Bailando en Cuba: un espectáculo de lujo

Bailando en Cuba: un espectáculo de lujo

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Escénicos, música popular bailable
  • ¡Felicitaciones al equipo de realización de Bailando en Cuba! Esperamos, pues, la segunda edición.
    ¡Felicitaciones al equipo de realización de Bailando en Cuba! Esperamos, pues, la segunda edición.

Bailando en Cuba, con guion y dirección del talentoso realizador Manuel Ortega, salió al aire los domingos, en horario estelar, por los canales Cubavisión y Cubavisión Internacional, con el marcado propósito de focalizar la atención y el interés de los televidentes insulares y foráneos. Dicho programa ha conmovido y emocionado a la teleaudiencia nacional, tan necesitada de espacios musicales, caracterizados por un buen empaque estético-artístico, y que promueva aquellos géneros y ritmos cubanos, que han quedado rezagados en la preferencia de los más jóvenes bailadores.

Este concurso de bailes populares contó, además, con un jurado de excelencia, presidido por el maestro Santiago Alfonso, Premio Nacional de Danza, e integrado por las maestras Lizt Alfonso y Susana Pous.

Personalidades de la danza universal que cumplieron, con indiscutible rigor profesional, la tarea a ellos encomendada por los organizadores de ese proyecto audiovisual; asimismo valorar las condiciones técnico-interpretativas y la capacidad creadora de las parejas que competían por alcanzar el primer lugar.

Por otra parte, los chicos que participaron en ese certamen aprehendieron —unos con mayor solidez, otros con menos— los conocimientos teórico-metodológicos que les señalaran los integrantes del jurado después de cada presentación. Y que, posteriormente, llevaran a la praxis los coreógrafos y ensayadores en las agotadoras sesiones en la barra, en los ensayos, en las clases magistrales impartidas por figuras “clave” de la danza a escala internacional, así como en el escenario del capitalino teatro Astral, donde se grababa el programa.

Loable labor realizada por coreógrafos y ensayadores, quienes se entregaron en cuerpo y alma a eliminar los aspectos deficitarios o estimular las mejores interpretaciones de los bisoños competidores que —sin ningún género de duda— aman el baile. Noble actitud que merece veneración y respeto por parte del público. No importa que la mayoría no haya llegado a la cima de la montaña, ya que la lucha por escalarla constituye per se un éxito.

Las secciones animadas por el primer bailarín y coreógrafo Roclan son dignas del más cálido elogio, ya que transitó —con ese carisma que lo identifica en los medios y fuera de ellos— por los lugares emblemáticos donde se hicieron famosos esos ritmos que yacían sepultados en el “baúl de los recuerdos”. Un reconocimiento especial para ese caballero de la danza y la coreografía, además de magnífico anfitrión.

Un aspecto vulnerable en la concepción de la primera entrega de Bailando en Cuba es el relacionado con la conducción de ese espectáculo. Los actores Camila Arteche, Leonardo Benítez y Carlos Solar son buenos profesionales de las artes escénicas, pero les falta la técnica y el oficio que exige esa disciplina de la comunicación social. ¿Es que, en la capital cubana, no hay locutores-presentadores de puntería? Claro que los hay, pero los directores no los llaman. En honor a la verdad, habría que destacar el hecho de que Camila Arteche se desenvolvió con mayor soltura que sus dos colegas.  

Antes de que saliera al aire el primer programa, publiqué en el Sitio Web de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, el artículo “Bailando en Cuba: una reflexión necesaria”,1 donde le formulé algunas recomendaciones al director de ese espacio. Sugerencias que tenían como objetivo si no visibilizar, por lo menos escuchar grabaciones de legendarias agrupaciones charangueras, de jazz band y conjuntos soneros, que tanta gloria y prestigio le han dado al pentagrama sonoro caribeño y mundial.

Los amantes de la música tradicional pudieron recrear sus órganos auditivos con el sonido inconfundible de orquestas charangueras y del conjunto de Arsenio Rodríguez, en las respectivas secciones dedicadas al chachachá, al mambo, a la guaracha, al son montuno y al danzón, nuestro baile nacional.

Manuel Ortega tuvo en cuenta algunas de mis proposiciones; otras no, porque no vi en el escenario del Astral a ninguna de esas paradigmáticas agrupaciones.

En la gala final, habría que destacar la visita de los finalistas de Bailando en Cuba a la sede del Ballet Nacional de Cuba, donde fueron recibidos por la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, miembro de honor del Consejo Internacional de la Danza. Y de la actuación estelar de la Compañía Irene Rodríguez, entre otras gratas sorpresas. La agrupación más popular fue la Compañía Havana Compás Dance, mientras que la pareja más popular fue la número 12, conformada por Los Cuquis.

Por último, quiero expresar mi total acuerdo con el dictamen emitido por los maestros Santiago Alfonso, Lizt Alfonso y Susana Pous, ya que, en mi opinión, fueron muy justos en la selección de la pareja ganadora: la número ocho, integrada por Jara y Osmany. Según el criterio unánime del jurado, la pareja laureada logró intelectualizar y espiritualizar los recursos técnico-expresivos en que se estructura la integralidad artística que —sin discusión alguna— la singulariza.

Como premio los ganadores recibieron una beca de entrenamiento en una academia italiana de danza, para su perfeccionamiento artístico-profesional. El segundo y tercer lugares correspondieron a las parejas 10 y 7, configuradas por Delany y Ranger y por Jessica y Carlos. El estímulo obtenido fue participar en eventos danzarios que tendrán lugar en Canadá y México, respectivamente.  

¡Felicitaciones al equipo de realización de Bailando en Cuba! Esperamos, pues, la segunda edición.

Nota

  1. Jesús Dueñas Becerra: “Bailando en Cuba: una reflexión necesaria”, http://sitio.uneac.org.cu/noticias/bailando-en-cuba-una-reflexion-necesaria, 13 de enero de 2017.