Apropiaciones martianas en la UNEAC holguinera

Apropiaciones martianas en la UNEAC holguinera

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: Plásticos, Holguín, José Martí
  • Pieza fotográfica del artista Wellis Peña presente en la exposición en la UNEAC holguinera. Foto del autor
    Pieza fotográfica del artista Wellis Peña presente en la exposición en la UNEAC holguinera. Foto del autor

Disímiles maneras de apropiarse de la figura y el pensamiento de José Martí (1853–1895) articulan el homenaje que artistas holguineros rinden al Apóstol en la Sala principal de la UNEAC en Holguín.

Con curaduría de Juan Carlos Anzardo, la muestra es variada en cuanto a estilos y técnicas. Con el retrato como género convocado, varias de las interpretaciones de Martí deslindan estos terrenos en busca de cercanías de otro tipo, más acorde con temáticas afines a la obra y el pensamiento del escritor y político cubano, así como rasgos de su personalidad. Otros en cambio, la mayoría de los artífices, acuden a los socorridos y no por ello menos utilizables, rasgos de la fisonomía del Apóstol: la frente, las entradas, el bigote, la nariz…

A propósito de la curaduría de la exposición afirma Anzardo, uno de los más reconocidos creadores de la provincia: “Este año el escritor Manuel García Verdecia, vicepresidente de la UNEAC en Holguín, y yo llegamos al acuerdo que no queríamos la tradicional exposición de Martí, cuando las galerías se llenan de su rostro, eso limita mucho las posibilidades interpretativas ¿Por qué razón un retrato tiene que ser un rostro? Un retrato puede ser una mano, un pie… A Martí desgraciadamente lo reducen a su cara… La convocatoria hacía hincapié en piezas que reflejaran la obra de Martí, y no solo el rostro: Martí es el amor, la música, la pintura, la filosofía, el ensayo, el educador, el político…”

“Martí es una obra y eso era lo que queríamos se reflejara en la exposición. Es muy fácil hacer un rostro, lo demás requiere un dominio cultural de la historia, que es lo que le permite enfrentar su obra”, añade el artista holguinero, cuyo trabajo ha ilustrado libros como Aspersores, Premio Nicolás Guillén del poeta holguinero Luis Yuseff; Poderosos pianos amarillos. Poemas cubanos a Gastón Baquero, publicado por Ediciones La Luz, y el reciente El huracán y la palma. Antología de poemas cubanos, de Delfín Prats.

La mayor parte de las obras muestran al Martí escritor y pensador –la pluma en mano, la serenidad en el rostro– rodeado de símbolos de cubanía –la bandera cubana sobre todo– y la propia naturaleza selvática y virgen de la isla: el retrato del Martí sereno, pero con una rosa blanca en el ojal del saco, de Fernando Pérez Leyva; el Martí escritor desde la mirada y el trabajo en el grabado de Oscar García González; la sobria fotografía en blanco y negro de un busto del Apóstol, con la mirada baja como si estuviera meditando sobre el resultado de su empresa, de Wellis Peña: esos bustos que se reprodujeron en serie y pueblan casi todos los rincones de la geografía nacional; el arte naif de Salvador Pavón, donde la bandera cubana y la estadounidense, más la figura de Martí y Fidel y la rosa blanca que comparten ambas manos, mientras ambos pueblos festejan debajo, hablan del reciente restablecimiento de las relaciones entre los dos países…

En el conjunto dos obras se apropian efectivamente del pensamiento martiano más allá de su figura, la primera de ellas, un abstracto de Nalia Martínez Grau donde la artista inserta un pensamiento martiano –suplemento verbal– como parte del discurso: “Mi sangre, aunque plebeya, también tiñe de rojo”. La otra pieza, del propio curador, Juan Carlos Anzardo, en técnica mixta, muestra una escuadra, elemento fundamental en el pensamiento de los masones y además, leemos el anagrama Vitriol, que encierra, cuenta Anzardo, la plataforma programática de los masones. “Yo quise reflejar al hombre masón, y dentro de esto a Martí como masón. La obra de arte tiene dos componentes fundamentales: el formal y el conceptual. Si predomina uno sobre el otro la obra no está completa, sino desequilibrada y tiene que existir un equilibrio, cuando existe la obra es buena”, comenta Anzardo.

Aunque no es un muestrario del arte holguinero en su diversidad ni de sus principales exponentes –incluso no están presentes los más reconocidos artistas de la provincia– esta selección de piezas expuestas en la UNEAC holguinera sirve como homenaje, sencillo y fiel, en cuanto a hondura e impronta, al más universal de los cubanos, aunque hubiera podido mejorarse la debida identificación de las obras con su título y respectivo autor, para la comprensión del público cubano y extranjero que se acerca cada día a la céntrica casona que acoge la institución en Holguín. “Debemos salvar la tradición de esa exposición, pero al mismo tiempo cambiar el concepto”, añade finalmente Anzardo.