la primera apertura, el primer rostro.

Walter está escribiendo un libro sobre industrias alemanas, mientras que Agnes estudia física o matemática, nunca nos queda claro. Agnes es la organización casi paranoica, mientras que Walter es parco, sin que ninguna experiencia sentimental llegue a ocasionar grandes estragos en su modo de vida. Walter ha visto a Agnes en el único lugar de la biblioteca dónde la imagen puede repetirse para ser modificada.

Al mismo tiempo que Walter marca (modifica) las páginas (imágenes) del libro que ha fotocopiado, solo levanta la cabeza para ver a Agnes que llega y se sienta a unas mesas de distancia. Walter la observa, se encuentra con ella en un tranvía, la invita a cenar, caminando hacia el restaurante tropiezan con alguien (una mujer) que ha fallecido en medio del frío, hablan de la muerte y no están de acuerdo en qué sucedería después de ella (la muerte); al despedirse Walter, parco se aleja hacia un taxi, Agnes lo aborda (el taxi) y terminan en casa de Walter para seguir incitando a la muerte con el lenguaje.

Walter al salir del baño (se nos deja ver que se está lavando las manos) descubre que Agnes está dormida y ovillada sobre su cama. Agnes duerme y Walter está al otro día en el sofá de su casa. Al despertar Walter descubre a Agnes sentada a sus pies, en el piso, leyendo un libro suyo, un libro de historias cortas que publicó en la juventud. Ella se lo pide y la ve alejarse entre la gente, la ve hacer ciudad. Que Walter mantenga una relación con otra mujer (Louise: Sonja Baum), fuera del conocimiento de Agnes no es importante, hasta aquí tenemos un muy buen argumento para una historia de amor. Pero cómo dije antes: “No es tan fácil contar una historia de amor mientras padecen el invierno”.

Agnes (Ondine Johne) le pide a Walter (Stephan Kampwirth), después de leer sus historias cortas de ficción, que comience a escribir una novela sobre ella y su relación con él. Y, partir de este punto, la historia misma de la película Agnes (2016) de Johannes Schmid, cobra un nuevo sentido. Todo lo que sabemos hasta ahora de los personajes, lo que nos han mostrado en la película, puede, perfectamente, haber sido una reelaboración de Walter para comenzar la novela a petición de Agnes.

Walter se encarga de escribir esta novela un poco al modo de Capote (2005),[1] mientras sucede, en el tiempo “real” de los personajes. Las puertas de la ficción conducen a la realidad. Una realidad metaficcional fundamento y leiv motiv de la película.

Entonces el escritor toma las riendas, con su escritura, la escritura de la novela que está conformándose, asume la responsabilidad de los cuerpos que muestra. En cierto momento, un viaje que realizan juntos a la naturaleza, a los márgenes del Bosque Negro, Agnes insiste en que continúe, a lo que Walter responde —magistral solución del guión—: “no ha sucedido nada, necesito que algo suceda para que la novela siga, la felicidad no le interesa a nadie”. Volviéndose una metáfora interesantísima toda la escena: el escritor como materializador de una realidad medida solo por la frustración, todo esto dicho en la naturaleza, en lo falto de humanidad.

Lentamente nos van mostrando el interior del pensamiento del escritor, o al menos, las imágenes que ve de su propia historia. La historia de individuos marginalizados porque no cumplen con las exigencias y responsabilidades cada vez que “la historia de amor” progresa.

En esta narración marginalizada, los cuerpos están en constante descubrimiento. Tanto Agnes como Walter, a pesar de vivir juntos, de unirse mediante la escritura, de quedar en el lenguaje, permanecen como dos completos extraños. Las actuaciones lo recalcan. Las escenas eróticas puntualizan eso. Cuando ambos personajes están compenetrándose en la cama, solo vemos las manos de Walter, escuchamos su respiración, sentimos que su participación en el acto mediante el recuerdo o la rememoración. Walter no está realmente, o está allí cuando escribe sobre Agnes desnuda en sus brazos. Mientras que Agnes, aparece desnuda en varias zonas de la narración, su cuerpo es tan inmóvil que sus contornos a veces se difuminan, y sin perder protagonismo en la imagen, estamos más pendientes de la mirada que Walter tiene posada sobre el cuerpo de Agnes, no sobre Agnes misma.

Así cómo prospera la narración se va separando “lo real” de “lo escrito”. Cada vez, los recuerdos de Walter y la historia que escribe se separan. Como se separa la literatura de la realidad. La novela divide sus vidas, si en la escritura Walter y Agnes terminan como una familia (con una hija) o al menos esa intención se nos muestra, en la realidad que participan: Agnes pierde a la criatura y se vuelve aún más huraña. Provocando que Walter vuelva a Louise, como una tabla de salvamento, en ausencia de Agnes.

La película finaliza en navidad. Otra amarga metáfora de la felicidad que Johannes Schmid utiliza para acentuar la diferencia. Louise invita a ambos a una fiesta para presentarle a Walter un agente literario. Walter va solo, Agnes decide quedarse en casa y comete una indiscreción: lee el borrador final de su propia historia. Al regresar Walter, Agnes no está en casa. Él, de pie frente a la máquina, solo puede imaginar que lo escrito es el final posible de Agnes, caminando hacia el frío, muriendo como ansiaba, congelándose paulatinamente, hasta que el invierno la posee.

Esta narración, que se encarga de proponernos una historia de amor, sabe que en estos tiempos de desacralización cualquier aviso de esperanza es inverosímil. Por tanto, nos procura siempre la mirada ansiosa del escritor que desea por encima de todo que la novela que escribe se produzca: el final feliz, la familia. Entonces, Walter queda solo, frente a una ventana de cristal mirando a la nada mientras la cámara se aleja. En esa soledad del escritor, nos queda la historia. Ver una película así, nos despierta porque busca dentro lo que no queremos ser, dónde no queremos estar: en la superposición de las historias posibles. Si Walter no hubiera escrito la novela Agnes: una historia de amor, no tendríamos película y quizás él, su familia.

 

[1] Dirigida por Bennett Miller y protagonizada por Philip Seymour Hoffman, narra los hechos de la novela A sangre fría (In Cold Blood) de Truman Capote.