Carlos Emilio Morales: alambre dulce

Carlos Emilio Morales: alambre dulce

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  • Carlos Emilio Morales.
    Carlos Emilio Morales.

La UNEAC celebra a partir de este lunes el III Encuentro de  Guitarra IDENTIDADES, dedicado al guitarrista Carlos Emilio Morales, integrante y fundador del grupo Irakere. Catalogado por Chucho Valdés como un instrumentista con una digitalización “muy original”. Carlos Emilio está en un cuadro de estrellas junto a Juanito Márquez, Jorge Luis Chicoy y Elmer Ferrer.

Nació en el municipio de Playa, el 6 de noviembre de 1939, ocho meses después de Leo Brouwer y falleció a los 75 años, el 12 de noviembre del 2014. Carlos Emilio era muy tímido, ese es uno de los motivos por los cuales lo utilizaban en grabaciones evadiendo el público, pero Chucho Valdés lo llevó a Irakere en 1973 para recorrer el mundo y tocar en los más resonantes festivales de jazz del planeta.

Sobran las palabras de presentación para esta gran figura, pues como lo bautizó Oscar Valdés en Irakere, él fue siempre “un alambre dulce”, he aquí, con sus declaraciones, la prueba fehaciente de tal epíteto:

“Yo era aficionado de los tríos tradicionales: los Matamoros, después al rock and roll de mi juventud y finalmente al jazz, con este último en Cuba no se levantaba cabeza, pero con el rock and roll sí. Cuando Bill Haley y Elvis Presley salieron al aire yo tenía 15 años; en mi carrera influyó un guitarrista de Guines llamado Pablo Cano, tuve de maestros a Clara e Isaac Nicola y también me orientó Felipe Dulzaide con  quien trabajé un tiempo.

Hay una foto memorable de 1967, en la que aparecemos Leo Brouwer tocando, sentado en el suelo Jesús Ortega, yo en un sillón y vestido todo de negro el gran trovador Sindo Garay. La foto apareció  en la revista Clave en su no. 1 de 1999, específicamente en la página tres.

Entre las personalidades con quienes toqué se encuentra Frank Domínguez, Felo Bergaza, Fernando Mulens, Guillermo Barreto, El negro Vivar; todo eso me dio mucho oficio. Tuve influencias de Juanito Márquez y hablar de Juanito es hablar de palabras mayores en la guitarra.

Después de 1962 a 1967 tuve el placer de tocar con dos genios: Paquito D´ Rivera y Chucho Valdés en el Teatro Musical de La Habana y tocábamos en Bellas Artes. No sacábamos nada, pero estábamos locos por tocar. Con el Chino Lam (Jesús Lam) toqué en la orquesta de la radio y la televisión.

Poco a poco fuimos levantando hasta llegar al Carnegie Hall de La Habana, el Amadeo Roldán con la Orquesta Cubana de Música Moderna, nos dimos a conocer con una organeta que Armando Romeu sacó de algún  lado. La tocó Chucho el tema “Pastilla de menta”  de Rudy Toombs (5 min). El rock y el jazz eran conflictivos en aquel entonces.”

Irakere

“La etapa gloriosa llega con Irakere, ensayábamos en el Convento de Santa Clara, teníamos sed de triunfo y queríamos llegar lejos y bien alto, era la clarinada de la música nueva, de la Cuba nueva.

Entre Chucho y yo buscamos la interconexión armónica, hacíamos aportes, integramos una amalgama de tambores batá. Fuimos un grupo, más que de genios, genial, por la forma de aglutinar todo y también sacamos partido a la electrónica. Chucho llevaba los arreglos, era muy abierto, le gustaba que aportaran, eso era muy inteligente, contábamos con músicos de alto calibre que sabían lo que hacían y lo que querían. Todo se enriquecía, desde el inicio, hasta la grabación. 

Irakere tuvo suerte, llegó en el momento en que tenía que llegar, todo es así. Nunca caímos mal, no hubo rechazo, eso es una buena señal, estuvimos en el momento exacto, a la hora adecuada; venimos de una potencia musical inigualable. La cubanía es que te identifiquen, hasta en Japón bailan lo cubano.”

Integrantes de la banda

“De los músicos de Irakere: Jorge Varona  era un perfeccionista, disciplinado, de buen sonido, carismático en la trompeta, tocó con Benny Moré; Averhoff era buen músico, muy versátil, tiene un hijo talentoso; Carlitos del Puerto toca cualquier bajo, es buenísimo, ajustado a la sección rítmica.

Por otra parte, Oscar Valdés toca de todo y bien, enriqueció el arsenal de percusión de la banda, era el timbre vocal y el alma afrocubano; Arturo Sandoval un trompetista fuera de serie, de los más virtuosos en ese instrumento, le decían el reloj que no para, se paraba a tocar como si fuera a botar la bola por encima de la cerca.

Paquito D´Rivera, su padre quería que fuera clarinete de la sinfónica, pero su carrera no se avenía con eso, toca de todo en el saxo: soprano y tenor. Componía y arreglaba, el “adagio” de Mozart fue espectacular; Jorge Luis Chicoy que me sustituyó es un maestro; Chucho, un todo terreno, imagínate, el inventor de todo y a Carlos Emilio, yo lo veo en la batalla. Me hubiera gustado encontrarnos todos en Irakere antes de morirme. De los nuevos que estudian qué decirte: esto es largo y serio, Cuba es lo máximo.”