Boris Lurie en Bellas Artes

Boris Lurie en Bellas Artes

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Museo Nacional de Bellas Artes, exposición
  • Es la primera vez que dicha fundación expone en Latinoamérica, lo cual constituye un hito sin precedentes dentro del conjunto de significativas propuestas que Bellas Artes ha acogido en fecha reciente. Fotos: Maite Fernández
    Es la primera vez que dicha fundación expone en Latinoamérica, lo cual constituye un hito sin precedentes dentro del conjunto de significativas propuestas que Bellas Artes ha acogido en fecha reciente. Fotos: Maite Fernández
  • Es la primera vez que dicha fundación expone en Latinoamérica, lo cual constituye un hito sin precedentes dentro del conjunto de significativas propuestas que Bellas Artes ha acogido en fecha reciente. Fotos: Maite Fernández
    Es la primera vez que dicha fundación expone en Latinoamérica, lo cual constituye un hito sin precedentes dentro del conjunto de significativas propuestas que Bellas Artes ha acogido en fecha reciente. Fotos: Maite Fernández

Las salas transitorias del Museo Nacional de Bellas Artes, Edificio de Arte Universal, acogen una significativa muestra personal del artista ruso-norteamericano Boris Lurie, organizada por la Boris Lurie Art Fundation (BLAF). Cabe notar que esta es la primera vez que dicha fundación expone en Latinoamérica, lo cual constituye un hito sin precedentes dentro del conjunto de significativas propuestas que Bellas Artes ha acogido en fecha reciente.

Lurie nació en Leningrado, en 1924, en el seno de una familia judía. Un año después, sus padres se trasladan a Riga, capital de Letonia, ciudad en la que transcurrió su infancia. Tras la muerte de la madre y varios miembros de la familia en la Masacre de Rumbula, Lurie inicia junto a su padre un extenso periplo por diferentes campos de concentración. Al ser liberados por las tropas norteamericanas en 1945, trabaja como traductor para la US Counter Intelligence Corps; luego emigra con su padre a los Estados Unidos, instalándose en Nueva York, ciudad que el futuro pintor y escultor no abandonaría nunca.

En 1959, junto con Sam Goodman, exponente cimero del expresionismo abstracto, y el poeta, artista y escritor Stanley Fisher, editor de la revista Beat Coast East, Lurie fundó el March Group, colectivo de artistas visuales que posteriormente seria rebautizado como Movimiento NO!art, al que terminaron ingresando Allan Kaprow, Erró, Wolf Vostell, Yayoi Kusama y Jean-Jacques Lebel, entre otras figuras cimeras del arte posmoderno.

Las primeras exposiciones ocurren en la neoyorkina March Gallery, y en las galerías italianas La Salita (Roma) y Arturo Schwarz (Milán). Las obras causan gran conmoción, especialmente Raiload collage, de Lurie, en la que aparece la fotografía de una “pin-up girl” junto a una imagen de un campo de concentración. Durante estos años, el artista estrecha lazos profesionales y de amistad con la galerista Gertrude Stein, quien organiza en 1963 la muestra personal NO Show, la cual contribuye significativamente a consolidar la unión del movimiento. Tras la muerte de Lurie, ocurrida en 2009, Stein sería la encargada de fundar y dirigir la BLAF en Nueva York.   

NO!art constituye un acto de protesta contra el mercantilismo del arte, el “american way of life” y el uso de la mujer como objeto de placer desde la perspectiva masculina. Al interior de este movimiento, Lurie realizó un considerable número de obras de tema político y social, reflejando disímiles acontecimientos y problemáticas entre las que cuentan el asesinato del líder congolés Patricio Lumumba por fuerzas de la CIA, y el trabajo desarrollado por Henry Cabot Lodge Jr., senador republicano de los Estados Unidos que, entre otros cargos políticos, ejerció como embajador en Vietnam del Sur de 1965 a 1968, en plena Guerra de Vietnam.

El antisemitismo, los horrores del Holocausto y la emigración constituyen otros de los temas abordados por la muestra, pletórica de collages que ironizan sobre la fragmentación del cuerpo femenino en función del deseo patriarcal; Estrellas de David fundidas en cemento y heridas por un cuchillo, o pintadas de amarillo (símbolo empleado con fines segregacionistas y discriminatorios por los nazis); maletas que aluden al éxodo, al desarraigo y a la memoria; y amorfas esculturas de yeso policromado (tituladas “NO Sculptures” o “Shit Sculptures”) que discursan sobre los límites formales y simbólicos del arte.

Estamos, pues, ante una muestra sugerente y valiosa que nos pone en contacto con la vida y la obra de un artista irreverente, contestatario, radical, que visitó La Habana en 1959 acompañado por su amigo y colega Rocco Armento. A casi una década de su fallecimiento, Lurie vuelve a la capital cubana y pone a nuestra disposición parte de su trabajo, el cual goza de muchísima vigencia, sobre todo si tenemos en cuenta los múltiples actos de violencia hacia mujeres y niñas, emigrantes, minorías étnicas, grupos culturales y jóvenes negros perpetrados a diario en diversos rincones del mundo. 

Por: Maikel José Rodríguez Calviño