Alberti: “Ahondaste tanto en el porvenir…”

Alberti: “Ahondaste tanto en el porvenir…”

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Casa de las Américas
  • Durante la presentación del libro. Foto: Rubén Ricardo Infante
    Durante la presentación del libro. Foto: Rubén Ricardo Infante

“Se ha repetido que la generación española de que forma parte Alberti (a la cual por lo visto se la va a seguir nombrando “del 27”, aunque Cernuda y otros la llamaran “de 1925”, y el propio Alberti, sin rechazar la fecha del 27, resolviera alejandrinamente el nudo gordiano aludiendo a “nuestra bella generación”, que es la manera como Martí forjó el nombre que nos corresponde “nuestra América”); se ha repetido, digo, que aquella es esencialmente una generación de poetas. Sin duda es verdad, pero siempre que a continuación se añada que entre esos poetas se encuentran algunos de los mejores prosistas del idioma, y de sus mejores dramaturgos”.

Así resalta el prestigioso intelectual Roberto Fernández Retamar en su intervención leída el 12 de abril de 1991, bajo el titulado “Rafael Alberti y el retorno de lo vivo lejano”, al otorgársele en aquella ocasión al poeta español el Doctorado Honoris Causa en Letras por la Universidad de La Habana, y publicada en una reciente Edición Homenaje a Alberti, con motivo del Aniversario 115 de su Natalicio (1902-2017) y al Aniversario 90 de la Generación del 27.

Intervención que no deja de ser una exquisita pieza literaria cuya elocuencia trasciende en tiempo y espacio no sólo en su remembranza a una generación hermosa de escritores hispanos, sino también por su profusa distinción a los vínculos culturales que siempre han unido a intelectuales de la Península y de este otro lado del mundo, en especial, de Cuba.

“Se ha hablado mucho entre nosotros, y era de elemental justicia que así se hiciera, de los vínculos que unieron y unen a Rafael Alberti con Nicolás Guillén. Rigurosamente coetáneos, hermanos en fervores poéticos y políticos comunes, acostumbrados ambos a ir como dice una canción popular nuestra “de lo simple a lo profundo”, semejantes en genio y en figura, quizá no sea exagerado decir que Nicolás, siendo tan inerradicablemente cubano, es el más español de los poetas de nuestro país, mientras Rafael, a quien su España y en especial su Andalucía le rezuman por todas partes, acaso sea el más cubano de los poetas españoles. Con lo cual estaríamos ante la enriquecedora paradoja de que en el fondo de todo auténtico cubano hay un español (¿no son Martí o Lezama otros ejemplos dignos de tenerse en cuenta?), y en el fondo de todo auténtico español, si no un cubano sí un hispanoamericano, lo que estoy seguro que no hubiera ni a Cervantes ni a Unamuno ni a Federico”.

En esta, ya inolvidable intervención como tantas otras de su autoría, Fernández Retamar también trae a la memoria “a quien probablemente haya sido el primer amigo de Alberti nacido en Cuba. Rafael lo ha nombrado varias veces: no sólo en La arboleda perdida, también en Imagen primera y sucesiva de Antonio Machado, donde recuerda a quien llama “aquel cubano tierno”, “inteligente y entusiasta, que por aquellos años vivía en Madrid” (…) en todo caso, aquel a quien envió los originales de su libro autoral, Marinero en tierra, en 1924, pidiéndole que lo presentara para optar por el Premio Nacional de Literatura de España. Me refiero a José María Chacón y Calvo, quien entonces desempeñaba en representación de Cuba no sé qué cargo diplomático en Madrid (…) el libro, a los veintidós años de su autor, recibió aquel Premio, concedido por un jurado que era en sí mismo un premio, pues lo integraban hombres como Ramón Menéndez Pidal, Antonio Machado, Gabriel Miré y José Moreno Villa (…) Chacón y Calvo, uno de los hombres más bondadosos y sabios en lo que toca a nuestras letras que he conocido, y nombrado a mediados de los años treinta el primer Director de Cultura que tuvo nuestra entonces maltrecha república, en el ejercicio de cuyo cargo realizó una tarea que aún nos alimenta.”

El también Presidente de la Casa de las Américas evoca la ocasión en que conoció a Alberti durante un evento internacional nombrado Tercer mundo y comunidad mundial, efectuado en enero de 1965, en Génova, Italia, y en el que participaron escritores iberoamericanos y europeos:

“Nada me fue más hermoso que conocer en persona a Rafael Alberti, quien desde mi adolescencia era uno de mis poetas admirados y ya se sabe que la adolescencia es un período de formación capital (…) Se movía con la agilidad de un tomeguín, y hablaba como uno de sus ángeles traviesos. No olvidaré una larga caminata con él (…) en un momento surgió en la conversación el nombre de Rubén Darío. Como conocía y apreciaba muchísimo la firme posición política del gran cantor de la España popular, y a la vez no podía ni quería ocultar mi devoción de siempre por el maestro nicaragüense, empecé a desarrollarle a Alberti, tímida e intensamente, la tesis de los dos Daríos, uno rico y superficial y otro, hondo y grave. Rafael ni me dejó concluir, y dándome una admirable lección se paró en seco y me dijo, haciendo relampaguear toda su alma andaluza: “!Qué dos Daríos, ni dos Daríos! No hay más que un solo Darío y es genial. Eso de “y los cisnes unánimes en el lago de azur”, es toda una revolución. Es para subirse por las paredes”. Naturalmente, Rafael pronunció “parées”.

A continuación y sin dejar de cabalgar a tropel en su envidiable memoria, el escritor cubano enfatiza en sus otros dos encuentros con Alberti, ganador en 1983 del Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes:

“Me encontré con Rafael por segunda vez en la primavera de 1967, cuando lo visité en su casa de Roma, ocasión en que me dio La puttana andaluza y otros espléndidos poemas que serían sus primeras colaboraciones en la revista Casa de las Américas, donde aparecieron ese año, y que al siguiente formarían parte de su libro Roma, peligro para caminantes (…) La tercera vez, fue en las jornadas sobre Cultura Iberoamericana realizadas en Palma de Mallorca en marzo de 1984 (…) vi a Rafael recitando, poner en pie teatros enteros con ese garbo que Dios le ha dado (…) Entre esas otras colaboraciones de Rafael en la revista Casa se contaron “Salud, Revolución cubana”, con la que inauguró una nueva sección llamada Páginas salvadas; Con Pablo Neruda en el corazón, aparecida en un número que con el título Chile vencerá, dedicamos a Chile tras el pinochetazo, y A Ernesto Guevara, texto poco conocido escrito en Roma, en el otoño de 1972:

Te conocí de niño

allá en el campo aquel de Córdoba, Argentina,

jugando entre los álamos y los maizales,

las vacas de las viejas quintas, los peones…

No te ví más, hasta que supe un día

que eras la luz ensangrentada, el norte,

esa estrella

que hay que mirar a cada instante

para saber en dónde nos hallamos.

En otra parte de aquella intervención ante un concurrido auditorio el laureado Intelectual cubano, no dejó de exaltar la hazaña que más de mil voluntarios cubanos protagonizaron en suelo español en defensa de la República Española y del hermano pueblo entre 1936 y 1939:

“(…) Fue en aquellos años españoles cuando el socialismo empezó a hablar en castellano. El Quinto Regimiento, La Pasionaria, Modesto, Líster, Carlos, Tina, Pablo de la Torriente, más de mil cubanos que cruzaron el Atlántico para derramar su sangre guerrera por la causa española, que era la causa de la humanidad, son partes irrenunciables de nuestra Historia. Seguramente, que las canciones de la Revolución cubana, o con las mismas letras, o con cambios en ellas que hubieran alegrado a tu arrumbador Federico: así, no sé cuál de las Vírgenes de tu pueblo se nos volvió nuestra Virgen de la Caridad, hecha miliciana y socialista”.

Finalmente y, al entrelazar memoria, corazón y sentimientos entre dos culturas, entre dos pueblos en la persona del Poeta español, afirmó:

“(…) aunque se te admira y estudia en el planeta entero, de Laponia a Tasmania, en ningún país (salvo en aquel en que naciste) tu voz tiene, ni puede tener, la honda resonancia que en este país que ahora visitas por tercera vez (…) tu vida de esplendor y sacrifico, tu vida creadora y ejemplar, marcada por el arrasador amor a la belleza y por tu temprana y firme filiación política, por la guerra, por la derrota, por el largo destierro en que nunca te doblegaste ni dejaste sofocar la esperanza, ¿sabes hasta qué punto han sido, son para nosotros un paradigma y un orgullo? Déjame decirte lo que Martí dijo de Quevedo: “Ahondaste tanto en el porvenir, que los que hoy vivimos con tu lengua, hablamos”.