¿Consumir o disfrutar la trova?

¿Consumir o disfrutar la trova?

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Músicos, Nueva Trova, Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, Asociación Hermanos Saíz, Casas del Joven Creador
  • La  trova no se consume; se disfruta.
    La trova no se consume; se disfruta.

Es muy difícil sustraerse a una imagen romántica del trovador: el hombre, y cómo no la mujer, porque ahí está esa curva formidable que enlaza a María Teresa y Sara, únicamente con la guitarra y la voz cantándole al amor, al desamor, a la Patria, a la naturaleza, o simplemente a los avatares cotidianos de la vida, eso sí, con poesía, inteligencia y pasión. 

Romántica, en este caso, no quiere decir pretérita. Apunta a una preferencia, a un estado de gracia que tiende a difuminarse en una época donde la multiplicación de las fuentes y los resultados sonoros,  la avasalladora fuerza de la visualidad y la imposición mediática influyen y muchas veces modelan los hábitos de consumo.

No he elegido este último término al azar. Muchas músicas de las que hoy reiteradamente se escuchan, al punto que acaban por parecerse demasiado entre ellas, se consumen. La  trova no se consume; se disfruta. El consumo es acrítico, automático, epidérmico, efímero. El disfrute implica predisposición, complicidad, valores emocionales e intelectuales compartidos. Se consume una moda, se disfruta un modo de ser y hacer.

He ahí una diferencia por dónde empezar a la hora de considerar si es adecuada o no, suficiente o no, la difusión actual de la trova. No idealicemos tampoco la historia de la recepción de la trova, especialmente cuando su difusión tuvo que abrirse paso en la época del auge inicial de los medios masivos de comunicación. Los muchachos del filin, trovadores en su mayoría, fueron criticados por sus armonías atrevidas, sus melodías difíciles y sus letras directas. Por suerte hallaron aliados en boleristas y cancioneros de primera línea.

La Nueva Trova, en los 60, trastocó nociones establecidas, que solo fueron arropadas y potenciadas inicialmente por instituciones al margen de los canales principales de difusión, mientras los cultores tradicionales eran confinados a espacios nostálgicos y folclóricos. Una década después el panorama se transformó. El Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC demostró que la trova de entonces podía expresarse fusionada con el rock, el jazz, el tropicalismo brasileño y por supuesto con el son y la rumba. No sé a estas alturas, si para bien o para mal, la Nueva Trova se institucionalizó. Dos chistes de la época son reveladoramente contradictorios. Uno decía que las producciones trovadorescas solo eran buenas para jornadas festivas o luctuosas. Otro era lo que decía al trovador un amigo: "Antes eras prohibido, ahora eres obligatorio”

Pero más allá de tales bazas, los hechos hablan. Las Casas del Joven Creador, la Asociación Hermanos Saiz, las peñas sostenidas contra viento y marea en varias ciudades alentaron la trova y los trovadores, como también no pocos centros universitarios, aún en medio de cambios de paradigmas y el disloque global que se produjo a partir de la última década del siglo pasado. La radio y la televisión han sido en los últimos años intermitentes y pendulares en la promoción de la trova: programas que van y vienen, presencias que llegan y se olvidan, ausencias recurrentes. Es posible también sacar otro balance: si suman los discos producidos en Cuba durante los tres últimos lustros, observaremos que los pertenecientes a la trova, la de anteayer, la de ayer y la de hoy, se hallan en una proporción desventajosa, en comparación con las cantidades acumuladas.

Como bastiones de estos tiempos se alzan tres experiencias que deben ser valoradas: la Pupila Asombrada, que ha itinerado por espacios de la capital y ahora ha ganado un sitio en la televisión; el Centro Pablo de la Torriente Brau con su pertinaz  programa A Guitarra Limpia; y en Santa Clara, El Mejunje con su acogida a la Trovintivitis.

¿Dónde radica el impacto de tales sucesos? En algo que decíamos al principio; en hacer  de la trova un acto de disfrute y no de consumo. Otras preguntas serían: ¿y las calidades de la trova? ¿Cuáles son los límites actuales entre renovación y estancamiento? Más temprano que tarde, valdría la pena abordar el tema.

(Comentario leído originalmente en la sección Contrapunteo, del Noticiero Cultural)