Andrés Eloy Blanco oyendo La Habana

Andrés Eloy Blanco oyendo La Habana

  • Imagen del poeta. Foto tomada de Telesur
    Imagen del poeta. Foto tomada de Telesur

Este poeta y amigo de Cuba (1896-1955), también fue entrañable amigo de Nicolás Guillén. Después de Caracas, su otra ciudad fue siempre La Habana donde, el gran poeta venezolano se sentía como en su casa en demoradas estancias y escribió hondos y sentidos versos porque:

¡Ay, no saben lo bueno que es vivir en La Habana / o en Caracas, haciendo lo que nos dé la de gana!    

Incluso, ideó una receta alquimista para “tener” otra capital cubana para cuando estuviera lejos de ella:

Coja usted un pedazo de Venezuela, un poco de / nuestra dulce tierra con tres matas de coco, / unas piñas de Oriente, unas cañas de Aragua, / un par de caraqueños… y échelo todo al agua / y tendrá usted entonces a Cubita la Bella.

Cordial, amistoso como todo caraqueño, aquí (1940, 1943, 1946) compartió también con Ángel Augier, Fernando G. Campoamor, entre otros cubanos.

Otra huella imborrable del autor de Poda en La Habana es su Palabreo a la muerte de José Martí, hermosa glosa del poema XXV de Versos sencillos del Héroe Nacional de Cuba:

Es preferible a pensar / quedarse sin pensamiento, / si el pensar es condimento / de un modo de agonizar; / la alegría un altar / y en sus oficios integró / el pajarillo ojinegro / con tu palabra de alpiste; / yo no quiero pensar triste, /           yo pienso cuando me alegro.

Aunque la huella cubana más visible y perdurable de Andrés Eloy Blanco es Píntame angelitos negros, base literaria del célebre bolero homónimo:

Pintor sin santos de alcoba, / pintor sin tierra en el pecho, / que cuando pintas tus santos / no te acuerdas de tu pueblo, / que cuando pintas tus vírgenes /     pintas angelitos bellos, / pero nunca te acordaste / de pintar un ángel negro.

Conocedor de cada rincón habanero, el poeta caraqueño prefirió siempre hospedajes céntricos, cercanos al Prado o al Malecón con su Hotel San Luis a tres pasos del gran paseo marítimo capitalino, omnipresente tema de muchas de sus composiciones literarias.