Amaranto: estreno mundial de la Compañía Irene Rodríguez

Amaranto: estreno mundial de la Compañía Irene Rodríguez

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  • El espectáculo, estructurado en dos actos. Foto: cortesía de la Compañía Irene Rodríguez
    El espectáculo, estructurado en dos actos. Foto: cortesía de la Compañía Irene Rodríguez

La Compañía Irene Rodríguez, que dirige la primera bailarina-actriz y maître cubana, Premio Iberoamericano de Coreografía Alicia Alonso 2012, llevó a las tablas de la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso el estreno mundial del espectáculo Amaranto, para festejar con música y baile español, el quinto aniversario de la fundación de la novel agrupación danzaria que, en ese breve lapso, ha alcanzado éxitos indiscutibles, tanto en el archipiélago cubano, como fuera de nuestras fronteras geográficas.

Amaranto es una planta que, según los botánicos, jamás se marchita (¿acaso tiene algún punto de tangencia con la emblemática compañía que jerarquiza Irene Rodríguez?). Por otra parte, devino un espectáculo de lujo diseñado especialmente para celebrar la efeméride, y que incluye cinco estrenos, caracterizados —básicamente— por una visión muy contemporánea del flamenco, así como por el elevadísimo nivel técnico-interpretativo que distingue a ese colectivo artístico en los escenarios locales y foráneos.

El espectáculo, estructurado en dos actos, lo configuran las obras El Mito, con coreografía de I. Rodríguez y música del maestro Noel Gutiérrez; Aporía, con coreografía de Karla Paz con música del maestro Juan Parrilla y arreglos de N. Gutiérrez; Falsa bulería, con música de N. Gutiérrez; Fever, con coreografía de I. Rodríguez y arreglos musicales de N. Gutiérrez sobre la original de los maestros Eddie Coodley y Ottis Blackwell; Encontra2, con coreografía de Hansel Correa y Víctor Basilio Pérez y música del maestro Reynier Llorente; Tifoeo, con coreografía de I. Rodríguez y música del maestro Carlos Piñana y arreglos de N. Gutiérrez; y Amaranto, con coreografía de I. Rodríguez y música de N. Gutiérrez y J. Parrilla.

El programa artístico abarcó, además, la reposición de El último gaitero de La Habana, con coreografía de I. Rodríguez y música de N. Gutiérrez y el acompañamiento del gaitero Ricardo Primiano. Esa obra constituye un homenaje a don Eduardo Lorenzo, quien no solo echó raíces en nuestra geografía insular, sino que se entregó en cuerpo, mente y alma a la noble tarea de enseñar la interpretación y la fabricación de dicho instrumento musical a las nuevas generaciones, en aras de perpetuar en la mayor isla de las Antillas ese ícono de la cultura hispana.

Esas funciones estuvieron ambientadas con la esencia que la Perfumería 1791, propiedad de la Oficina del Historiador de La Habana, dedicara a Irene Rodríguez, para celebrar el primer lustro de feliz existencia de la agrupación. A partir de ahora, ese exquisito aroma acompañará todas y cada una de sus presentaciones en el país y en el exterior.

Ante todo, habría que destacar el hecho de que la directora general de esa agrupación músico-danzaria impartió una clase magistral de taconeo, que conmovió los cimientos de la sala García Lorca, y al mismo tiempo, hizo vibrar las cuerdas más sensibles de un público que idolatra las danzas ibéricas, y en particular, el flamenco.

Ella no solo domina con elegancia y precisión la técnica académica y la interpretación teatral (dos caras de la misma moneda), sino también el clima emocional del auditorio, al que seduce y cautiva con el divino arte que Dios le concedió y la academia perfeccionó al máximo.

La excelencia profesional que caracteriza en el proscenio a Irene Rodríguez constituye —sin duda— un axioma (verdad que no necesita ser demostrada), pero el amor, la pasión, el gracejo criollo mezclado con la sangre española que le corre por las venas y el alma, así como el donaire que la identifican en cualquier escenario nacional o foráneo, aguijonean el intelecto y el espíritu de este cronista. En consecuencia, lo obligan a describir la integralidad artística que signa a Irene Rodríguez, quien está tocada por el ángel lezamiano de la jiribilla, y cuya inteligencia global y emocional les ha otorgado al baile español, y concretamente, al baile jondo, nuevas y creativas tendencias, sobre todo desde la vertiente técnico-expresiva. Ese es su más original aporte al desarrollo de las danzas peninsulares en la Perla del Caribe.

Los jóvenes bailarines que integran ese conjunto danzario se consagran al baile español con todas las fuerzas de su ser, y se adaptan —con distinción, técnica y estilo, dignos del más cálido elogio— a las magistrales interpretaciones que Irene Rodríguez intelectualiza y espiritualiza, en cualquier coliseo de aquí o de allá, como solo una bailaora de su estatura excepcional sabe y puede hacerlo Esos bisoños danzantes son fiel reflejo del paradigma ético y estético-artístico que representa para ellos una maestra única e irrepetible, que en el tablao hace realidad el aforismo martiano: “el baile español es fuego del alma”.

Desde el Sitio Web de la UNEAC, felicitamos por su quinto cumpleaños a la Compañía Irene Rodríguez, la cual contará en breve con una sede propia para ampliar —aún más— los anchos y lejanos horizontes culturales de la directora general y de los miembros de la agrupación, y consecuentemente, continuar creciendo desde los puntos de vista artístico-profesional, humano y espiritual.