Bailando en Cuba: defensa del baile de pareja

Bailando en Cuba: defensa del baile de pareja

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Escénicos, música popular bailable
  • Momento en que las parejas finalistas reciben el reconocimiento de RTV Comercial. Fotos: Manuel Rodríguez Yong
    Momento en que las parejas finalistas reciben el reconocimiento de RTV Comercial. Fotos: Manuel Rodríguez Yong
  • Los maestros Santiago Alfonso, Susana Pous y Litz Alfonso también tiraron su pasillo en el escenario del teatro Astral. Fotos: Manuel Rodríguez Yong
    Los maestros Santiago Alfonso, Susana Pous y Litz Alfonso también tiraron su pasillo en el escenario del teatro Astral. Fotos: Manuel Rodríguez Yong

En la noche de ayer concluyó la primera temporada de Bailando en Cuba, una propuesta que acaparó la atención del público cubano por el acertado trabajo en función de promover los ritmos musicales y la tradición del baile de pareja.

Después del éxito que significó Sonando en Cuba para el público cubano, RTV Comercial anunció la realización de otro concurso que generó inmediata expectativa. La idea de Bailando en Cuba, un programa que durante ocho semanas llegó los domingos a las 8:30 de la noche por Cubavisión como homenaje a la cultura cubana, múltiple y diversa en sus bailes y en la manera de ejecutarlos.  

De esta forma se concibió un espacio que contó con la virtud de que participaron como jueces, tres profesionales que, con su talento y prestigio ganado a partir del rigor en sus carreras, le aportaron a la competencia, la gracia y el nivel de profesionalidad que se requería. A Susana Pous, Litz Alfonso y Santiago Alfonso, les correspondió la tarea de guiar a estas parejas. Las que fueron seleccionadas a partir de que uno de los miembros tenga una trayectoria profesional y el otro sea aficionado.

Como refirió Susana Pous en una entrevista en el programa 23 y M, el día antes de que concluyera esta entrega. Su compromiso con el programa partió del hecho de que cualquier programa que destaque el baile o la danza me iba a interesar muchísimo al puntualizar “Desde que vivo en Cuba, hace casi veinte años, no había participado en una idea así y desde el inicio me motivó porque estaba representada la danza y sus vertientes”.

Para Litz Alfonso, la experiencia de trabajar en conjunto ha sido muy útil, para los tres. “Casi siempre coincidimos en las decisiones”, dijo. Aunque la dinámica del programa la fuimos aprendiendo sobre la marcha. Su mayor expectativa con respecto a esta gala final era que todos fueran a disfrutar y su misión sería: intentar ser lo más justos posibles.

Para Manolo Ortega una de las cuestiones más complicadas del programa fue el hecho de que el público esperaba otra cosa, una especie de Para Bailar. “En sentido general, la concepción y realización del programa fue un reto muy grande. Donde tengo que estar muy satisfecho del trabajo que desempeñaron todos, especialmente Roclan, el jurado, y fundamentalmente los competidores, que son los más sacrificados, porque debían ensayar todo el tiempo y eso exigía de ellos, una entrega y una voluntad probada. También el agradecimiento a RTV Comercial por el apoyo”.

Roclan se refirió a la concepción que persiguió el programa. Donde se partía de una premisa: a que cubano no le gusta tirar un pasillo. De esta idea inicial, concebimos que siempre fuera temático y cada entrega cerró con un espectáculo de una importante compañía de la danza en Cuba.

En el caso de los competidores, señalaron como enriquecedor para su desempeño futuro, el hecho de que bailaron los ritmos cubanos y aprendieron a entregar todo en el escenario.

La competencia por eliminatoria es una práctica que se utiliza en varios de estos espectáculos, donde se pondera la interacción del público, pero la decisión está en manos de un jurado avalado por su historial creativo dentro de la disciplina. Los criterios que durante las presentaciones fueron regalando los jueces se convierten en útiles consejos para el futuro profesional de estos jóvenes.

La participación de compañías como Havana Dance Cuba, Rakatan y otras formaron parte de esta gala final.

Los premios recayeron en la pareja número ocho, integrada por Osmany Montero y Jara García, quienes a lo largo de esta temporada consiguieron sortear el favor del público y las apreciaciones de un jurado que se valúa de su acertada labor dentro del panorama danzario cubano.

El programa logró poner a bailar a todo el mundo, pues en esta última entrega, los presentadores también tiraron su pasillo, junto a los miembros del jurado, quienes también hicieron de su experiencia, un aval para el diseño de presentación de Bailando en Cuba.

Con un atractivo diseño de presentación, que privilegia la participación directa de cada una de las parejas, el programa ha alcanzado una audiencia considerable. En cada una de las emisiones se ha dedicado momentos a promocionar géneros que pertenecen al arsenal artístico y musical de la nación. Igualmente se cuida la imagen de los conductores, los que, sin experiencia en la conducción, llevan el hilo dramatúrgico del programa. Para Camila Arteches, Carlos Solano y Leo Benítez, el reconocimiento por la manera en que demuestran profesionalidad, soltura y una correcta dicción. En los primeros programas demostraron nerviosismo, hecho que fueron dejando atrás a medida que avanzaba el paquete de programas.

En el programa del 12 de febrero, se dedicó a la rumba, declarado Patrimonio Intangible de la Humanidad. En las pausas se realizaron cuñas promocionales por el Día del Amor y la Amistad con los miembros de las parejas y en cada una de las emisiones se realizaron dedicatorias a géneros musicales, donde se demostró coherencia y significación a la historia del patrimonio musical cubano.

Bailando… fue el resultado de un grupo de importantes coreógrafos que diseñan las presentaciones de las parejas y con la acertada dirección de Roclan como asesor coreográfico, se ha demostrado calidad de las actuaciones e innovaciones con respecto al baile.

A partir del auge internacional de programas donde se concursa en alguna especialidad, la propuesta de Bailando en Cuba, utiliza los principales códigos de este tipo de material. Pero desecha, por suerte, típicas caracterizaciones de los concursantes en su contexto familiar, el llanto, la manipulación mediática… y aprovecha los resortes que mueven los intereses de estos jóvenes.

Este proyecto promueve la invitación a que los cubanos tiremos un pasillo, a que el baile siga siendo una marca de los habitantes de esta isla cálida, herederos de una larga tradición musical y bailable. Agradecer a RTV Comercial la producción de un programa que se instauró en la pantalla, generó la participación de los televidentes y defendió los valores de la cultura cubana.