De escribir en soledad a la página impresa

De escribir en soledad a la página impresa

Por: Germán Veloz Placencia

En lugar de permanecer anclado en una obra que confirmó la promesa que muchos vieron en su arrancada,  hace algo más de dos años, el poeta holguinero Moisés Mayán Fernández emprendió una osada embestida contra los conceptos que le proporcionaron lectores selectos y desde entonces no ha cesado de ofrecer textos más asimilables por un público, por lo general, esquivo a la lectura de poesía.

Sus propuestas, admite, van dirigidas al ama de casa, al carpintero, al bicitaxista, en fin, al ser común que necesita aliento y, probado está, que no renuncia al enriquecimiento de su universo espiritual para entender las complejidades de los desafíos contemporáneos a los que ningún ser vivo escapa.

La reconceptualización asumida se aprecia en los cuadernos El Factor Discriminante (Premio Calendario 2018 y Premio de la revista La Gaceta de Cuba 2019), Carga al Machete (Premio Regino Boti 2018), Años de Plomo (Premio Manuel Navarro Luna 2018), Mentalidad de Enjambre (Premio José Jacinto Milanés 2018),  El último lector de Marx (Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara 2019) e Historia de la Subjetividad (Premio Fundación de la ciudad de Nueva Gerona  2019).

En total tiene una decena de títulos publicados, ocho de ellos gracias al Sistema de Ediciones Territoriales, cuyo impulsor primigenio fue Fidel, quien, informado de los esfuerzos de un grupo de jóvenes poetas de Báguano que preparaba libros de modo manufacturado, tuvo la clarividencia de convertir, a partir de 2000, las máquinas Riso, empleadas en la impresión de planillas y en propaganda en las empresas capitalistas, en las grandes animadoras del movimiento literario cubano.

No hace mucho, recuerda Moisés, al participar en La Habana como oyente en paneles, escuchó que en 20 años el Sistema de Ediciones Territoriales publicó más de 7 000 títulos.

«Me percaté que estaba en presencia de una revolución de la palabra escrita. La risografía fue la puerta que nos permitió a los jóvenes escritores viajar de lo inédito, de la utopía de escribir en soledad, a la página impresa. Por primera vez hubo municipios donde alguien publicó un libro».

A través de su caso, detalla, ha podido comprobar cómo es el funcionamiento del sistema editorial cubano desde la base. «Tan pronto di mis primeros pasos en un taller literario, me comentaron  lo difícil que era llegar a las editoriales; decían que se necesitaban contactos previos. Pero hoy en día, cuando me sorprendo como miembro de consejos de varias de ellas, reconozco que el Sistema de Ediciones Territoriales no ha hecho otra cosa que encausar el talento y favorecer su desarrollo».

(Tomado de Granma)