Carmen Almodóvar, una vida consagrada a enseñar

Carmen Almodóvar, una vida consagrada a enseñar

La voz de Carmen es dulce, pero cargada de una profundidad tal, que termina imponiéndose a quien la escucha. Uno prefiere guardar silencio y escuchar ante la sabiduría que sus pensamientos irradian. Carmen también bromea, se ríe y conserva una lucidez formidable que se burla del paso de los años. Ella parece tener un alma eternamente joven y una capacidad inaudita para comunicarse con ellos.

Este año cumplió 90 años la intelectual, la investigadora, la Maestra; pero también el excelente ser humano cuya vida ha sido ejemplo de entrega y sacrificio. Una mujer que ha aprendido que las cosas más valiosas son las que satisfacen el espíritu que estas, afortunadamente, crecen cuando se reparten.

Habría mucho que decir de ella. De su compromiso con la educación cubana, de sus viajes por África, de su condición de alfabetizadora y fundadora de la Facultad Obrero Campesina y los lauros por su meritoria carrera, como la Distinción por la Educación o la relativa a la Cultura. Pero ella, desde su sencillez, confiesa que el mayor regalo es la satisfacción de trabajar en lo que se ama, sentirse útil y sembrar semillas que, para bien de la nación, hoy son varias generaciones de frutos.

¿Cuándo descubre la pasión por su profesión y, específicamente, por la Historia y la Literatura? ¿Cómo se percata de que esta labor es la que desea hacer en su vida?

Tempranamente, con la ayuda de Esther Noriega, inolvidable pedagoga, que defendía los derechos de la mujer desde los lejanos días de 1930. Ella fue la que «sembró esa semilla del Magisterio» y la cultivó con paciencia y sabiduría durante mis estudios de Bachillerato. Mi interés por la Historia llegó por la vía de dos grandes investigadores y educadores: Levi Marrero y Fernando Portuondo. Sus clases magistrales, sus libros y las interesantes actividades que programaban para hacernos más atractivas la ciencia histórica, dejaron una profunda e imborrable huella en mí.

En relación a la Literatura, todo el crédito se lo concedo a Esther Noriega; gracias a su atinada asesoría, pude apreciar desde la adolescencia, las grandes obras escritas por los más sobresalientes literatos de todas las épocas: Shakespeare Goethe, Wilde, Zola, Balzac, Cervantes…

A lo largo de toda su carrera, ha sido merecedora de numerosos reconocimientos por su obra. ¿Cree usted que ha hecho todo lo que se ha propuesto, tanto en el ámbito personal como profesional? ¿Se siente plenamente realizada?

De manera general, la respuesta es afirmativa, pero el camino ha sido bastante largo y no exento de escollos, por tanto, algún sueño puede haber quedado pendiente o «a medio hacer». En el orden personal, ante todo, doy gracias a la vida por los padres que tuve, a quienes debo cuanto soy; por otra parte, vivo orgullosa de mi única hija y de mi nieto, ambos me han acompañado en penas y alegrías.

Como profesional, me siento plenamente realizada. Al año de graduarme en Filosofía y Letras (1952) fundé mi colegio, Academia Víbora. En 1960 obtuve una plaza de profesor de Historia en el Instituto Álvaro Morell de Camagüey. Luego me designaron Inspectora Provincial de Camagüey en el área de Historia, cargo que ocuparía posteriormente en La Habana. Disfrute mucho esta etapa.  Posteriormente, continúe esta labor en la Comisión Nacional de historia del MINED desde su fundación hasta que esta cesó en la década de 1990.

Laboré en el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona,  respondiendo a una solicitud de los doctores Francisco Portuondo y Estrella Rey. Con Portuondo colaboré en la dirección de un hermoso proyecto durante 5 años: Diccionario Biográfico Cubano, que pretendía «poner al día» lo que habían elaborado antes Calcagno, Peraza y Trelles; pero desgraciadamente, se desestimó a pesar de su importancia.

En la referida facultad tuve a mi cargo la elaboración de dos textos, Historia de la Historiografía Cubana (Colonia y República). Ambos textos me han brindado muchos momentos de alegría y reconocimiento, siguen vigentes. Constituyeron, de hecho, «mi carta de presentación» en universidades españolas, estadounidenses y latinoamericanas.

Entre las cosas que considero llevé a cabo felizmente, está el Taller las Ciencias Sociales a Debate, que funcionó de 1993 a 2003. Formaron parte de este selecto grupo de estudiosos de la Historia Nacional reconocidos investigadores e historiadores.

Me siento «obligada» con los pedagogos cubanos. Siempre me han considerado parte de su membrecía y me han colmado de reconocimiento y fraternal cariño. ¡Gracias mil!, también agradezco a numerosas instituciones del país que me han involucrado en varios de sus proyectos.  

Estimo que una de las mejores decisiones de mi vida la tomé cuando acepté dirigir el espacio de conferencia Aula de Cultura Iberoamericana, devenido Sala de Conferencias sobre Cultura Hispano-Cubana, que me convirtió en promotora cultural con el devenir del tiempo. Durante 32 años se ha mantenido funcionando y ha ganado prestigio dentro y fuera de Cuba.

Han intervenido, en calidad de expositores, importantes figuras de la intelectualidad cubana y española y se le brindó a jóvenes talentos, como «los chico Almodóvar», la oportunidad de darse a conocer.

Otros espacios  de conferencias, tertulias y cultura comunitaria que he dirigido también me han reportado grandes satisfacciones y ponerme en contacto con artistas y poetas cubanos que han colaborado desinteresadamente en los mismos y me han brindado su amistad. Por citar algunos Liz Alfonso, Miguel Oliver, Lina de Feria, Nancy Morejón y Eduardo Veitía; sin olvidar a Rosa Fornés y Verónica Lynn.

No quiero dejar fuera del tintero mi participación en programas de radio y TV, los que más disfruté fueron los de la Revista de la Mañana, pero confieso que me aterrorizan las cámaras. Nunca pensé que podría intervenir en un documental, por el «miedo escénico», pero he formado parte de siete, relacionados con temas históricos.

Resumiendo, ¿no cree que tengo motivos para dar gracias a la vida y sentirme realizada?

Es un regalo maravilloso llegar a los 90 años, sobre todo cuando los cumples llena de energía y con la satisfacción del haber dejado una huella en el mundo. ¿Cómo se siente al llegar a este aniversario?

Me siento muy feliz de haber arribado a estas 90 «primaveras» con calidad de vida, con ánimo para escribir un nuevo libro, con ilusiones, con alegría, con deseos de ayudar al prójimo y de aprender lo que aún sea capaz de asimilar; sin quejarme a toda hora de lo vieja que ya estoy, que a veces ni me reconozco en el espejo. Pero puedo afirmar que «he vivido» y cuando miro hacia atrás, tengo muchas cosas agradables que recordar…e incluso, hasta las desagradables me han nutrido, me han permitido conocer mejor el mundo que nos rodea.

Me siento, ante todo, muy obligada con los que me han demostrado respeto y afecto a través de tanto años y de manera incondicional. No encuentro palabras para agradecer que todavía me tengan en cuenta.

Sabemos que el mundo y nuestro país, en especial, atraviesan un complejo escenario debido a la pandemia de la Covid-19. ¿En medio de este contexto, cómo ocupa sus días, en qué proyectos trabaja, cuál es su realidad cotidiana?

Además de cuidarme y cumplir lo orientado por el Ministerio de Salud, principalmente el aislamiento, he mantenido habituales conversaciones telefónicas con ex alumnos, amistades, excompañeros de trabajo  etc. acerca de la difícil situación, un poco de cotilleo para no deprimirnos…

También he dedicado tiempo a re-estructurar la programación de la Sala de Conferencias, con vistas a su reapertura, he filmado dos videos relacionados con el último libro editado y tengo otros dos que quedaron pendientes.

Fundamentalmente, he dedicado esfuerzos a la redacción de otro libro, donde se aborda el estudio de las compañías de teatro que se presentaron en La Habana entre 1939 y 1959, tanto las cubanas como extranjeras. Estoy muy entusiasmada con este trabajo que incorpora una información acopiada durante varios años.  En resumen, mi tiempo está últimamente ocupado, aunque extraño las actividades a las que habitualmente acudía.

¿Pudiera comentarme un poco sobre su último libro publicado?

De manera general, todos los libros que he escrito me han proporcionado momentos felices y he disfrutado mientras redactaba sus páginas. Me satisfizo mucho el trabajo que aparece en La Habana, puerto colonial, Las ideas políticas de Fernando Ortiz, Cuba en la historiografía española actual. ….

¡Arriba el telón! es mi última publicación, que fue presentada durante la pasada edición de la Feria del Libro. Estoy encantada con el volumen, en el que se entrelazan las vivencias con la información de la prensa plana, los testimonios y la biografía consultada. Recoge un año de quehacer en los teatros habaneros (1938), ojalá y les guste esta propuesta a los lectores, tanto como a mí.

¿En el ámbito de la educación y la enseñanza en nuestro país, según su experiencia, qué considera que podríamos hacer mejor para perfeccionarla?

Sentar las bases para que en cada aula esté enseñando un maestro que tenga vocación y ame su profesión. Los superespecialistas, los investigadores deben y pueden aportar mucho en sus respectivas áreas de trabajo; que pueden aplicar en los centros de educación, de acuerdo al nivel…pero quienes deben ejercer la docencia, tienen que poseer, además del conocimiento de la disciplina que explica, el dominio de la pedagogía. Un profesor, aunque sea un gran intelectual en el aula, también tiene que formar, no solamente informar.

Las carreras pedagógicas deben destinarse a mejores expedientes de la Segunda Enseñanza, no pueden estar en manos de los que no alcanzaron otra carrera. Necesitamos maestros ejemplares en las aulas para despertar la vocación por el Magisterio.

¿Carmen, qué viene a su mente cuando piensa en la palabra  Cuba?

Cuba es la Patria en que nací, la que me enseñaron a respetar mis padres y a amar mis profesores.

Soy hija de españoles por ambas partes y por la ley que regía en España, cuando vine al mundo tenía todo el derecho a ser española; muchos creen que tengo esa ciudadanía, pero nunca la reclamé. Siempre he respetado la Patria de mis padres, donde viví de niña y donde he recibido, desde hace más de 3 décadas, reconocimientos y halagos. Pero soy cubana y moriré siendo cubana, defenderé a mi país hasta las últimas consecuencias.

Por último, me gustaría saber cómo usted se definiría a sí misma

Algunos me han definido como una mujer con mucho temperamento. Pienso que soy una persona alegre y risueña por naturaleza; valoro mucho una buena amistad; me apasiona la música clásica y los libros bien escritos; detesto la hipocresía, la autosuficiencia y los ídolos de barro y no soporto a los vagos, ni a los irresponsables. No acepto las imposiciones, hay que convencerme…tampoco olvido los agravios, pero tengo la virtud de ser agradecida, ser capaz de reconocer los méritos ajenos  ¡Ah! soy muy trabajadora.