El extraño caso de La piedra de Sísifo

El extraño caso de La piedra de Sísifo

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Escritores, Roberto Manzano, poesía, poesía cubana
  • Roberto Manzano es un ser legendario y admirado entre los entonces jóvenes poetas.
    Roberto Manzano es un ser legendario y admirado entre los entonces jóvenes poetas.

Este es el caso: La piedra de Sísifo de Roberto Manzano es un poema más allá de un cuaderno, un poema extraordinario, se diría de alto y a la vez, rasante vuelo, un poema majestuoso (si es que este adjetivo no suele perecer demasiado suspicaz). Lo cierto es que se trata de una obra mayor que me dejó convulso, lleno de furia y ternura a la vez como si asistiera al paritorio de una nueva fuente de luz y sombra.

Imagino cuán angustioso debió ser para Manzano escribir este poema en el año de 1993. Un hombre sin tiempo, no tendría que hacer nada en la poesía. Pero resulta que el poeta que escribió estos desgarradores y hermosos versos lleva la memoria de su nación por dentro, su nación que es también el mundo que anidamos.

La piedra…, más allá del mito, es como el fresco monumental de una estación de la vida que vivimos alguna vez. Un jalón de lo que somos en medio de la infinitud de un alud de imágenes. Un poema en el que se funden en aleación prodigiosa la leyenda y la historia, los recuerdos y las premoniciones, la fantasía y la realidad, el contexto y lo aparente. Todo en rara amalgama como en el ajiaco de Dios. 

Cuando leía una y otra vez el poema, primero de un tirón y después desafiando el orden de sus quince partes, me sentí como ante un magno torrente. No sé porqué me venía a la memoria aquel poeta romántico de apretado cuello en su corbata, frente a las magníficas cataratas del Niágara. Más yo no sentía como aquel solo las grandiosas volutas de agua cristalina y su atronadora música sinfónica. Yo, sentía en el abrumador chorro: luz y sombras, sangre y gloria, desesperanzas y fuerza. Sentía el himno tenebroso de los que luchan, heridos, por la vida.

Una manada ancestral en estampida son estos versos. Una epopeya que no nos es ajena ni lejana ni olvidada. Manzano, diestro en sondear los espíritus nos tiende el luengo pergamino como un mapa de batallas. La riqueza de sus signos, la palabra precisa, el giro imprevisible, la cuerda de cáñamo con que nos guía hacia su fin, nos explica porqué, además, es una obra maestra.

Es un poema donde la madre naturaleza, casco y lirio, se adivina en la cuesta.

Yo también estoy en el empujón incesante y fiero de la piedra, estoy con José y con Juan y con el otro Pedro y con los hijos de los hijos y los padres de los padres. Yo también hago de Sísifo y tengo su coraje.

La piedra de Sísifo es el canto de gesta del anhelo del hombre resurrecto, su sueño, sus miles de sueños, su herida, sus miles de heridas. Nada de lo humano y lo divino se escapa de estos versos.

Veinte años antes, en 1973, Manzano había escrito otro monumental texto: El canto de la sabana. Un poema que nos galopa todavía en el alma con sus cascos vírgenes de potro salvaje. Y es el mismo poeta, la misma mano empedernidamente guajira la que escribió: “Desde el hombre y desde la tierra Cosecha de masivo sol y de semilla pura. Casimba de reciente población, Yo sé de dónde te viene la crecida…”. Y es el mismo guerrero, la misma mano curtida por los soles, por los aguaceros, por los lodazales, por los fuegos a mansalva de la supervivencia la que escribe: “También me llamo Polvo. Puño de polvo. Frente de polvo. Ojo de polvo. Polvoriento, levanto el puño. Alzo la frente, polvoriento. Polvoriento, yo miro hacia lo lejos. Mirando hacia lo lejos, sueño…”.

Y si, al propio Manzano hubiéramos de aplicarle su cruceta, entonces estaremos en presencia de un poeta popular y culto, antiguo y moderno y por ello, universal. Un gran poeta humilde del que sentirse orgulloso y con el que todavía no se saldan todas las deudas.

La piedra de Sísifo llena en la poesía cubana de estos tiempos, un vacío. Un poema que solo pude leer tras veinte años de haber sido escrito y que llevaré a cuestas de por vida, como una paka, ese pequeño talismán que llevaban los cimarrones en su huida hacia la luz.

La piedra de Sísifo está dentro de nosotros, somos la piedra y Sísifo a la vez. Eso me enseña Manzano: somos el incesante empuje cuesta arriba, la implacable caída, el principio, el fin y el principio otra vez. Una espiral eterna como la vida.

Cuando conocí a Manzano a finales de los setenta ya era un ser legendario entre los entonces jóvenes poetas y aunque todavía su canto de la sabana no había sido, creo, publicado, nos sabíamos de memoria sus estrofas magníficas.

Hoy, sigue siendo el mismo ser legendario entre los hoy jóvenes poetas.