Coloquio sobre “Cultura y Revolución” para homenajear a Guillén

Coloquio sobre “Cultura y Revolución” para homenajear a Guillén

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Dentro del programa que la Fundación Nicolás Guillén ha organizado en homenaje al poeta nacional por el aniversario 30 de su fallecimiento, el coloquio “Cultura y Revolución” fue un momento especial. En la mañana del lunes 15 de julio se dieron cita en la sala Rubén Martínez Villena de la UNEAC importantes personalidades de la cultura cubana –Luis Álvarez, Nancy Morejón y Abel Prieto, junto al intelectual jamaicano Keith Ellis— quienes, bajo la coordinación de Denia García Ronda, abundaron en la trayectoria y trascendencia de la obra del fundador de la más importante organización de escritores y artistas en Cuba.

Aprovechando la presencia del Embajador de Uruguay en la sala, la sesión se inició con las palabras del investigador uruguayo Montaño sobre la presencia de Nicolás en Montevideo, defebrero a noviembre de 1947, cuando presentó en Buenos Aires su libro “El Son Entero”. Comentó que al poeta le sorprendió el conocimiento de su obra en Uruguay y se mantuvo en contacto con la comunidad de intelectuales uruguaya-africana, los que se encargaron de difundir su obra y resaltar su importancia, al punto de asumirlo como líder de la poesía continental.

El Dr. Luis Álvarez Álvarez profundizó sobre el pensamiento cultural en Guillén, la herencia familiar y el contexto en que se forjó su pensamiento, en medio de la consolidación de la nacionalidad cubana. Resaltó como su mayor aporte el pleno acceso a la belleza a una enorme capa de la población y la apreciación de la cultura cubana como una unidad, en lo que se puede identificar como una poesía “negriblanca" o, mejor, de “color cubano”.

Destacó la forma en que se interconectaron importantes elementos en Guillén, como humanidad y cultura, arte y vida, y señaló cómo él profundizó en el “problema del negro”, entendiendo el concepto de “afro-cubano” como algo repetitivo, a partir de raíces de nuestra historia y nuestra cultura. Comentó que, desafortunadamente, muchas veces se percibe al poeta de forma errada e insistió en la necesidad de estudiarlo en toda su dimensión: con su cultura universal, su visión integradora de las corrientes literarias y su esencia revolucionaria.

Con hermosas y poéticas palabras, como nos tiene acostumbrados, Nancy Morejón valoró como un reto el tema convocado por el panel, pues “Nicolás es una fuente esencial cuando se habla de cultura y de revolución”. Enfatizó que desde muy joven encontró en él la puerta abierta hacia el camino de las trascendentales verdades históricas para entender la cultura cubana: la relación entre La Demajagua y el color de la piel y la pertenencia de Cuba a su geografía natural del Caribe.

Keith Ellis, por su parte, partió del hecho que Cuba y Jamaica son dos hermanas que comparten una cultura común y fue Nicolás quien hizo evidente esa unidad, a la vez que la representó. Recordó la voz caribeña de Nicolás y su cálida amistad, reflejo de saber expresarse con el lenguaje común de todas las culturas que han nutrido la región, y lamentó el prejuicio creado por el eurocentrismo para que no se le otorgara el Premio Nobel de Literatura, a pesar de que se merecía todos los premios por su trascendencia en las letras universales, su creatividad y su contribución al respeto por la cultura de la periferia, de donde es el poeta más destacado. Abundó también sobre algunos aportes de Guillén: en la utilización de los títulos, con su elegancia casi imposible de traducir a otros idiomas, la ruptura con la formalidad de los prólogos, su incursión en temas inconvenientes para los círculos de poder y su defensa a las ideas justas y revolucionarias de Cuba y del mundo.

El cierre del panel le correspondió a Abel Prieto, quien valoró que Nicolás debería ser una referencia en nuestra cotidianidad porque nunca se equivocó: ni en la poesía, ni en literatura, ni en política, ni en el tema racial, por lo que sería un antídoto efectivo contra la “derechización” de la cultura. Abogó por realizar obras audiovisuales atractivas, sobre todo utilizando los nuevos lenguajes que atraigan al público joven, para reflejarla vida y la obra de Nicolás y poner de moda personalidades de nuestra cultura que puedan combatir la concesión a la frivolidad que abunda en muchos medios. Su observación abrió el debate para una reflexión colectiva sobre la importancia de resaltar los valores de nuestra historia y hacerlos visibles.

El presidente de la Fundación, Nicolás Hernández Guillén, resaltó la trascendencia del coloquio, que tuvo el privilegio de contar con grandes conocedores de la obra del poeta nacional y de la cultura cubana y que, además, tuvieron una relación afectiva con él. La Fundación decidió entregar en ese momento la membresía de honor a esa organización al Dr. Luis Álvarez, quien es miembro de la directiva desde sus inicios, tomando en cuenta el amplio y fructífero trabajo que ha realizado en función de la promoción del conocimiento de la obra de Nicolás y de la cultura en general. El encuentro terminó con la presentación del coro Schola Cantorum Coralina, dirigido por la maestra Alina Orraca.