Alberto Marrero y su mística poética de la dialéctica y la cotidianidad

Alberto Marrero y su mística poética de la dialéctica y la cotidianidad

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  • Alberto Marrero, abraza lo poético desde una actitud y aptitud que conjugan la condición humana.
    Alberto Marrero, abraza lo poético desde una actitud y aptitud que conjugan la condición humana.

Sin lugar a dudas es un Poeta de este tiempo, en especial cuando confiesa que: “Me encanta escribir sobre lo que no se ve tan fácilmente en los actos diarios de la vida con una simpleza engañosa”. Sagaz, sincero y profundo comunicador del verso, Alberto Marrero  jamás se precipita en el torbellino de una escritura facilista, gradilocuente y artificial. Todo lo contrario. Abraza lo poético desde una actitud y aptitud donde arte y condición humana se conjugan. Asimismo, “escarbar” como bien destaca en el pasado y “auscultar el presente, lo cotidiano”, no están tan solo presentes en sus poemarios —como ocurre con Las Tentativas, su más reciente título Premio de Poesía Nicolás Guillén 2015—, sino también en sus narraciones capaces de apropiarse y ser representativas de un gran flujo de imágenes e historias.

¿Qué lo convocó a ser escritor-poeta?

“No podría explicarle con exactitud por qué me convertí primero en poeta, y más tarde en narrador. Cualquier respuesta que le dé siempre será ambigua. Pero supongamos que fue el deseo de expresarme, de plasmar en un papel las imágenes que ya bullían en mi cabeza: esto es un lugar común, un tópico en la biografía real o fingida de muchos… Tal vez fue por la lectura. Los escritores solemos ser ávidos lectores desde temprana edad, si bien yo no fui de los que preferían leer y dejar a un lado diversiones y juegos, sobre todo de beisbol. Mi entusiasmo por los libros nunca llegó a esos excesos. Pensaba, y todavía lo pienso, que cada actividad humana tiene su momento adecuado, sus horas más propicias.

“Cuando leí por primera vez las rimas de Gustavo Adolfo Bécquer, comencé a escribir cuartetas en una libreta escolar. Eran textos muy simples, casi pueriles, que hablaban de muchachas hermosas y de amores no correspondidos. Solo puedo afirmar que entonces sentía una agradable complacencia cuando algún que otro amigo de la época me elogiaba un verso y luego me lo pedía para una postal que le dedicaría a su novia. En ese tiempo los jóvenes nos intercambiábamos versos a través de postales, ahora lo hacen a través de un sms. Sí recuerdo a una profesora de literatura que me estimuló a leer a otros poetas y novelistas. 

“Así, con el transcurrir del tiempo me di cuenta que escribir, además de pasión y talento, en primer orden, era también un verdadero reto a todas mis capacidades pues exigía oficio, conocimientos y disciplina”.

¿Por qué la evocación de lo heredado y cotidiano en su poesía? ¿A qué responde?

La evocación de lo heredado y la mirada hacia lo cotidiano son recursos de que me valgo para despertar el flujo de imágenes e historias que me llevan al poema o a la prosa. Parto de aquella idea que a Borges le obsesionaba y que aprendió de los filósofos griegos, cuando afirmaba que “Un hombre es todos los hombres”. Cuando escarbo en mi pasado sé que hay mucho de todos los hombres en él, descubro detalles, instantes, palabras, gestos, rostros, actos de buena fe y actos de mala fe, mezquindades, generosidades, estupideces, pequeñas heroicidades, afinidades inexplicables, amores truncos, decisiones lúcidas y otras tardías… En fin, un material aparentemente insignificante, pero que en manos de un escritor puede convertirse en una fuente nutricia.

Por otro lado, no dejo de mirar lo que sucede en el presente, de auscultar la cotidianidad, sus lados oscuros, sensibles o misteriosos; su extraña metafísica o dialéctica, o eso que invocaba Bob Marley en su genial canción: “Hay una mística natural soplando en el viento / si te detienes a escuchar cuidadosamente la oirás…”.Tengo un poemario inédito que se titula, no por azar, Mística Natural. Me encanta escribir sobre lo que no se ve tan fácilmente en los actos diarios de la vida con una simpleza engañosa. No complico el discurso poético para expresar asuntos complicados. No practico acrobacias verbales para agradar a poetas y dejar en las tinieblas al lector. Mi estrategia es comunicar, pero sin concesiones al facilismo ni tampoco al hermetismo gratuito.

Según la crítica, en usted “se potencia un proyecto confesional con una apuntada armonía, que nos convida a la aparente paradoja de vivir la angustia desde la poesía, también como cómplice, y agradecerlo”. ¿Comparte este razonamiento?

Cuando un poeta susurra al oído del lector ciertas visiones en tono confesional, lo que busca es su complicidad, sin la cual la poesía falla, se derrumba, es polvo en el viento. Pero “no le digas lo que él ya sabe de la vida” ni “asumas que eres el único que sufre en este mundo”, como apuntaba el poeta serbio-estadunidense Charles Simic. Creo en la franqueza de la expresión poética y desdeño el artificio, la grandilocuencia, el disfraz.

En cuanto a la paradoja de vivir la angustia desde la poesía, le voy a responder con otra frase de este mismo autor: “Es la calidad paradójica de la poesía la que precisamente le da su sabor. La paradoja es su condimento secreto (…) La buena poesía nunca se ha desviado de su propósito de ser una fuente inagotable de paradojas acerca del arte y la condición humana”. ¿Qué más podría decirle?

Sus autores (poetas) preferidos, y hacia cuáles contemporáneos inclinaría mejor su balanza de gusto personal y apreciación profesional.

Tengo autores preferidos de todas las épocas. De cada cual he tomado prestado un poco. Como muchos, soy una mezcla de influencias, un batido de registros y tonos, lo mismo autóctonos que foráneos. Sin negar las tradiciones literarias de mi lengua, me afilio a la literatura universal. Uno es el resultado de su talento, pero también de lo malo o bueno que ha leído. Por supuesto, me falta mucho por leer y, de seguro, en el momento en que me toque morir, tendré espantosas deudas que ya no podré honrar.

Entre mis contemporáneos del patio, hay varios escritores (poetas, narradores y ensayistas básicamente) con los que comparto una mutua admiración. Hay jóvenes que me deslumbran por su capacidad de innovación y la audacia de su literatura, otros no tanto. Hay menos jóvenes por los cuales siento una sana devoción. En general, no soy un tipo beligerante ni sectario desde el punto de vista estético, porque como decía el gran poeta nicaragüense Rubén Darío: “El verdadero poeta comprende todas las maneras y halla la belleza bajo todas las formas”. Por supuesto, hay bodrios que no me trago, bufonadas que no acompaño, posturas oportunistas casi siempre con intenciones extra literarias. Eso es harina de otro costal.

Sus temas más recurrentes y actuales por escribir… ¿Cuáles desdeña?

No desdeño ningún tema que, como se sabe, en literatura no son muchos. Hace siglos el hombre viene escribiendo sobre los mismos temas de manera recurrente como el sentido de la existencia, el amor, la muerte, entre otros. Lo novedoso radica en el enfoque particular que cada escritor le da a dichos temas en la época que le corresponde vivir, si bien hay esencias inmutables, digamos mejor eternas, que los trágicos griegos vislumbraron en aquello que posteriormente André Malraux denominaría como “la condición humana”.  

Estoy empeñado en una novela que resuma algunos de los momentos más duros, contradictorios y hermosos (¿por qué no?), que le tocó vivir a mi generación. Es un proyecto ya escrito, pero que todavía requiere de múltiples retoques y quizás de una reescritura total.

Poesía cubana contemporánea…

La poesía cubana es de una riqueza paradigmática. Cuba tiene uno de los destacamentos poéticos más grandes y diversos del mundo. Varias generaciones están escribiendo a la misma vez. No son muchos los pueblos que pueden darse el lujo de exhibir un espectro tan amplio de voces poéticas. La historia espiritual del país se puede seguir a través de sus poetas. Esto lo afirman estudiosos más autorizados que yo, dentro y fuera del país. 

“Todos los poetas (de cualquier época pasada, presente y futura), no dejan de preguntarse qué es la poesía, de dónde nace, para qué se escribe, para qué sirve, cuál es su destino. No hay pueblo, nación, etnia inclusive, sin poesía. “La poesía es anterior al invento de Gutenberg”, decía un poeta alemán. Ya sea oral o escrita, en épocas de hambrunas o desastres naturales, en medio de guerras fratricidas o justas, en medio de la  aparente paz o la rutina del día a día, la poesía siempre ha acompañado al hombre desde su conversión en Homo Sapiens y lo seguirá haciendo hasta su desaparición o salvación como especie.

Difícilmente el poema no refleje la época en que se escribe de una manera u otra, pero no se escribe para demostrar algo. Los que escriben poesía para demostrar tesis naufragan. Hay que dejarle al lector su parte.

Como jurado de numerosos concursos nacionales, he leído decenas de libros de poetas jóvenes y menos jóvenes, y todos, sin excepción, manifiestan un elevado grado de preocupación y angustia de índole social y existencial, relacionados con las duras circunstancias por las que atraviesa el país, en particular a partir de los 90. Algunos lo manifiestan explícitamente con un discurso áspero, destemplado, crítico; otros metaforizan la realidad, son más sutiles, experimentales. Ambas tendencias son válidas y a veces se complementan. Lo importante es no perder el sentido de lo poético.

Hace poco le oí decir a un escritor: “La buena poesía siempre es revolucionaria”. Pienso lo mismo.

¿Ha experimentado en otros géneros literarios? Proyectos inmediatos.

He escrito (o mejor, compilado) cuatro libros de cuentos, de ellos tres publicados en diferentes momentos y uno que permanece inédito, si bien la mayoría de sus textos han aparecido en revistas literarias y antologías. El proyecto inmediato es una novela que, le reitero, está concebida su escritura sobre los momentos más duros, contradictorios y hermosos que le tocó vivir a mi generación.

Entre los premios y distinciones recibidas, ¿a cuál (es) le(s) otorga mayor valor personal?

Todos los premios me han ayudado de una manera u otra, incluso, los que no he merecido tras la deliberación de un jurado. La literatura no es como el deporte, donde se pierde y se gana. En ella siempre se gana. Es mi criterio.