El arte desafiante de Los Epigramas Malditos

Poesía

El arte desafiante de Los Epigramas Malditos

Los Epigramas Malditos sale a la luz en su sexta edición, por la editorial McPherson. Se trata de un libro estremecedor del escritor cubano Carlos Esquivel, una de las voces imprescindible del panorama literario de la Isla.

Este volumen que ha tenido varias ediciones, sin embargo, leído una y otra vez, sus fugaces imágenes nos provocan un inquietante e inesperado placer.

La sucesión de brevísimas estampas, estructuradas en tres secciones denominadas «Puertas», es la ruta trazada por el autor para conducirnos por caminos diversos que convergen en un mismo punto, profundidad del espíritu y experiencia humana.

Estamos en presencia de un conjunto de textos desafiantes, de una estética muy particular, expresados con perspicacia, sarcasmo y erotismo. Dotados de una precisión lírica, que va asomándose de pronto:

Mi luz no alumbra: quema.

Como si fueran lanzados desde un hoyo profundo, haciéndonos contener el aliento.

Esquivel, trasmite la sensación de estar siendo enfrentado a la vida, a la sociedad, al mundo que nos circunda:

 Damnificado y no de lluvias,

sí de temporales políticos que no proveen

otros recursos que paciencia o rebeldía,

oportunismo o emigración,

la máscara o morir de cara al sol.

Su poesía turbulenta, lúdica, colmada de vida, de aromas, de luz y violencia describen, precariedad y actitudes mezquinas:

«MARIEL. 1980»

Qué falta nos hacen ahora los huevos

que lanzamos. 

Asustándonos con su propensión a revelar de pronto, momentos perentorios de la sociedad cubana y/o a desmantelar himnos y consignas definitivamente desterradas:

No me mandes a la manigua, madre,

que, a veces, morir por la patria

es morir.

«Hijo de Mariana»

Desde el comienzo, alude a la sexualidad por la que transita desde diferentes posiciones:

Antes de escribir y hacer el amor

no me lavo las manos.

Sé que voy a hacer un trabajo sucio.

Azuzando el eros femenino a embridar deseos y pasiones de apetitos particulares:

«Soplos»

Una mujer que se masturba

es como un pájaro en el agua

y no sabe que su reflejo

puede alumbrar la oscuridad

de otro pájaro.

O rivalizando con otros desde una pose lúdica cuyo referente, desde una mirada femenina, nos pudiera indicar una posición falocéntrica sino fuera por la notable presencia de las mujeres a lo largo de su obra.

«DESPUÉS DEL HARDCORE»

Ella te prefiere no porque tu sexo

tenga el doble de tamaño que el mío,

o porque seas, según dices, el ángel copulador.

Te prefiere porque recitas, sin equivocarte,

todas las epíforas de Tibelio.

Carlos Esquivel, le habla a las mujeres, se enamora, las seduce y también se desencanta y rivaliza desplazando sensaciones y sentimientos del cuerpo que brotan como una realidad sensual y lúdica al mismo tiempo.

El poeta consigue acertar desde su primer texto, indicándonos el comienzo de un viaje infrecuente, en el que se funden: erotismo, literatura y sociedad desde una mirada reflexiva, irónica y solaz.

Mostrando con notable sentido del humor el rostro de una sociedad en crisis, excava en los conflictos seduciéndonos a la confrontación, a su deseo de libertad, a la búsqueda de la soberanía individual alejada de convencionalismos, políticas y normas que restringen voluntades y aspiraciones, y limitan la civilización.

Es un libro que se agradece por su extrañeza y admirable estética, por permitirnos atravesar senderos de inconformismos y certezas, escupir venenos que conservan viva la insatisfacción humana para evitar que se asfixie el espíritu y la historia.