Ballet clásico y contemporáneo en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso

Ballet clásico y contemporáneo en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso

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  • El Ballet Nacional de Cuba. Foto: Prensa Latina
    El Ballet Nacional de Cuba. Foto: Prensa Latina

El Ballet Nacional de Cuba (BNC), que dirige la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, miembro de honor del Consejo Internacional de la Danza, llevó a las tablas de la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso un atractivo programa, elaborado sobre la base de obras clásicas y contemporáneas.

Tiempo de danzón, con coreografía del talentoso artista Eduardo Blanco y música del maestro Arturo Márquez, abrió la función para acercar a los amantes del arte de las puntas y a los colegas de la prensa especializada a las raíces de nuestro baile nacional, así como al estilo que caracteriza al ballet contemporáneo.

Yo, tú, él y ella, con coreografía de Ely Regina Hernández. Inspirada en la música de la maestra Alexia Moore, focaliza la atención e interés del auditorio en cuatro bailarines con diferentes formas de mover el cuerpo, y además, involucrar, la mente y el alma. Los bailarines adoptan la interpretación de la melodía y la exponen a la imaginación y la fantasía del público.

A la luz de tus canciones, con coreografía de la eximia ballerina, quien utilizó la música de los maestros Ernesto Lecuona (1895-1963), Orlando de la Rosa (1919-1957) y Adolfo Guzmán (1920-1976), para homenajear a la excepcional cantante lírica Esther Borja (1913-2013), en el centenario de su natalicio.

Cerró con broche de oro el grand pas de Paquita, con coreografía del maestro  Marius Petipa y música del maestro Ludwig Minkus. La versión completa de esa joya de la danza clásica universal tuvo su estreno en la Ópera de París, en 1846, con coreografía de Mazilier y música del maestro Deldevez.

En la obra, cuyo papel protagónico lo desempeñó durante su estreno la primera bailarina Carlotta Grisi, desarrolla una sencilla historia de amor en dos actos y tres escenas; relato de índole afectivo-sentimental, que tiene como contexto socio-histórico la España ocupada por el emperador Napoleón Bonaparte.

En 1881, en San Petersburgo, el maestro Marius Petipá encargó a Minkus que compusiera una nueva música para el pas de trois y el grand pas de Paquita. Esos fragmentos —coreografiados por Petipa y versionados por diferentes autores— siguen incluyéndose en el repertorio de numerosas compañías del orbe.

Algo especial acontece en ese contexto coreográfico y dramatúrgico: bisoños bailarines interpretan los papeles protagónicos. Oportunidad única e irrepetible para apreciar en escena el desarrollo artístico-profesional alcanzado por la Escuela Cubana de Ballet y por los “pinos nuevos” que la integran, tanto en los escenarios nacionales como foráneos.

Preside el elenco artístico, la bailarina principal Jessie Domínguez, quien estuvo muy bien secundada —entre otros— por los noveles danzarines Diana Menéndez, Claudia Cristina, Susel Rondón, Daniel Rittoles, Adrián Sánchez, Narciso Medina, Maynard Miranda, Carlos Claramunt y Adniel Reyes

Jessie Domínguez, se destacó, sobre todo, en el dominio de la técnica académica y la interpretación teatral (dos caras de la misma moneda). La experimentada artista, al entregarse en cuerpo, mente y alma al ejercicio de la danza clásica, ha crecido —al decir martiano— «como las palmas […], como los pinos», desde los puntos de vista artístico-profesional, humano y espiritual.

Al resto de los bailarines, aunque no les falta talento y constancia, deben perfeccionar aún más los recursos técnico-expresivos en que se estructura la danza en general, y el ballet clásico en particular. Esos conocimientos teórico-prácticos solo se adquieren mediante una labor sostenida en la barra, en las clases, en los ensayos y en el proscenio, el lugar idóneo para demostrar cuánto han logrado y cuánto les falta por obtener en una carrera que exige  grandes sacrificios.

No obstante, estoy seguro de que llegaran volando, como el águila, a la cima de la montaña (alcanzar el anhelado virtuosismo técnico-interpretativo); en consecuencia, sabrán colocar el nombre de la Escuela Cubana de Ballet en el sitial de honor que ocupa desde casi siete décadas.