Dedican a las madres La Bella Cubana

Dedican a las madres La Bella Cubana

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Músicos, sala Villena, UNEAC, La Bella Cubana
  • En tan emotiva velada, dedicada al Día de las Madres, las profesoras, vocalistas e instrumentistas estuvieron acompañadas por sus hijos. Fotos: Roberto Bello
    En tan emotiva velada, dedicada al Día de las Madres, las profesoras, vocalistas e instrumentistas estuvieron acompañadas por sus hijos. Fotos: Roberto Bello
  • En tan emotiva velada, dedicada al Día de las Madres, las profesoras, vocalistas e instrumentistas estuvieron acompañadas por sus hijos. Fotos: Roberto Bello
    En tan emotiva velada, dedicada al Día de las Madres, las profesoras, vocalistas e instrumentistas estuvieron acompañadas por sus hijos. Fotos: Roberto Bello
  • En tan emotiva velada, dedicada al Día de las Madres, las profesoras, vocalistas e instrumentistas estuvieron acompañadas por sus hijos. Fotos: Roberto Bello
    En tan emotiva velada, dedicada al Día de las Madres, las profesoras, vocalistas e instrumentistas estuvieron acompañadas por sus hijos. Fotos: Roberto Bello

«Las madres son cestos floridos [y] debían llamarse maravilla». Esa frase martiana presidió el espacio La Bella Cubana, que conduce y dirige la musicóloga Alicia Valdés Cantero, y tiene como sede habitual la sala Martínez Villena de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). En esta ocasión, se homenajeó a las madres, sobre todo aquellas que han hecho aportes medulares al desarrollo del pentagrama sonoro insular y de mucho más de nuestras fronteras geográfico-culturales.

La también vicepresidenta de la Asociación de Música de la UNEAC disertó acerca del amor materno y basó su breve exposición en el vigente pensamiento del Apóstol, quien interiorizara e incorporara a su fecunda labor poético-literaria y periodística, que « […] las madres son amor, no razón; […] sensibilidad exquisita y dolor inconsolable».

De acuerdo con esa línea de pensamiento ético-humanista por excelencia, « […] la madre, esté lejos o cerca de nosotros, es el sostén de nuestra vida […]», y cuando desaparece de la faz de la tierra para encontrarse con el Espíritu Universal, leitmotiv en la vasta obra del fundador del periódico Patria, « […] la tierra […] se abre debajo de los pies». Es entonces, y solo entonces, cuando se comprende el valor incalculable que tiene para el encantador retoño el amor sublime con que la progenitora le ha nutrido el cuerpo, la mente y el alma durante toda su existencia. Por lo tanto, el amor materno es la aceptación incondicional de todo lo que el vástago ha sido, es y será.

Con posterioridad, la maestra Valdés Cantero leyó las crónicas «Santísima madre» y «A Celia», de las periodistas Isis Rodríguez y Amaya Saborit Alfonso, respectivamente; y varios niños, adolescentes y jóvenes, con el encanto que identifica a quienes transitan por esos ciclos etarios, aportaron originales definiciones acerca del vocablo madre, el cual describieron con los más hermosos epítetos, escapados de lo más hondo del alma infanto-juvenil.

Por último, se les obsequió a las madres presentes y al público en general, los «regalos espirituales» que nunca faltan en La Bella Cubana, y que, en tan emotiva velada, dedicada al Día de las Madres, estuvieron a cargo de profesoras, vocalistas e instrumentistas, acompañadas por los hijos, quienes estudian música, así como por las hijas (musicólogas) y las nietas (músicos profesionales) del maestro Rafael Lay Apesteguía (1927-1982), eterno director de la emblemática Orquesta Aragón, nave insignia de la música popular cubana.

Las melodías interpretadas en ese contexto festivo acariciaron, con creces, el intelecto y el espíritu humanos; por ende, no me asiste la más mínima duda de que ha sido una tarde inolvidable, que quedará registrada —con letras indelebles— en la memoria poética de quienes tuvimos el privilegio de participar en ese espacio vespertino, donde se agasajara a las flores más bellas y delicadas de la creación: las madres (¿quiénes si no?).