Bolereando: en veinticinco y en presente

Bolereando: en veinticinco y en presente

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Músicos, Guantánamo, UNEAC, Boleros de Oro
  • Cada descarga de Bolereando es una gran fiesta de cultura.
    Cada descarga de Bolereando es una gran fiesta de cultura.
  • Cada descarga de Bolereando es una gran fiesta de cultura.
    Cada descarga de Bolereando es una gran fiesta de cultura.

Corría el año 1991 y todavía no se dejaban sentir en toda su magnitud la contracción de lo que eufemísticamente se llamaría “Período Especial”. Por el contrario —sobre todo en la cultura— todavía se sentían las influencias de la década anterior, un decenio determinante en el desarrollo de las expresiones contemporáneas a lo largo de todo el país en el que Guantánamo no fue la excepción. Para solo hablar de la música, el cambio de la década de los ochenta a los noventa trajo la aparición de los Festivales de Tríos, que llegaron a tener un real carácter internacional y junto a ellos, gracias a la existencia de la UNEAC, llegaron los festivales Boleros de Oro, primero producidos en y desde Santiago de Cuba e inmediatamente después realizados por completo desde Guantánamo.

Es en ese contexto musicalmente proteico que surge el espacio Bolereando, a propuesta de Germán Núñez Garriga, entonces Director del Telecentro Solvisión, melómano por excelencia, tenor aficionado en su etapa de juventud, de la imaginación de Ena Ruíz quien usó el gerundio para nombrar el espacio al igual que el “Cultureando” que realizaba en la Biblioteca provincial, y de quien esto escribe, que buscó a Paula Villalón y prácticamente la sacó de su casa, después de haberla visto “descargar” junto al pianista Pucho Díaz Varela en una sesión de medianoche después de una de las galas del Festival de Tríos de ese recordado e importante 1991. Nada casual, Paula es deudora de una tradición musical familiar que no solo le permitió estudiar música —aunque profesionalmente se acercara a la estomatología—, sino estar en contacto con los más importantes músicos cubanos de paso por la ciudad en descargas y encuentros que trascendieron el espacio doméstico.

Quizás fuera en junio, quizás no; hoy la memoria colectiva no recuerda los detalles fundacionales, pero sí existe la certeza que desde entonces fue sábado; en los inicios, cada semana; con el tiempo los avatares y las circunstancias lo convirtieron en una entrega mensual. Siempre, no importa la frecuencia, el encanto y la magia de un género y un espacio que convocan desde su presente al disfrute.

Para un espacio de total experimentación, el acompañante ideal para Paula fue el pianista Claudio McPherson, en esos momentos muy vinculado al Festival Boleros de Oro y a otras actividades musicales de la UNEAC, y quien desde su madurez interpretativa supo ser el preciso “paternaire” de una entonces inexperta Paula en las lides de la escena, la interpretación y el repertorio. Así, “haciendo camino al andar”, como sentenciara Antonio Machado, comenzó una interesante aventura musical que ha llegado en plenitud a un cuarto de siglo de existencia.

Es mucho lo acontecido en todo este tiempo; numerosas las personalidades musicales de todas las latitudes que han honrado el espacio, desde Fernando Álvarez a Vicente Garrido y Gisela Guedes, Mercedes Gil o Lino Borges, sin descontar a figuras locales como Lina Zamora, Tito Ferrer, Edy Charadán y un largo etcétera que harían interminable la lista.

Disímiles asimismo las maneras y géneros interpretados pues junto al bolero han estado la canción, la trova de todos los tiempos y hasta incursiones en el jazz y el soul. También  formatos y músicos acompañantes han ido variando a lo largo de estos años.

Más allá de lo contingente, tres hechos son palpables al cabo de este cuarto de siglo: el crecimiento y madurez de una inusual intérprete; la defensa y permanencia del bolero como género de la música cubana y la instauración en el imaginario de los guantanameros de cualquier edad, de un espacio que recobró y revitalizó la “descarga” y cierto apego a la bohemia, donde el público no es un consumidor pasivo, sino que en la medida en que interactúa crece a la par de los intérpretes.

Un cuarto de siglo no es poco, sobre todo para que un espacio cultural logre mantenerse fresco, dinámico, actual. A pesar del tiempo, aún contamos para disfrute y placer del Bolereando, en gerundio para continuar y a su anfitriona, Paula Villalón, en presente para bolerear.