Celia: La albacea de los documentos de la insurrección

9 de mayo de 2020, Centenario de Celia Sánchez Manduley

Celia: La albacea de los documentos de la insurrección

Celia se convirtió en la albacea de la memoria histórica de la Revolución. Junto a las apremiantes tareas inmediatas que planteaba cotidianamente la lucha, se dedicó a salvar el testimonio documental de esa contienda.

Hoy es posible reconstruir el relato minucioso y veraz de la guerra y los inicios de la Revolución en el poder gracias, en gran medida, a la certera visión de Celia Sánchez, a su agudo sentido de la historia, a su celo y pasión obsesiva por conservar los documentos de esa historia.

Cuando Celia se incorporó definitivamente a la Sierra Maestra, en octubre de 1957, se percató de la necesidad de conservar y custodiar los documentos de la lucha armada. Su mochila iba cediendo espacio a dichos documentos, otros los iba depositando en lugares seguros.

En una extensa carta que escribe a Fidel, el 13 de mayo de 1958, a las 2 y 20 de la madrugada, en uno de sus párrafos leemos:

«Hay muchos papeles sin importancia hoy, pero que para un futuro y para la historia serán de gran valor. Mi interés en esto ha sido que cuando se escriba esa historia sea lo que realmente es y no dejen estos papeles escribir historietas, nada prueba más que los documentos, por lo que todo importa después».

Dos cosas muestran estas cartas: confianza en el triunfo revolucionario y conciencia de la historia. Meses después, el 8 de octubre de 1958, le escribió al comandante Almeida, quien se encontraba dirigiendo el Tercer Frente, y le dice:

«Antes que nada mis felicitaciones por todos tus triunfos, no me sorprenden, pues de ti los esperaba. Fidel te escribe largo una carta interesante ahora y después, de la que me hubiera gustado tener copia, pero con el escaso tiempo se me hace imposible. No quiero que salga la carta sin que sepas que no guardo copia pero que confío que tú no te cansaste de guardar papeles y guardes la carta».

Llevaba un control minucioso de la entrada y salida de los documentos, hacía copias a mano y exigía a los jefes la devolución.

Dos meses y medio después del triunfo, el 15 de marzo, Celia escribió a Camilo, con estas palabras:

«He comenzado a poner todo el archivo de la guerra en plástico, los originales. Después pasar ese archivo a rollos de film, que será el archivo de uso y el auténtico para nuestro museo. Ya que me voy a ocupar de esto quiero hacerlo completo, o sea, comenzando de antes del Moncada. Aparte quiero todo lo que sea de Fidel, todos sus discursos, todos sus escritos, sus cartas, hasta el último papelito. En esto pueden ayudar ustedes entregando todo, esto va a ser de todos. Si estás conforme y como ustedes no tienen tiempo puedes delegar todo lo tuyo en mí».

Años después, el compañero Fidel, en su libro La victoria estratégica. Por todos los caminos de la Sierra, escribió que gracias a la iniciativa de Celia Sánchez un grupo de historiadores «recorrieron cada rincón de la Sierra Maestra, donde se desarrollaron los acontecimientos, y recogieron información fresca de las personas en cada vivienda y lugar donde estuvimos, archivando datos sin los cuales nadie y, por supuesto, tampoco yo, podría responsabilizarse con cada detalle que da total veracidad a lo que aquí expongo».

Realmente no es hasta 1963 cuando pudo Celia retomar esta actividad y comenzar la localización, organización y preservación de los documentos en muchos lugares, fundamentalmente en la provincia oriental. Con la ayuda de un reducidísimo grupo comenzó en su apartamento. Luego, a principios de 1964, la actividad rebasaba las posibilidades físicas de su vivienda y fue necesario acondicionar un local cercano, en la esquina de las calles 10 y 11, en el Vedado.

No es hasta mayo de 1964 que la propia Celia anunció la decisión de dar un carácter oficial, dentro de la estructura organizativa de la Secretaría de la Presidencia, al trabajo de conservación de los documentos. Se crea la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado (hoy de la Presidencia de la República), el 4 de mayo de ese año.

Veinte años después, ese día de 1984, en la felicitación del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz a los trabajadores de la Oficina, escribió:

«Nacida del empuje tesonero y la sensibilidad previsora de la entrañable Celia Sánchez Manduley, fue esta Oficina culminación de su tenaz esfuerzo iniciado y mantenido por ella en las duras condiciones de la lucha guerrillera en las montañas de la Sierra Maestra, destinado a preservar los documentos de la lucha insurreccional. Ha correspondido a ustedes, por mandato de Celia, la alta misión de salvaguardar para las generaciones presentes y futuras de la patria ese preciado tesoro histórico. Los documentos que con tanto amor, pasión revolucionaria y dedicación guardó Celia, constituyen uno de los legados más importantes de la Revolución, homenaje perpetuo de respeto, cariño y honor de nuestro pueblo. Esta tarea, a la par que significa un honroso privilegio, entraña una responsabilidad excepcional. […] que esta Oficina de Asuntos Históricos sea siempre monumento vivo a la obra fecunda y la imperecedera memoria de Celia».