Cartografiar la Nación: la crítica literaria en La Gaceta de Cuba III

A partir de 1990

Cartografiar la Nación: la crítica literaria en La Gaceta de Cuba III

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  • Invitación a la presentación del número 3 de La Gaceta de Cuba
    Invitación a la presentación del número 3 de La Gaceta de Cuba

Cartografiar la Nación: la crítica literaria en La Gaceta de Cuba I

Cartografiar la Nación: la crítica literaria en La Gaceta de Cuba II

La Gaceta de Cuba fue una de las múltiples revistas que sufrió aquello que José Antonio Michelena llama “el colapso” en una época en que “la literatura, las editoriales y las publicaciones periódicas cubanas sufrieron notables transformaciones. En ese intervalo se transitó, primero, por el colapso de la mayoría de las revistas, el fin de las grandes tiradas, la era de las plaquettes, el surgimiento de los Centros Provinciales del Libro y la Literatura (CPLL) con sus sellos editoriales, el nuevo protagonismo del mercado, la búsqueda de los escritores de nuevos espacios —fuera de la Isla—; y luego, por la relativa recuperación de las editoriales, la vuelta (nunca igual) de las antiguas revistas junto a la fundación de otras, la adquisición de capacidades poligráficas por los CPLL mediante la técnica risograph; y la presencia rotunda de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones, con todas sus consecuencias”.[1].

El número de agosto de 1990 quedó en imprenta. La publicación, entonces mensual, con 32 páginas, se imprimía con el método de rotograbado. En 1992 retornó, gracias al apoyo de asociaciones europeas de amistad con Cuba. Según Norberto Codina, “cuando reapareció La Gaceta de Cuba, en la primera nota editorial establecimos que la revista se proponía ser la de antes y distinta”.[2]

La nota editorial de La Gaceta... de enero-febrero de 1992, bajo el título “Decíamos ayer…”,[3] establecía su proyecto para la etapa que comenzaba:

La Gaceta de Cuba, publicación de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, reaparece, sin dolores en el brazo de lanzar, después de una ausencia de año y medio, (agosto 1990), debida a las dificultades con el papel que bien conocen nuestros lectores. En vísperas de su 30 aniversario —el próximo abril— y atendiendo a su nueva periodicidad —bimestral—, la redacción se ha planteado cambios estructurales y conceptuales que paulatinamente seguirán introduciendo y que responden, además —aunque en primera y única instancia— a nuestro objetivo de siempre: hacer la mejor revista posible, reflejo del movimiento artístico y literario cubano, latinoamericano y universal.

Entonces La Gaceta… salía bimestral, con 48 páginas, en papel bond, sin carátula ni presillado. Con posterioridad, en la misma década, pasaría a papel gaceta añadiéndosele una carátula bicolor y un formato de 64 páginas.

Para Leonardo Padura, quien entonces coordinaba la revista junto con Codina y Arturo Arango, La Gaceta… entonces era un proyecto ambicioso y provocativo:

Teníamos el concepto de que la cultura cubana era una y que las valoraciones políticas estaban detrás de esa unidad. A pesar de que para la creación teníamos muy poco espacio, pretendíamos que la nueva cultura que se estaba haciendo en esos momentos tuviera un peso importante en la revista. No hay dudas de que lo fundamental era la reflexión. La reflexión que se estaba haciendo sobre el presente y el pasado cubanos desde una perspectiva que trataba de clarificar, de llenar silencios, de ubicar en su contexto figuras y procesos de etapas anteriores que iban desde la colonia hasta los años ´80.[4]

En esta etapa, exactamente en el número 1 de 1996, surge la sección “Crítica”, a petición del escritor Abel Prieto, entonces presidente de la UNEAC, con el objetivo de incentivar el ejercicio crítico, mayormente entre los jóvenes. La creación de la sección condujo a una reunión entre Abel Prieto, los directivos de la revista y alrededor de 50 estudiantes de las facultades de Letras, Periodismo, Filología, Dramaturgia, Teatrología, etcétera.

“Crítica” resultó un viraje total dentro del contenido y la estructura de la revista, pues intentó, como lo hizo en sus tiempos fundacionales, frenar las deficiencias del ejercicio crítico de entonces, abordando generalmente reseñas, comentarios y textos críticos sobre literatura, teatro, cine, artes escénicas y artes plásticas, ubicados en las últimas páginas de la publicación.

Frente a la sección se encontró, a sugerencia de Abel Prieto, hasta el 2000, su fundador, el crítico e investigador teatral Omar Valiño. Le sucederían a partir de entonces: Desirée Díaz (2000-2003); Mailyn Machado (2003-2006); Leonardo Sarría (2006-2014) y Nahela Hechavarría Pouymiró (2014-hasta la actualidad).

Asegura Daniel Salas, al tratar la sección que “con la aparición de (...) Crítica (...) son abordadas sistemáticamente, desde la reseña o el comentario, diversas obras, tendencias, eventos de la cultura, canonizados o emergentes, representado un progreso en la satisfacción de las funciones sociales relacionadas con la novedad de los temas tratados”.[5].

Al respecto, asegura el crítico, profesor universitario e investigador Leonardo Sarría ante la pregunta: ¿La sección “Crítica” es representativa del acontecer crítico/literario cubano? ¿Piensa que hay géneros favorecidos y géneros discriminados por la crítica literaria cubana?

Creo que sí es representativa. También en la medida en que llegan esos textos, pero creo que sí, que es posible; bien mirado se pueden extraer rasgos del acontecer literario cubano.

Sobre todo la poesía es un género bastante atendible en la revista, no sé si porque algunos de los hacedores de la revista les interesa mucho la poesía, pero creo que también los críticos con que hemos dado en La Gaceta… son también críticos de poesía… Llegan bastantes textos sobre ese género. Pero no es una voluntad editorial favorecer un género, tiene que ver con los propios colaboradores, las propias reseñas que llegan, pues hay una parte de encargo y hay otra parte también de recepción de los trabajos, y me parece que la poesía es uno de los géneros más atendidos dentro de la sección. Pero también teatro, en teatro lo logramos, menos música y menos danza. Literatura, artes plásticas y teatro sí se puede seguir asiduamente.[6]

A inicios del siglo XXI, en el primer número del nuevo milenio, La Gaceta de Cuba retoma el tema de la crítica con la conformación de un dossier bajo el título: “Estaciones de la crítica cubana”. Después de los cambios en el sistema editorial en la década pasada y sus respectivas resonancias en la crítica, tema que había aflorado en el proceso preparatorio del VI Congreso de la UNEAC (1998), urgía retomar la cuestión de manera urgente.

Según la introducción a los textos, La Gaceta de Cuba lamenta la ausencia de autores que hubiesen sido de valor, como Desiderio Navarro, mientras muestra:

…un conjunto de trabajos que hablan, más por sus repetidas interrogaciones que por sus conclusiones, de las incongruencias, asistematicidades, carencias, y también virtudes, de la crítica de fin de siglo en la isla. Resultan, quizás, simples estaciones. Hablemos una vez más de la crítica, entendida para nosotros, por el perfil de La Gaceta de Cuba, como reflexión sobre el arte y la literatura, pero no solo. Es imposible separar ésta de su contexto más amplio, del ámbito en que se desenvuelve, y que no siempre le ha sido propicio. Busquemos, entonces, con ese dossier —que ojala sirva de aliento a nuevas páginas polémicas—, la superación de los seculares entuertos sobre la crítica para entenderla como sustancia imprescindible para la creación y el pensamiento. Superemos las estaciones y entremos en las coordenadas de una legítima y vigorosa crítica actual.[7]

Conforman este dossier los siguientes textos y autores: “Con odio y con amor, como un hombre. Sentido y placer del crítico (cubano)”, de Rufo Caballero; “Para llegar a Jerusalén”, entrevista a Carlos Alé Mauri, por Rogelio Riverón; “Amistades peligrosas (Una vez más). A propósito de Lapsus Calami”, de Yoss[8]; “Bodas de Cenicienta y Tántalo: metacrítica en Cuba”, de Víctor Fowler; “Cuba, años sesenta. Cuentística femenina y canon literario”, de Zaida Capote; “El discurso crítico-literario en la frontera del deber”, de Ariel González; “Testimonio de una crisis”, de Ambrosio Fornet; “Pensar el cine desde «lo otro»”, de Arturo Arango, y “Estaciones legítimas para la crítica de arte”, de Emilio Ichikawa Morín.

En este dossier, Rufo Caballero avizoraba los males de nuestro ejercicio crítico, incluido el que se practicaba entonces en La Gaceta de Cuba:

La crítica supone el privilegio de la razón vandalizada por la subjetividad que relata. (...) La voluntad crítica que no se seduce suele declinar hacia el manualismo divulgativo, descriptor, extrañamente creativo. Y sabemos que el carácter sucedáneo, parasitario, contento de su vasto cometido interpretativo o «traductor», es de siempre retado por la naturaleza eruptiva de la crítica como creación, como arte ella misma... (...) Antes que texto sobre otro texto, la crítica es texto ella.[9]

Y añadía, citando a Northrop Frye (1912-1991), en el clásico Anatomía de la crítica (1957), que “...no se escribe una crítica como se escribe un poema. Se debe intentar hacer sus conceptos unívocos y sus premisas explícitas. Es preciso practicar la hipótesis y la verificación”;[10] mientras lamenta que “durante mucho tiempo el absurdo orgullo de la neutralidad fundamentaba «críticos totales», a menudo nulos, carentes de intencionalidad, de ángulos reveladores en el análisis...”.[11]

Finalmente Caballero expone que “...la crítica en Cuba, en este mismo minuto, es pequeña y pedestre. Porque son escasos los cosmos, porque no abundan las poéticas críticas[12], porque los inventarios aplazan la lubricidad del pensar” (2000, p. 4).

Para Carlos Alé Mauri, en entrevista con Riverón, “no se logra un buen crítico, ni un buen editor, solo con escuela o academia; hay un componente vocacional, exclusivo, que los incluye en la estirpe de los creadores, y de ahí la importancia de atender su presencia y su labor”.[13]

En “Amistades peligrosas (Una vez más). A propósito de Lapsus Calami”, Yoss realiza una crítica a otra crítica. Escribe, en tono resentido, sobre “La ambigüedad de los excesos”, reseña de Pedro de Jesús López al libro Lapsus Calami, de Jorge Ángel Pérez (Premio David de cuento, 1995), aparecida la edición de marzo/abril de 1998, al punto de manifestar que: “tenemos (...) una crítica (y no solo literaria) básicamente paternalista y complaciente. Herencia incómoda de los tiempos triunfales del promocionismo y el perfeccionismo, cuando cuestionar lo que se había hecho parecía pecado mortal”.[14]

Texto que también fuera debatido por el propio Pedro de Jesús en el tercer número del año (mayo-junio) de la revista, con el artículo “A propósito de un mirlo blanco”, iniciando el siglo con un intento polémico en sus páginas. Pedro de Jesús, refiriéndose a su crítica, y a sus propios métodos críticos, le responde a Yoss, al mismo tiempo que pone sobre la mesa otros temas a discusión, cuestionando, casi didácticamente, sino el perfil de la publicación, sí el tratamiento a los trabajos críticos en La Gaceta de Cuba y las publicaciones culturales en general:

…no hago más que confesar mis diferentes experiencias de lectura de la misma obra, y ese develamiento y su personalización constituyen para mí máximas pruebas de eticidad. (...) Mejor sería que el Yoss se preguntara por qué los otros detractores no ejercieron su derecho inalienable a expresarse. Y por qué la publicación de un propio criterio sucede tanto tiempo después de editado el libro de Jorge Ángel Pérez y mi reseña.[15]

Víctor Fowler, en el mencionado dosier de La Gaceta de Cuba, realiza un bosquejo del deterioro —por diversos motivos y en variados aspectos— a que se han visto sometidas las revistas y proyectos críticos cubanos en las últimas décadas: Universidad de la Habana, Revista de Literatura Cubana, Criterios, Santiago, Islas, Contracorrientes, Revista de la Biblioteca Nacional, Boletín del Archivo Histórico Nacional, Cúpulas, Cine Cubano, Revista Bimestre Cubano; el sistema editorial insular, donde han aparecido pocos volúmenes sobre Teoría y Crítica Literaria; los premios a la labor crítica: Premio de la Crítica, el Premio Mirta Aguirre de la Crítica Literaria; los diferentes eventos para analizar la crítica nacional: Forum de Crítica e Investigación Literarias, organizado por la UNEAC, Coloquios de la Crítica Artística y Literaria, de la AHS; las diversas encuestas realizadas por revistas en diferentes años: La Gaceta de Cuba, Revolución y Cultura; el periodismo nacional y el estado de las publicaciones periódicas no especializadas en lo referente a la crítica: Bohemia, Granma, Juventud Rebelde

Sobre este último aspecto, añade Fowler:

¿Qué ha hecho descender a un órgano como Bohemia al lugar lamentable en que se encuentra hoy? ¿Qué impide encontrar en las páginas de Granma o Juventud Rebelde artículos hechos por las mejores mentes críticas del país? Bastará con recordar que obras principales como las Estampas de San Cristóbal de la Habana, de Jorge Mañach, Desde el capitolio de Washington, de Víctor Muñoz, y Sucesivas o Las coordenadas habaneras, de José Lezama Lima, fueron secciones de periódicos recogidas luego como libros.[16]

Y se pregunta, retóricamente:

¿Cómo, entonces, en circunstancias con la complejidad de las de hoy, dinamizar el ejercicio crítico? ¿Cómo superar la precariedad informativa y propiciar la asimilación crítica en la actividad...? ¿Cómo readecuar el pensamiento a las nuevas circunstancias, cuáles son los aliados dialógicos y cuáles los sujetos para el diálogo crítico? ¿Qué necesita ser mejorado, renovado, insertado, desechado en las teorías, métodos y categorías para que expliquen el presente y orienten el futuro? ¿Qué hacer parar que el presente sea pensado y, sobre todo, para que el futuro sea pensado? Haya que responder esto. De otra manera, en las alturas del 2009, estaremos a cincuenta años del triunfo de la Revolución todavía discutiendo acerca del «estado de la crítica» en una quinta encuesta y, no sé,... suena raro.[17]

La sección “Crítica”, actualmente a cargo de Nahela Hechavarría Pouymiró, se mantiene como exponente del quehacer crítico especializado en literatura en La Gaceta de Cuba, aunque pueden aparecer textos con semejantes características en otras páginas de la revista. El anterior dosier fue el último acercamiento amplio de La Gaceta... a la situación de la crítica cubana contemporánea. El raro sonido referido por Víctor Fowler, parece expandirse en ecos sin retorno ni respuestas como reflejo del “estado de la crítica” en Cuba y como puerta abierta, además, a múltiples investigaciones y abordajes.

Notas:

[1] José Antonio Michelena: La crítica literaria cubana. Entre el fuego de dos siglos, Matanzas, Colección Aurora, Ediciones Matanzas, 2010, p. 12.

[2] Norberto Codina: “Monólogo de un revistero. La Gaceta de Cuba: algo de su historia más reciente”. La Letra del Escriba, 2014, nro. 131, p. 5-6.

[3] Célebre frase del poeta y teólogo español del siglo XVI Fray Luis de León (1527–1591).

[4] Jennifer Enríquez Romero: “El Quinquenio Gris… ¿La Gaceta Gris? (Un acercamiento a la revista cultural La Gaceta de Cuba durante en el período comprendido entre 1971 y 1976)”. Tesis de Licenciatura no publicada. Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, La Habana, 2008, p. 16.

[5] Daniel Salas: “La Gaceta de Cuba: A la cultura ida y vuelta. La revista en el sistema de comunicación institucional cubano de 1992 a 1996”. Tesis de Licenciatura no publicada. Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, La Habana, 2007, p. 114.

[6][6] Entrevista realizada el 17 de febrero del 2016 en la sede de La Gaceta de Cuba.

[7] Dossier “Estaciones de la crítica cubana”: La Gaceta de Cuba, 2000.

[8] Seudónimo del escritor José Miguel Sánchez Gómez (La Habana, 1969).

[9] Rufo Caballero: “Con odio y con amor, como un hombre. Sentido y placer del crítico (cubano)”. La Gaceta de Cuba, 2000, p. 3.

[10] Ídem.

[11] Ídem.

[12] Cursivas en el texto original. Añade, además, Rufo Caballero: “Mas el poseer personalidad crítica no se acaba allí donde el estilo se reconoce: se requiere entonces la poética crítica. Somos presa de la vaguedad, nos rondan los críticos sin perfil que no tienen alma ni pulso, ni juicio propio”. La Gaceta de Cuba, 2000, p. 5.

[13] Rogelio Riverón: “Para llegar a Jerusalén”. Entrevista a Carlos Alé Mauri. La Gaceta de Cuba, 2000, p. 8.

[14]Yoss: “Amistades peligrosas (Una vez más). A propósito de Lapsus Calami”. La Gaceta de Cuba, 2000, p. 12.

[15] Pedro de Jesús: “A propósito de un mirlo blanco”. La Gaceta de Cuba, 2000, p. 52.

[16] Víctor Fowler: “Bodas de Cenicienta y Tántalo: metacrítica en Cuba”, La Gaceta de Cuba, 2000, p. 15.

[17] Ibídem, p. 19.