El Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso reabre sus puertas

El Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso reabre sus puertas

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  • El colosal teatro abrió sus puertas en saludo al aniversario 57 del triunfo de la Revolución Cubana.
    El colosal teatro abrió sus puertas en saludo al aniversario 57 del triunfo de la Revolución Cubana.

El General de Ejército Raúl Castro Ruz, presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba, asistió a la reapertura del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, donde en la sala García Lorca de la restaurada institución cultural, el Ballet Nacional de Cuba (BNC) presentó la gala Tríptico Clásico, para festejar —con música y danza— el aniversario 57 del triunfo de la Revolución Cubana.

El programa artístico incluye el primer acto del ballet romántico Giselle, con coreografía de la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, directora general de la emblemática compañía, y miembro de honor del Consejo Internacional de la Danza, sobre la original de los maestros Jean Coralli y Jules Perrot. Libreto de Théophile Gautier y Vernoy de Saint-Georges, inspirado en una leyenda popular germánica recogida por Heinrich Heine, y música del maestro Adolphe Adam.    

El segundo acto de El Lago de los cisnes, con coreografía de la eximia ballerina, sobre la original del maestro Lev Ivanov y música del maestro Piotr Ilich Chaikovski; y el tercer acto de Coppelia, con coreografía de Alicia Alonso, sobre la original de Arthur Saint-Léon y la versión del maestro Marius Petipa. Libreto de Charles Nuittler y Arthur Saint-Léon, basado en un relato corto del narrador, compositor y artista de la plástica alemán, E.T.A. Hoffmann, y música del maestro Léo Delibes.   

Los papeles protagónicos de esas gemas danzarias de todas las épocas y todos los tiempos fueron desempeñados por las(os) talentosas(os) bailarinas(es) Anette Delgado y Dani Hernández, Sadaise Arencibia y Alfredo Ibáñez, Viengsay Valdés y Víctor Estévez, respectivamente, muy bien secundados por solistas e integrantes del cuerpo de baile, cuya actuación se caracterizó —básicamente— por la plasticidad para adaptarse al ritmo coreográfico y dramatúrgico de las obras llevadas a escena y el respeto a la técnica académica y al estilo que distingue a cada una de ellas. El acompañamiento musical estuvo a cargo de la Orquesta Sinfónica del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, dirigida por el maestro Giovanni Duarte.

La función del día primero de enero estuvo dedicada al personal que —de una u otra forma— participó en la reparación capital efectuada durante más de tres años en el coliseo de La Habana Vieja..

Las instituciones que intervinieron en la colosal restauración de esa joya de la arquitectura colonial son: TECNOESCENA, Fondo Cubano de Bienes Culturales, ARTEX, Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográfico, Consejo de la Administración Provincial de La Habana, Oficina del Historiador de La Habana, Servicios Integrales Especiales, Agencia de Protección contra Incendios, y la Organización Básica Eléctrica Soterrado del Ministerio de Energía y Minas.

Esas figuras insignia del BNC demostraron, con creces, que ellas(os) han interiorizado e incorporado a su estilo inconfundible de danzar, las sabias enseñanzas del célebre maestro ruso, A. Schaiskevich, quien estima que «no son los battements a la barre, ni el virtuosismo de una elevada técnica, los que producen el milagro del vuelo […], es el arranque espiritual, el éxtasis». Espiritualizar la técnica académica; he ahí la llave que abre todas las puertas del fascinante mundo coreográfico-dramatúrgico.

Qué otro recurso aportado por las artes escénicas o la ciencia sicológica podría utilizar la primera bailarina Anette Delgado para representar la impactante muerte de Giselle, la joven campesina que fallece por amor al Duque de Silesia, y se convierte —por la magia de la danza— en una willie del bosque. Para que la primera bailarina Sadaise Arencibia pueda irradiar, por todos y cada uno de los poros del cuerpo y el alma, la ternura y dulzura que identifican —desde la vertiente caracterógenica— al personaje de Odette, la princesa-cisne. O para que la primera bailarina Viengsay Valdés evidenciara sobre las tablas que bailar deviene una fuerza interior que transmite energía positiva, y por ende, permite emplear —con precisión y exactitud— los disímiles medios que le ofrece la técnica académica y la interpretación teatral, para caracterizar a una muñeca de cuerda…, única e irrepetible.

Para las(os) carismáticas(os) bailarinas(es), danzar es sentir el ballet como un chispazo de electricidad que les recorre, no solo el esquema corporal sino también les acaricia el intelecto y el espíritu En consecuencia, las(os) incita a entregar lo mejor de su yo artístico para regocijo de los amantes del arte de las puntas y los colegas de la prensa especializada, quienes percibieron —desde lo más hondo de su ser— ese «corrientazo» que los hizo vibrar de emoción y ovacionar hasta el cansancio la indiscutible excelencia artístico-profesional de tan versátiles danzarinas(es).