Cervantes, Don Quijote y la música cubana

Cervantes, Don Quijote y la música cubana

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Músicos, Escénicos, homenajes, Leo Brouwer
  • Homenaje a Shakespeare y Cervantes en la Sala Abelardo Estorino. Fotos: Roberto Bello
    Homenaje a Shakespeare y Cervantes en la Sala Abelardo Estorino. Fotos: Roberto Bello
  • Homenaje a Shakespeare y Cervantes en la Sala Abelardo Estorino. Fotos: Roberto Bello
    Homenaje a Shakespeare y Cervantes en la Sala Abelardo Estorino. Fotos: Roberto Bello

Donde hay música no hay cosa mala

La Habana conmemoró con muchas actividades el aniversario 400 del fallecimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra (Alcalá de Henares, 29 de septiembre-Madrid, 22 de abril de 1916). Asimismo, la Oficina de Leo Brouwer organizó este evento unido también al aniversario 400 del fallecimiento de William Shakespeare.

Fueron invitadas figuras de la talla de Pilar Jurado y Ricardo Gallen de España, dos artistas de enorme prestigio internacional. Frank Ledesma y Fidel Leal de Cuba, aderezados por el grupo La Quinta Rueda.

El gran concierto se efectuó en el teatro Martí el sábado 23 de abril y Leo Brouwer —por vez primera— se presentó como chairman hablando en alemán (apoyado por la traducción de un actor).

¿Qué tiene que ver Cervantes con la música cubana?

La música cubana penetró en Europa a través de España. De repente, la Iberia de donde habían salido los conquistadores se vio invadida por unas “endiabladas zarabandas” que, al decir de Cervantes en el Celoso extremeño, eran “nuevas en España”. Junto a Cervantes otros autores que no son de menospreciar, como Lope de Vega, Góngora, muchos predicadores, empiezan a quejarse del auge que tienen en España lo que llaman “endemoniadas sarabandas (o zarabandas) venidas de Indias”.

Alejo Carpentier nos explica que esas susodichas zarabandas no eran más que rumbitas. “Y con las diabólicas zarabandas llegó una chacona, no menos remeneada, que según Lope de Vega: “De las Indias a Sevilla/ ha venido por la posta”. Y tras eso un fandango, definido por el Diccionario de Autoridades como “un baile introducido por los que han estado en los reinos de Indias y que se hace al son de un tañido muy alegre y festivo”.

Carpentier en 1977 escribió que esto se trataba de unas danzas mulatas, danzas mestizas —¡y a mucha honra!—, danzas alegres, música bastante “pop” para la época que el padre mariana condenaría en su austero Tratado contra los juegos públicos, afirmando que “la sarabanda era tan lasciva en sus letras, tan impúdica en sus movimientos, que bastaba para incendiar el ánimo de las gentes, aún más honestas”.

Aunque en 1977 todavía no existía la timba cubana, estas danzas tenían más en común con la timba cubana que con el pop.

Pero tal poder de penetración tendría la bullanguera novedad venida de Indias que Cervantes llega a hablarnos de unas “zarabandas a lo divino” que se habían colado en las iglesias, promoviendo a fines del reinado de Felipe II un severo interdicto —muy poco observado en realidad—, que se nos hace más claro cuando sabemos que en Cuba, a mediados del siglo XVII, el obispo Vara Calderón se vería obligado a prohibir que se diesen “bailes públicos en las iglesias” y que se alquilaran negras y mulatas “para que gimieran en los funerales”.

Zarabandas

Según Fernando Ortiz habla del baile de la zarabanda, “que nació impúdica y diabólica (como casi todas las músicas populares de América) en los negros conjuros de los brujos congos y con el tiempo, ya honesta, blanqueada y pomposa, pero desnaturalizada, sin la primitiva vitalidad estética y patética que la hizo nacer y triunfar, se danzó en regia corte festejar la celebración de un concilio de iglesia”.

Ortiz se refería a estas músicas folclóricas que nacen en el “pantano” (abajo), en el charco y se levantan hasta la cumbre. Pero, ese trayecto está lleno de avatares y contradicciones, lleno de una lucha terrible de clases. Música que ha tenido que entrar como “folclore bien peinado” (palabra inventada por Alejo Carpentier). Mientras que Ortiz le llama a eso “arte pasao”, quizás dijo “arte refinado”.

Es muy importante lo que decía el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel: “Si no sabes a dónde vas, regresa para saber de dónde vienes”.