Coloquio sobre Paradiso: balance retrospectivo

Coloquio sobre Paradiso: balance retrospectivo

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Escritores, José Lezama Lima
  • Cierre del Coloquio A cincuenta años de Paradiso. Foto de la autora.
    Cierre del Coloquio A cincuenta años de Paradiso. Foto de la autora.

El pasado viernes culminó el Coloquio Internacional Pensamientos en La Habana. A cincuenta años de Paradiso, que bajo el auspicio principal de la Asociación de Escritores de la UNEAC y el Instituto Cubano del Libro, congregó a más de una treintena de estudiosos de la obra lezamiana en las instalaciones del Centro Cultural Dulce María Loynaz.

Sin ánimo del análisis estadístico que supone toda conclusión de un evento, sí hay que resaltar la calidad de este cuarto certamen dedicado a la obra de Lezama. Si bien se pensaría que el tema no da para más, las ponencias de todos los participantes corroboraron la expresión y validaron la premisa establecida desde el nacimiento del hecho: Paradiso es una obra infinita, y a pesar del tiempo y del estudio no todo está dicho.

Fue un coloquio donde no se puede hablar de un plato fuerte. Todas las investigaciones —unas más llamativas, otras menos— tenían la profundidad digna del grado científico de los expositores. Y aunque es probable que se recuerde con más nitidez la del doctor Hans-Otto Dill, o el Panel Especial Paradiso 50 años después; hasta el tercer día se mantuvo total calidad en ponencias como la del puertorriqueño César Salgado, la “lectura tardía” del Dr. Venko Kanev; o la del investigador Antonio Martínez; quien robó los aplausos durante el relato de sus avatares en la reconstrucción de la biblioteca personal del Lezama.

Tres días para una radiografía integral de Paradiso, (corro el riesgo en decirlo justamente cuando Roberto Manzano afirmó que no hay estudio exhaustivo porque siempre se dejan residuos); media hora para que cada pensador discurriera en el tema que más le atraía. Y así se hizo: su narrativa barroca, su discurso filosófico, su juego con las artes visuales, el esquema pitagórico escondido, sus lecturas religiosas… su contenido homoerótico. Nada fue tabú, porque en la literatura o en Lezama nada puede serlo.

Y sin poder rehuir del dato, vale mencionar la diversidad geográfica de sus protagonistas: México (la delegación más nutrida), Estados Unidos, Chile, Alemania, Francia y otros; lo cual nos hace constatar la universalidad de Paradiso y la importancia que dentro del sistema de estudios universitarios tiene la novela a nivel mundial, pues casi todos los participantes son pedagogos en sus respectivas naciones.

De Cuba, aquellos que no defraudan su memoria como Antón Arrufat, César López, Enrique Saínz, Alicia Alonso, Rogelio Rodríguez Coronel, Alex Pausides, Maggi Mateo, Luisa Campuzano, Basilia Papastamatíu y muchos otros escritores que han de perdonarme el no aparecer en estas líneas. Sin embargo, si se es justo con el poeta y con su obra, pienso que pudieron haber participado más; muchísimas más figuras.

La clausura del Coloquio se hizo en la forma que más le habría gustado a Lezama: un almuerzo como el que haría su personaje Doña Augusta en el capítulo siete de la novela, con el ceremonial requerido para que todos los comensales pudieran traspolarse a solo uno de los rincones de su paraíso.

Cincuenta años de la novela cumbre, cuarenta de la muerte del autor… he vuelto a caer en estadísticas. Sin embargo, la cuenta más importante de todas no está formulada aún ¿Cuánto más? ¿Cuánto queda por descubrir o disertar de Paradiso? La respuesta se pierde en el centenar de sus páginas, pero mientras Licario siga diciendo “ritmo hesicástico, podemos empezar” será esa, simplemente, más que una invitación al retorno.