Armando Fernández Soler: nonagésimo quinto aniversario de su natalicio

Armando Fernández Soler: nonagésimo quinto aniversario de su natalicio

El primerísimo actor y director Armando Fernández Soler (1925-2006), «Cholito» (su nombre artístico), era —es— una figura emblemática de las artes escénicas insulares. Mito del teatro, el cine y la televisión, se desempeñó además como cantante lírico y profesor de arte dramático.

Desde los 11 años de edad actuó, gracias a la oportunidad que le ofreciera el maestro Sinesio Fraga, quien dirigía una banda de música que alternaba historias o situaciones escritas por él y escenificadas por un dueto dramático con la interpretación del repertorio musical.

A los 15, alternaba su trabajo en el taller de prótesis dental de la familia con la actuación en pequeños papeles en la Compañía de teatro del hispano Nicolás Rodríguez durante sus representaciones en la mayor isla de las Antillas.

El señor Rodríguez también despertó la curiosidad de aquel adolescente por conocer los misterios de las Artes Escénicas en la Academia de Comedia; estudios académicos que completó después en el Teatro Universitario y en la Academia de Artes Dramáticas, donde años más tarde, junto al actor Mario Martínez Casado, impartió clases en diversas especialidades en dicho centro de enseñanza artística.

Esa compañía teatral hizo tres temporadas: en los años 40, 41 y 44 de la anterior centuria. Entró a ella como figurante y extra, y en el mejor de los casos, encarnó algún que otro personaje insignificante.

Nicolás Rodríguez tuvo fe en él, y le dio la oportunidad de convertir en realidad su mayor sueño: dedicarse en cuerpo, mente y alma a la actuación. Fue ese director el que lo llevó a la categoría de primerísimo actor de su agrupación. Al teatro, según «Cholito», le debe todo cuanto aprendió como actor, profesor y director, sobre todo a partir del triunfo de la Revolución Cubana en 1959, que abrió nuevos horizontes en todas las manifestaciones artísticas.

Fue el maestro Antonio Palacios quien lo inició en el teatro lírico. Él le enseñó a estudiar música, así como a aprenderse las zarzuelas y las operetas. Las enseñanzas de Palacios fueron tan valiosas que llegó a dirigir el Teatro Lírico. Fundó y dirigió durante un buen tiempo un espacio en la pequeña pantalla que se llamó Palco Uno. Los telespectadores podían disfrutar de óperas, comedias musicales, zarzuelas y operetas.

Fundó en Matanzas, la primera Compañía de Teatro Lírico, el antecedente de la creada después en La Habana por el maestro Rodrigo Prats; agrupación a la que se integró con posterioridad. Discurrió el tiempo y fundó una institución similar en Holguín.

En 1954-55, en el Teatro Hubert de Black dirigió la obra Cuento de navidad, protagonizado por el primerísimo actor y maestro Vicente Revuelta, por la cual recibió el premio ACRI, de la Asociación de Periodistas, y en 1959, integró —junto a otras figuras relevantes de las tablas cubanas la Comisión de Exámenes de la Asociación de Artistas Cubanos, en el rubro «interpretación dramática», dada su fecunda trayectoria artístico-profesional en el medio.

En 1955, fue laureado como actor genérico. Después de 1960 se mantuvo por largo tiempo en la actuación y la dirección teatral hasta que nuevos proyectos lo obligaron a cambiar el rumbo.

Su última aparición en las tablas cubanas fue en Romance a Federico, una puesta en escena del maestro Nelson Dorr, basada en textos de García Lorca, Dorr, Jesús Barreiro y Eduardo Sánchez Torel. Esa obra fue repuesta en la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana (hoy Alicia Alonso).

La pantalla chica lo tuvo entre sus fundadores desde 1950, en el Canal 4. En el Canal 6, durante 1951, en el espacio Hogar moderno, que escribía el narrador Francisco Vergara. En ese espacio, surgió el personaje de «Cholito», cuyo nombre rebautizó a Soler. Se integró de igual forma a la actuación en diversos canales y géneros por décadas. Dirigió espacios televisivos, entre ellos el histórico Escriba y Lea, aún presente en la programación semanal del Canal Educativo.

En la televisión cubana, fue visto por última vez en la teleserie Lo que me queda por vivir, junto a la primerísima actriz Elsa Camp, con guión de la escritora Maité Vera.

A la radio, llegó haciendo banco, como se le decía al acto de esperar el fallo de actores titulares durante la transmisión de la programación en vivo, ante cualquier eventualidad. De esa manera, desempeñó el primer papel dramático en El alma de las cosas, del escritor Juan Herbello, dirigido por la realizadora Sol Pinelli. Desde entonces, fue del drama a la comedia, y de la actuación a la dirección, en las más importantes emisoras capitalinas.

Trabajó en la Emisora CMZ, del Ministerio de Educación. Después transitó por otras emisoras de mayor popularidad: La Mil Diez, Radio Cadena Azul, CMQ y así hasta llegar a Radio Progreso, donde siguió laborando hasta su lamentable deceso en el humorístico-musical Alegrías de Sobremesa.

Antes del triunfo de la Revolución, participó en dos largometrajes con directores y actores mexicanos.

Al crease el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) trabajó en los filmes Mella, Paticandela, El Recurso del Método, El siglo de las luces, Los sobrevivientes, Nada, y La luna en Montevideo.

Le prestó piel y alma a personajes mafiosos, gansteriles; es decir, desempeñó el papel de malo, el cual también interpretó en el programa televisivo El Puro.

¡Gloria eterna al alma de Armando Fernández Soler, «Cholito», quien ocupa un lugar especialísimo en la memoria poética de cuantos lo vimos actuar en los disímiles medios tropicales de comunicación!