Brindis de Salas, músico y conspirador

Brindis de Salas, músico y conspirador

El teatro lleno, todos a la expectativa. Algunos están sentados para deleitar su oído musical con un talento del que todos hablan. Otros, quizás con algún recelo racial, fijan atentos sus ojos al escenario, como buscando cualquier defecto que haga menos al artista. Entonces sube él, difícil demeritar la obra, todos se sorprenden: «Claudio toca como los dioses».

La escena viene a mi mente al pensar en el violinista, contrabajista y director de orquesta cubano Claudio Brindis de Salas, quien naciera en La Habana un 30 de octubre, pero 220 años atrás.

A pesar de ser negro y vivir en medio de la sociedad esclavista de la Cuba colonial, Claudio supo ganarse, desde pequeño, el aprecio de personas ricas e influyentes que le apoyaron con sus estudios musicales al demostrar su talento.

Tuvo su propia orquesta, muy solicitada en los salones de bailes habaneros donde deleitaba a la alta sociedad de la época con sus contradanzas, rigodones y otros géneros de moda en el momento. Su orquesta La Concha de Oro llegó a ser la más reconocida en la Isla a principios del siglo XIX.

Fue alumno del maestro Ignacio Calvo y llegó a componer numerosas obras con una marcada esencia criolla, la mayoría dedicada a figuras aristocráticas de la capital cubana. Entre las más conocidas destaca la opereta Congojas Matrimoniales.

Brindis de Sala supo combinar su talento musical con un profundo sentimiento antiesclavista. Su condición de negro y la constante discriminación en la Isla hacia él y los de su color, lo llevaron a integrar la histórica Conspiración de la Escalera, pero desgraciadamente esta se ve descubierta y en 1944 es acusado por las autoridades españolas en el país.

Muchos fueron los negros condenados a muerte por tal motivo y algunos tuvieron que partir desterrados de Cuba, por orden del gobierno del Capitán General O´Donell. Tal fue la suerte de Brindis quien regresó en 1848 y fue encarcelado durante dos años por incumplir la condena del tribunal colonial.

En 1864 decide viajar por toda Cuba junto a sus dos talentosos hijos, ofreciendo una serie de conciertos en las diferentes regiones que lo catapultan nuevamente al reconocimiento y la fama nacional. Claudio muere un 17 diciembre de 1872; ciego, pobre y casi en el abandono, pero dejando su nombre grabado en la lista de talentosos músicos criollos de la etapa colonial.