Departures: el dolor de la separación

Departures: el dolor de la separación

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17 Festival de Teatro de La Habana
  • Departures propone una reflexión sobre un tema de importancia global en este momento de agudas crisis migratorias provocadas por la huida desesperada de grandes grupos humanos de realidades críticas. Foto: Tomada de El Ciervo Encantado
    Departures propone una reflexión sobre un tema de importancia global en este momento de agudas crisis migratorias provocadas por la huida desesperada de grandes grupos humanos de realidades críticas. Foto: Tomada de El Ciervo Encantado

El Ciervo Encantado es una de las compañías que he podido seguir su trayectoria durante los últimos años. En el recién concluido Festival de Teatro de La Habana, junto a Departures, asistí a la puesta de ¡Guan Melón! ¡Tú Melón!, en ambas, podemos apreciar la continuidad a una línea de trabajo que ha persistido en el colectivo: la investigación sobre la cubanía y la identidad nacional.

Sobre Departures, el programa de mano reseña que la obra: “propone la reflexión sobre un tema de importancia global en este momento de aguda crisis migratorias provocadas por la huida desesperada de grandes grupos humanos de realidades críticas”.

La partida de los cubanos al norte, la que se ha mantenido desde antaño y la tristeza y el vacío que deja en los amigos, las parejas y las familias es el punto de partida para la reflexión acerca de un tema que ha marcado la vida social en Cuba durante los últimos años.

La puesta en escena, dirigida por Nelda Castillo, tiene en la actuación de Mariela Brito, el principal recurso para la exposición de las ideas que maneja el texto. Los rostros impresos en fotografías, los puestos vacíos en un espacio que simula un salón de última espera de un aeropuerto, son parte de la escenografía. Un decorado que no necesita más pretensiones que las múltiples lecturas que pueden desprenderse de cada objeto y de su ubicación.

Mediante la lectura de las cartas enviadas desde “allá” y la soledad de la destinataria, el público va conociendo a trozos una historia cargada de realidad y dolor.

La historia de cada personaje referido es contada con la crudeza de la vida real: no hay afeites, no se moldea, ni se esconde por dura que esta sea. Porque la vida real, la que vivimos fuera de las pantallas de las telenovelas, está marcada por esa huella de dolor, de separación, de despedidas…A medida que la obra avanza, el espectador conoce esas historias: la de la joven egresada de la universidad, justo en el año 1993, cuando la escasez se hizo palpable en todos los órdenes de la vida y ella, solo percibía un salario de 198.00 pesos y pagaba por un alquiler compartido. Cuando tuvo que dormir en las terminales de ómnibus o en las funerarias, donde, en ocasiones, recibió el pésame familiar que no era para ella.

Otra de las historias se situaba un poco antes, cuando a los miembros de la familia los despojaron de sus pequeños negocios, por un proceso de nacionalización que los dejó sin la única forma de obtener recursos. Los ingresos que generaban la peluquería, la panadería y el taller electrodoméstico, les permitían mantener la familia. Después, nada fue igual.

En otros casos, se refirió los llamados “mitin de repudio”, cuya fórmula lingüística se pudiera expresar en gritos+insultos+huevos=terror, una práctica que distinguió la despedida de muchos de los que decidieron abandonar el país. La mayoría buscaba una vida mejor, sentían que no tenía otra alternativa.

Con estos ingredientes se construye la propuesta escénica, que logra conmover al público, pues desde el inicio un profundo silencio dejó que las palabras fluyeran para hilvanar estos fragmentos, hasta mostrar un mapa.

Desde el primer instante, la actriz hace un despliegue escénico, donde es mezclado con realidades y experiencias personales. La pérdida de un amigo, la lectura de un libro que recuerda como si fuera su propia historia, son parte de esta despedida.

El intercambio final propició el contacto directo del público con las fotografías y la lectura de las cartas, las mismas que habían sido leídas con tanta nostalgia en la escena. Nostalgia que se hizo palpable en las manos de los espectadores, apresando el dolor de la separación.

Por: Eusebio Ebert León Martínez