Argumentos para pensar y actuar (I,II,III)

Momentos significativos de la UNEAC en el 2015

Argumentos para pensar y actuar (I,II,III)

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Audiovisuales, televisión, Caracol 2015, Instituto de Estudios Culturales Juan Marinello, Instituto Cubano de Radio y Televisión
  • Durante una de las sesiones de trabajo.
    Durante una de las sesiones de trabajo.

Argumentos para pensar y actuar (II Parte)

Argumentos para pensar y actuar (I Parte)


En esta oportunidad, el coloquio del Caracol se enmarcó en la conmemoración del aniversario 65 de la TV Cubana. De ahí que dos momentos de su agenda se consagraran a ese acontecimiento.

Mayra Cué Sierra, asesora, guionista e investigadora del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), la crítica y periodista Paquita Armas Fonseca, y la investigadora Cecilia Linares Fleites, del Instituto de Estudios Culturales Juan  Marinello, pasaron revista a la historia y la actualidad del medio en Cuba, en un panel coordinado por la crítica Soledad Cruz. Luego Pedro Emilio Amorós, Hamlet López y Yisel Rivero, también del Instituto Juan Marinello, particularizaron sobre el efecto de las nuevas tecnologías en la televisión.

Pionera en Latinoamérica, una primera etapa de la televisión en la isla estuvo signada por el carácter comercial de sus emisiones, con evidentes logros técnicos para la época, pero sin lugar a dudas, a partir del triunfo revolucionario de enero de 1959 hubo un cambio radical en la concepción y en la estructura del medio: la televisión pasó a ser un servicio público bajo las premisas de informar, educar y entretener.

La historia de la TV, opinó Mayra Cué, requiere ser objeto de investigaciones rigurosas, cuyos resultados se utilicen y promuevan. No son abundantes  los textos sobre esa historia, pero los de más reciente factura tampoco se publican. Ante todo se requiere una mayor integralidad y profundidad en dichos estudios, al tiempo que debe prestarse atención a la preservación de los fondos documentales indispensables para conocer los procesos artísticos y tecnológicos que por más de seis décadas han sustentado la existencia del medio. Porque, afirmó “tan importante como hacer televisión es preservar nuestras obras, pensar en nuestras prácticas y legar nuestra historia a las nuevas generaciones.

“No podemos olvidar, añadió, que la televisión ha devenido, como lo indican estudios de audiencia, la práctica más importante en la vida cultural de los cubanos, de modo que nuestras creaciones constituyen una parte de la memoria colectiva de la nación. El estudio de estas realidades nos llevaría, en estos tiempos de renovación, a evitar errores”.

A continuación, la crítica Paquita de Armas afirmó que la TV cubana, por sus características, es única en el mundo,  por lo que puede y debe ser mucho más eficaz. La competencia en audiovisuales es una realidad actual: “se apaga la señal cubana y se sintoniza con otra, no son pocas las antenas, o se utiliza el paquete, por lo que la emulación está planteada; no hay una televisión, hay muchas”.

Pero para reforzar el papel de la TV cubana, en opinión de Paquita, cada proyecto audiovisual que se emprenda, debe estar avalado por un análisis colectivo en el que intervengan investigadores de los públicos.

Sobre la programación cinematográfica en la pantalla doméstica sugirió: “Se transmiten filmes actuales, algunos muy buenos. Sin que se convierta en una morcilla de comentarios, se debe realizar una promoción, directamente proporcional a los valores estéticos de la obra, y sopesar la hora y frecuencia de proyección”.

Asimismo sugirió “un espacio de crítica audiovisual, al que concurran especialistas de diversas disciplinas y propongan una jerarquización de lo que llega al televidente.

“Creo firmemente en que se puede influir en el gusto y en que una pieza dramática puede ser más efectiva que mil discursos”, apuntó. Al respecto lamentó la escasa producción de series y teledramas de producción nacional.

La intervención de la investigadora Cecilia Linares se concentró en describir los escenarios que problematizan la recepción de la programación televisiva: uno, la diversidad de fuentes de acceso al consumo audiovisual; la existencia de un mercado informal de circulación de materiales; y los vacíos y carencias en la formación de los públicos.

Estos son temas, aseveró, sobre los cuales tendremos que pensar, definir políticas y elaborar propuestas que se traduzcan en programas y espacios que impacten artística y estéticamente a la teleaudiencia nacional, sin olvidar que la digitalización deviene una tecnología de punta, que no se puede relegar a un segundo plano, por lo que se eleve la capacidad crítica del telespectador.

En cuanto a la influencia de las nuevas tecnologías en el espectro televisual, Pedro Emilio Amorós, Hamlet López y Yisel Rivero expusieron las líneas de trabajo que en el Instituto Juan Marinello se han implementado para conocer los patrones de consumo cultural y conseguir una aproximación a los factores que inciden en la relación del público con el medio televisual. 

Coincidieron en destacar las nuevas posibilidades que se abren con el paso a la señal analógica a la digital y en valorar la trascendencia social que el uso inteligente de las tecnologías de punta tendría para la consolidación de la misión de la televisión en una sociedad como la nuestra.

Estas exposiciones suscitaron un debate provechoso por parte de creadores, críticos y directivos presentes en la sala Martínez Villena, de la UNEAC, sede del Caracol. Hubo consenso en la necesidad de erradicar el desbalance en la programación musical, la falta de intencionalidad en algunos de estos espacios, las intermitencias en la producción nacional de dramatizados y la improvisación y falta de profesionalidad de determinados comunicadores.

Es menester, según expresaron varios participantes, una mayor coherencia en la programación que ofrecen los canales, un aprovechamiento óptimo de los recursos humanos y una imprescindible vinculación entre las investigaciones sociales y los resultados en pantalla.

Presente en la discusión, Miguel Barnet, presidente de la UNEAC, felicitó a los ponentes por el rigor de sus análisis y el sentido de responsabilidad con que abordaron asuntos tan complejos; y llamó la atención sobre un público que exige un tratamiento diferenciado: los jóvenes.

“Sin apelar a las estadísticas, basándome en observaciones cotidianas —señaló Barnet— tengo la percepción de que no pocos jóvenes no ven televisión o lo hacen en muy contadas ocasiones. Habrá no solo que investigar esto, sino implementar propuestas que, sin concesiones de ningún tipo ni decisiones festinadas, les sean atractivas y respondan a sus motivaciones”.  

En esta sesión intervino también Alfonso Noya, director general de la TV Cubana, quien consideró útiles y necesarias las críticas, opiniones y sugerencias aportadas, las cuales serán evaluadas por la institución y tomadas en cuenta. “A nuestra televisión —enfatizó— le hacen falta espacios como al que nos ha convocado la UNEAC, puesto que de esta suma de inteligencias salen ideas que deben llevarse a la práctica.”