El dilema laboral de la juventud y el Centro de Estudios Martianos

El dilema laboral de la juventud y el Centro de Estudios Martianos

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Centro de Estudios Martianos
  • El joven investigador durante el homenaje por los 40 años del centro. Foto: Rubén Ricardo Infante
    El joven investigador durante el homenaje por los 40 años del centro. Foto: Rubén Ricardo Infante

Estimado público, a petición de nuestra directora debo hablarles en representación de los trabajadores bisoños del Centro. Hace ya tiempo dejé de estar dentro del grupo de los de menos edad, pero, si insisten en verme como veinteañero, acepto gustoso el ofrecimiento. A mí parecer son disímiles las problemáticas de la juventud del presente y por esto es necesario que una institución como esta, que estudia y divulga la obra de José Martí —por demás, el autor del legendario discurso “Los pinos nuevos”—mantenga como estrategia la aceptación de estudiantes egresados de la universidad.

Desde la segunda mitad del siglo XIX se develaron los principales conflictos de las sociedades modernas. El modelo del mundo occidental mostró sus grandes ventajas y peligros. Nunca será ocioso buscar, en los intelectuales de aquella centuria, los desequilibrios y pugnas del ser humano contemporáneo. Charles Baudelaire, Karl Marx, Walt Whitman o el propio José Martí vivieron con lucidez en grandes ciudades y describieron en francés, alemán, inglés y español los injustos roces de clases, razas, generaciones y religiones que habría de padecer la humanidad dirigida por burgueses aristocráticos declarados o encubiertos.

Para nadie es un secreto que la juventud es el músculo y el ímpetu de los pueblos y que las naciones envejecidas y desestimuladas están condenadas a la ruina. Mientras más trabas se les ponga a los jóvenes en el acceso al conocimiento y a los puestos laborales, más rígidos y lentos se vuelven los países y se pierde en los mismos la capacidad de renovación y relevo.

Martí, por ejemplo, no solo criticó la disparidad generada por los monopolios y el gran capital, sino también condenó las discriminaciones originadas al interior de los centros de trabajo, fenómeno tan visible en la actualidad como el hecho del aumento de la edad de retiro o el alto porcentaje de los muy jóvenes dentro de la clase desempleada del mundo. En 1883, al analizar el problema obrero en los Estados Unidos planteó:

Egoístas y tiránicos los gremios, niegan a los hombres nuevos, de su misma clase y familias el derecho de aprender los oficios en que ellos trabajan; solo permiten aprendices en el número en que se necesitan de ellos, más como bestiecillas de carga que como alumnos inteligentes; se rebelan contra las leyes mismas de la naturaleza; no quieren que haya obreros nuevos, para que no les hagan competencia en sus oficios: si a despecho de ellos, los jóvenes aprenden sus oficios, —se coaligan contra los jóvenes, y les prohíben trabajar en ninguno de los lugares donde trabajan los miembros de los gremios, que amenazando huelga, o de otra manera más violenta, consiguen que el empleador despida al “nuevo” o que éste se retire atribulado.[1]

En este solemne acto que hoy nos reúne, celebramos los 40 años de un centro de trabajo, específicamente del Centro de Estudios Martianos. Como es obvio, no podría hablar de sus orígenes, pero sí podría afirmar que en estos últimos doce años, la dirección del mismo ha mostrado una actitud comprensiva y realista hacia el trabajador más joven. Casi tozudamente ha mantenido su confianza en ellos en contra de no pocos sinsabores y actitudes egoístas. Sería una verdadera locura pensar que un recién graduado podría igualarse a un investigador experimentado, pero considero aún más demente el exceso de paternalismo o la indiferencia. A veces una sencilla conversación, o un simple consejo pueden ser más necesarios que la realización de un frío informe estadístico.

Los paradigmas de la cultura cubana deben enseñarnos a no caer en el conformismo educativo; pues fue un joven Martí quien pudo escribir en inglés impecable el texto “Vindicación de Cuba”; o él mismo que pudo discursar en el contexto de la Conferencia Monetaria Internacional de Washington. Y hablamos del hijo de un celador y un ama de casa que en coyunturas aún más difíciles que esta, porque ni siquiera se tenía independencia patria, se propuso y convenció a muchos de salvar a un país. Esta misión de salvamento nunca se concluye y como el mundo se hace cada vez más profesional y competitivo no debemos cejar en la formación cultural de nuestra juventud.

Personalmente, le debo mucho al Centro de Estudios Martianos. Comencé en el cotejo de textos en la Edición Crítica: la impresión de leer publicaciones como El Partido Liberal de México, La Nación de Buenos Aires o los números originales de La Edad de Oro. Pude desarrollar mis propias investigaciones y conferencias en el departamento de Literatura y, más recientemente, la coordinación académica del Anuario. En todos los casos nunca me ha faltado la palabra de estímulo, la recomendación sincera y el reto a mejorar cada día. Mis deseos, entonces, de larga vida a esta institución y mi anhelo de que nunca se pierda en ella la comunión y aprendizaje entre generaciones. Muchas gracias.

Notas:

[1] José Martí: Obras completas. La Habana, Editorial Ciencias Sociales, 1975, t. 9, p. 480.