Crónicas de lo real entre milenios

Crónicas de lo real entre milenios

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Plásticos, pintura cubana, plástica cubana
  • Las pinturas de Roberto Braulio se exhiben en el capitalino Palacio de los Torcedores.
    Las pinturas de Roberto Braulio se exhiben en el capitalino Palacio de los Torcedores.
  • Las pinturas de Roberto Braulio se exhiben en el capitalino Palacio de los Torcedores.
    Las pinturas de Roberto Braulio se exhiben en el capitalino Palacio de los Torcedores.

Hace algún tiempo afirmé que, al disfrutar los cuadros del reconocido creador de la plástica Roberto Braulio González Rodríguez (Cárdenas, 1956), el espectador siente una suerte de confabulación ética y conceptual que sobreviene tras ser atrapado por la limpieza del dibujo y por la calidez de los colores llamativos, alegres…, vigorosa confrontación de nuestra psiquis con su arte, el cual, en última instancia, también es reflejo de nuestros propios sueños, dudas, anhelos, frustraciones, dolores y alegrías.

Este multipremiado artífice asume el acto de crear a través de la mística contemplación del lienzo, sobre el cual vierte sus ideas como si se tratara de un campo de juego donde representa el cúmulo de imaginaciones que vienen a su mente, formuladas tras el análisis de situaciones reales o imaginarias. Muchas de sus tesis constituyen, en última instancia, reflejos de su personalidad y de sus emociones más íntimas, derivadas en figuraciones expresivas, de alguna forma relacionadas con el surrealismo y el action painting, sobre todo en ese manifiesto interés por expresar mediante el color disímiles sensaciones: movimiento, ritmo y energía.

Sin embargo, a diferencia de aquellos artistas que utilizan la técnica de salpicar con pintura las superficies de los lienzos de manera espontánea y briosa, los trabajos de Braulio más bien trascienden bajo la influencia de una importante zona del psicoanálisis freudiano, es decir el que presupone desbloquear y sacar a la luz la mente inconsciente.

En varias de las piezas que conforman una muestra especialmente concebida por el también profesor de pintura para ser exhibida en el capitalino Palacio de los Torcedores, existen recurrentes referencias al cubismo, tendencia surgida en París en la primera década del pasado siglo, que desarticula la estética clásica o académica al punto de reducirla a apariencias geométricas que transforman el físico de los cuerpos y de las cosas. Esa intención se puede apreciar no solo en las representaciones de determinadas figuras, sino también en los fondos y en el tratamiento pictórico de específicas áreas de las composiciones de Braulio, quien sin enmarcarse tampoco dentro de ese estilo, en buena parte de sus obras insta al público, como en su tiempo lo hicieron Pablo Picasso o George Braque —dos de los más connotados exponentes del cubismo—, a reconstruir en su mente formas humanas y objetos rediseñados en su psiquis sobre la base de esencias espirituales y no concretamente alusivas a las imágenes que sus ojos le permiten apreciar.

En las producciones de este creador sobresale extraordinaria pluralidad en los discursos, aspecto que igualmente tiene que ver con los enjundiosos análisis asumidos por él en torno a determinados aspectos concernidos a la contemporaneidad insular, los cuales transitan desde la convivencia social, la recurrencia del mar, las remembranzas de la infancia, la maternidad, el miedo y las relaciones de pareja, hasta un erotismo, muy vinculado a nuestra idiosincrasia insular, en la que la ironía, el choteo y el humor instituyen una cualidad de vivir que nos identifica dentro del variopinto cosmos del Trópico.

Inmerso en debates puramente existenciales, el espectador se enfrenta a un empeño que particulariza un modo de hacer arte muy personal, donde en el perfil plástico de las figuras, tiene mucho que ver la interacción de quien las observa, forzado a recomponer la pintura y a establecer sus conclusiones, incitadas también por la propia intención del artista de provocar emociones desde una mirada crítica. Se trata, pues, de crónicas de lo real, reflejadas a través de la disposición y organización de los elementos que conforman las composiciones: cuerpos distorsionados o incompletos, rostros exageradamente expresivos, presencias humanas con rasgaduras de sufrimiento, tristeza o alegría… para finalmente concluir en cuadros con matices surrealistas, enigmáticamente simbólicos y portadores de un rotundo expresionismo contemporáneo.

Sin pretender establecer paralelo alguno con la visión atormentada que predomina en la iconografía del pintor inglés de origen irlandés Francis Bacón, en las obras de Braulio se manifiesta el mismo interés de ese destacado exponente de la denominada Nueva Figuración —movimiento que se desarrolló en los años 60, tras la debilitación del informalismo— por elegir, como médula central de sus creaciones, a la fisionomía humana expuesta mediante distorsiones formuladas desde la más categórica subjetividad, y así expresar su visión sobre la angustiada vida del hombre en la convulsa historia de entre milenios.