CIDMUC: Una institución vital para la cultura cubana

CIDMUC: Una institución vital para la cultura cubana

  • Laura Vilar Álvarez, musicóloga y directora del Centro de Investigación y Desarrollo de la Música (CIDMUC). Foto de la autora
    Laura Vilar Álvarez, musicóloga y directora del Centro de Investigación y Desarrollo de la Música (CIDMUC). Foto de la autora
  • El CIDMUC cuenta hoy con un archivo sonoro de valor patrimonial que se encontraba en soporte de cintas magnetofónicas y que se digitaliza en el propio Centro. Foto de la autora
    El CIDMUC cuenta hoy con un archivo sonoro de valor patrimonial que se encontraba en soporte de cintas magnetofónicas y que se digitaliza en el propio Centro. Foto de la autora

Al Centro de Investigación y Desarrollo de la Música (CIDMUC) cuatro décadas le han servido para consolidarse como institución de obligada referencia si de estudios sobre la música se trata. Su fundación, en diciembre de 1978, dejaba abierta la puerta a una labor imprescindible de investigación y salvaguarda de la memoria histórica que, aún hoy, continúa siendo totalmente necesaria.

Precisamente sobre la historia de esta institución, sus misiones, logros, retos y perspectivas, conversamos con Laura Vilar Álvarez, musicóloga y directora del CIDMUC, quien, desde el 2006, tomó las riendas del Centro.

La relación de esta mujer con el CIDMUC trasciende los últimos doce años, pues ha estado vinculada a su historia desde la propia fundación del Centro, convirtiéndola en una de las personas más indicadas para dialogar sobre esta institución, subordinada al Instituto de la Música.

Acerca de la creación del CIDMUC, Laura recuerda principalmente a la figura de Argeliers León, fundador del Instituto Superior de Arte (ISA), investigador, musicólogo y que justamente este año Cuba celebra su centenario.

"Argeliers, quien fuera discípulo y compañero de trabajo de Fernando Ortiz, tenía esa inquietud de la investigación y de la formación. Él era, en aquel momento, director de música de Casa de las Américas y vio que la Isla era un reverbero de ideas, de creación, por lo que estaba muy claro de que Cuba, como gran potencia en la música, necesitaba un lugar donde esta se estudiara a profundidad, se asesoraran procesos, se preservaran las memorias", destacó Laura.

Y fue precisamente ese interés del maestro Argeliers el que propició, junto a Armando Hart, en aquel momento Ministro de Cultura, que se firmara por Fidel Castro, el Decreto Ley que establecía la creación del Centro, en un momento de gran fervor del desarrollo cultural del país. 

Una vez fundado el Centro, los trabajadores llevaban una doble misión. En aquella época no había musicólogos graduados, pues paralelo al CIDMUC se fundó el ISA. Es así que los profesionales del ramo se formaban y a la vez hacían prácticas. No obstante, esto no imposibilitó llevar adelante las misiones y objetivos del Centro, apoyado en una estructura muy bien pensada.

"El Doctor Olavo Alén, primer director del Centro, diseñó la Institución con un departamento de desarrollo que se ocupaba de lo sucedido en el presente y se movía hacia el futuro, además de tratar lo referente a las problemáticas de los músicos, los salarios, las orquestas. Este era un departamento que llamaba a la interdisciplina, pues había sociólogos y psicólogos, porque se abordaban las problemáticas reales de lo que sucedía en la música y la sociedad en ese mismo momento.

"También, tenía otro departamento de investigación que se ocupaba de lo que ocurría en el presente e iba hacia el pasado, y que trabajó en lo que después fue un atlas de los instrumentos de la música folclórica y tradicional, partiendo de lo que hiciera Fernando Ortiz, y abarcando todo el país".

Refiere Laura, además, que estos dos departamentos asesoraban al Ministro de Cultura y al Ministerio. Se brindaba información a los medios, se impartían conferencias, se hacían conciertos, y lo que iban haciendo se iba publicando en Mimeografías, para su circulación a los estudiantes de musicología, a las escuelas de arte.

También había un departamento de fotografía y de sonido que hacía las copias y las ediciones. Un área de documentación que recogía todo el quehacer del Centro y daba servicio al público de asesoría, libros y toda una serie de documentos. De esta forma se iba generando un archivo con un valor patrimonial.

Dentro de los objetos sociales del CIDMUC está la investigación de la música cubana teniendo en cuenta las expresiones artísticas de otros pueblos. Para cumplimentar este objetivo, el Centro desarrolló estudios comparados entre los ritmos de la Isla y otras áreas del Caribe.

“Se estudió a los haitianos, jamaicanos, y todas aquellas festividades que hoy forman parte de nuestra cultura, pero que en aquel momento estaban más aisladas. Establecimos convenios de colaboración con países como Granada, Guadalupe, la República Cooperativa de Guyana, Venezuela y en todos ellos realizamos investigaciones. En Angola, por ejemplo, mientras que Cuba estaba defendiendo y peleando en esas tierras, los investigadores cubanos tenían en un hombro una AK, y en el otro una cámara y una grabadora para recoger todos los testimonios, fotos, música. Fueron investigaciones cortas debido al alto presupuesto que estas requieren. Hoy hemos retomado estas investigaciones con el mundo, a partir de convenios de colaboración”.

Dentro de los más destacables logros del Centro durante estas cuatro décadas de existencia se encuentra la creación y preservación de un archivo sonoro y fotográfico que atesora gran parte de la memoria histórica de la música tradicional y folclórica de Cuba.

De acuerdo con nuestra entrevistada, este repositorio sobrepasa los 15 mil fotogramas de instrumentos, casas templos, altares. Hoy, más de un 50 por ciento de esas grabaciones y fotografías han sido digitalizadas, pues se encontraban en un soporte de cintas magnetofónicas.

“Lo más importante es que no hemos perdido ese patrimonio. Esto es una tarea titánica que yo he asumido personalmente porque fui parte de esa historia y conozco bien ese archivo. En él ahora trabajan jóvenes que no vivieron en esa época y en ocasiones no conocen los detalles, y allí es donde intervengo ubicando lo que ellos desconocen, porque sencillamente lo viví. Soy una apasionada de lo que hicimos y estoy muy convencida del valor patrimonial que tiene”, aseguró.

El CIDMUC también tiene un sello editorial y una de las colecciones más importantes D’Campo, la que propone aquellos materiales más añejos como referentes para los jóvenes y quienes deseen continuar la investigación.

“A veces quieres realizar una investigación de cierto instrumento musical pero no sabes cómo se llama, de donde salió y no tienes punto de partida. Entonces, esta colección tiene música y fotos para que las personas puedan identificarlos, además hay un ensayo de lo que fueron esas investigaciones. Ya sacamos el de Granada, vamos a sacar el de Guadalupe, el de Guyana, el de Angola y el de Venezuela que lo vamos a hacer de conjunto con esa nación.

“Paralelamente se hicieron investigaciones más profundas y puntuales que fueron trabajos de diploma en aquel entonces, y estamos llamando a los autores de esos trabajos para que saquen los ensayos”.

Al decir de Laura, esta colección tiene la particularidad de que sale con un disco que se encuentra dentro del libro. Vale resaltar que este no es un CD concebido para el disfrute, si no que sirve de ejemplificación a lo que se lee en el libro.

También está la colección de música y la de estudios, que ya registra 35 libros, para los que el Centro ha vinculado musicólogos jóvenes a la edición. Estas son obras dedicadas a la enseñanza, para el lector especializado; no obstante, a petición del Instituto Cubano del Libro, el CIDMUC está preparando títulos para el gran público.

“Probablemente para la Feria del Libro próxima sacaremos Laminarios de la música cubana, aprovechando ese acervo fotográfico para que la gente conozca la diversidad de instrumentos de la música folclórica que Cuba tiene hoy. La variedad, por ejemplo, de sus instrumentos de percusión. Esas son cosas que al cubano pueden generarle orgullo; saber que tenemos una inmensa gama de instrumentos musicales hechos de manera artesanal es algo impresionante. Eso es parte de nuestra cultura, de nuestro patrimonio, de nuestra memoria histórica, porque son tradiciones centenarias, de carácter familiar, y eso es Cuba”.

El CIDMUC es a nivel nacional el único centro de su tipo, algo que, según nuestra entrevistada, plantea el reto principal de lograr llegar a todo el país.

“En ocasiones los musicólogos en las provincias y las instituciones de música no nos utilizan. A veces no podemos llegar; no obstante, tratamos de colaborar con ellos y de asesorarlos en cualquier investigación. Se podrían hacer muchas cosas, pero no es fácil porque también depende de los recursos financieros para poder ir a las provincias, hacer trabajo de campo. Por supuesto, esto no lo hacemos solos, estamos trabajando con el Consejo Nacional de Patrimonio, con Casas de Cultura, porque sabemos que el futuro es de alianzas, pero lograr realmente una incidencia de nuestro trabajo en todo el país, en la musicología de todo el país, ese es uno de los principales retos”.

Aunque aún el CIDMUC no tiene planes establecidos para la celebración de estas cuatro décadas, a su directora, Laura Vilar, sí le queda claro que le gustaría ver en un futuro al Centro lleno de jóvenes, e insertado en donde quiera que esté la música cubana.

“Yo creo que esa es la misión fundamental de este Centro y es importante que se mantengan las funciones y misiones que hace 40 años Argeliers definiera muy bien. Pienso que esas pautas no deben cambiar mientras Cuba siga siendo una potencia de la música.

“Esto no puede parar porque yo estoy convencida de que el CIDMUC es una institución muy necesaria para la cultura cubana. Aquí lo que no podemos cansarnos, porque si Argeliers lo hubiera hecho no hubiese fundado Casa de las Américas con Haydée, no hubiese hecho el montón de cosas que hizo, y creo que se lo debemos a él”, finalizó.