El arte naif de Bertha Beltrán

El arte naif de Bertha Beltrán

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Plásticos, Holguín, exposición, arte naif
  • Exposición personal Todo queda en casa de la artista Bertha Beltrán Ordóñez en el Centro Provincial de Arte de Holguín. Fotos del autor
    Exposición personal Todo queda en casa de la artista Bertha Beltrán Ordóñez en el Centro Provincial de Arte de Holguín. Fotos del autor
  • Obra La siesta de Bertha Beltrán Ordóñez. Fotos del autor
    Obra La siesta de Bertha Beltrán Ordóñez. Fotos del autor

El arte naif —caracterizado por el uso espontáneo de elementos basados en la ingenuidad, el autodidactismo, los colores brillantes, los contornos definidos con mucha precisión, la falta de perspectiva, la sensación volumétrica conseguida por medio de un extraordinario colorido… sobre la base de la intuición— está dado, según diversos especialistas, por dos motivos distintos aunque no excluyentes en su esencia: en primer lugar, cierta ingenuidad respecto a las técnicas y teorías para realizar una obra de arte, y en segundo: una búsqueda —consciente o no en el artista— de formas de expresión que evocan a la infancia y su socorrida inocencia: la sencillez aparente es un elaborado esfuerzo de evocaciones donde —para que el arte naif sea auténtico en toda su dimensión— el propósito inicial ha de expresar formalmente aquello que evoque una infancia supuestamente ingenua.

En este último caso se inscribe —a mi juicio— el conjunto de 22 piezas, mayormente en óleo sobre tela y acrílico sobre lienzo, que conforman la exposición personal de Bertha Beltrán Ordóñez, exhibida actualmente la Sala Pequeña del Centro Provincial de Arte de Holguín.

En Todo queda en casa la artista, mediante las posibilidades expresivas del arte naif, “nos propone un encuentro con nuestras tradiciones, escenas campestres, pasajes de la cotidianidad, apropiaciones de la historia del arte, personajes populares…”, según asegura Lissett del Carmen Creagh Frometa en las palabras de presentación de la muestra expositiva.

Entre las obras es necesario destacar, por la concepción sorprendentemente imaginativa que va más allá del arte naif y sus posibilidades expresivas en la búsqueda —como apuntaba anteriormente— de formas de expresión que evocan la creatividad infantil y sus circunstancias, obras como: “Espantapájaro”, “La siesta”, “La locura de Pacola”, “La fiesta de los mamertos”, “Madre”, “Pescadora”, “Sueño de la niña que se orina en la cama” y “Todo lo que necesitas es amor”, esta última una interesante apropiación “nada ingenua” de “Todo lo que usted necesita es amor” (1975), la conocida obra de Flavio Garciandía expuesta en el Museo Nacional de Bellas Artes. Además, tres de ellas estuvieron expuestas recientemente en el Salón de la Ciudad “Oferta 3x1”.

“El arte naif, fruto de la inocencia, está alejado de toda formación técnica y forma parte integrante del mundo del arte de los niños que todos hemos sido. El carácter efímero de los impulsos que llevan al niño a expresarse por medio del dibujo y la pintura no permite que se les califique como artistas, lo que no excluye a sus obras de un concepto”, aseguró Lissett del Carmen Creagh, curadora junto a Yoel Torres Montero de la muestra que se inscribe dentro de las actividades por el 26 aniversario del Centro Provincial de Arte de Holguín.

Bertha Beltrán Ordóñez, licenciada en Historia del Arte y además, especialista de la institución donde muestra sus piezas, es exponente de una tradición cubana de arte naif donde sobresalen nombres como Uver Solís, Ruperto Jay Matamoros, Gilberto Vargas, Julio Breff Guilarte, Marcos Pavón… estos últimos representantes del naif holguinero.

Añade además la curadora: “En el convulso mundo del arte contemporáneo, el arte naif nos propone un especio para refrescar mediante la sátira, aunque no por esto esté exento de reflexión. En ocasiones este tipo de artistas ha sido tildado de “ingenuos”, pero esta ingenuidad no es tal, pues atrapa la realidad vivida y no se interesa ni por la lógica, ni por las prohibiciones y mucho menos por la técnica”.

Todo queda en casa, con diseño de Nelson Mulet Herrera y montaje de Rolando Pupo Tejeda, es un agradable muestrario de las obsesiones y los intereses de una artista que se empeña en ser fiel consigo misma: con sus tradiciones y raíces más genuinas. Y donde además, según las palabras de presentación en el catálogo “presente y futuro quedan fundidos” en la obra de Bertha Beltrán Ordóñez como ejemplo de la creación artística donde prima la imaginación, la sencillez y la vivacidad en su sentido más amplio y natural.