El mundo "real" de Curbelo

El mundo "real" de Curbelo

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Escritores, poesía, Literatura, traducción, Jesús David Curbelo
  • Jesús David Curbelo uno de los escritores más polifacéticos de las letras cubanas.
    Jesús David Curbelo uno de los escritores más polifacéticos de las letras cubanas.

Si hay personas que van por la vida alimentándose con los versos, esos que nadie ha escrito, pero que están en la cabeza de los grandes artistas, él es una de ellas.

Si hay poetas que lo son aunque no lo parezcan, existen otros que lo son, lo parecen y lo transpiran en cada inhalación y expiración de aire/poesía; él es uno de estos. Porque no hay que vivir las letras desde las nubes de la abstracción, ni enajenarse de la gente, de la bulla y de los "placeres mundanos" para ser un gran literato.

Precisamente porque la bulla, la gente, los "placeres mundanos" y hasta la burocracia, enriquecen la vida de los escritores verdaderos; esos que van por la calle vestidos como cualquiera, con la misma mirada que cualquiera y, sin embargo, son artistas.

Jesús David Curbelo es, sin dudas, uno de ellos.

El actual director del Centro Dulce María Loynaz conduce su labor creativa por encima, a pesar, de las demandas administrativas de un cargo como este y de sus horas de docencia en el Instituto Superior de Arte.

Si bien manifiesta recelos sobre sus incursiones más oportunas en los distintos roles lingüísticos que desempeña, Curbelo asume el goce evidente que le proporciona cada uno de ellos. Y es que son la poesía, la narrativa y la traducción, esas maneras otras, o únicas, en las que este escritor (verdadero) vive, y hace vivir a sus personajes y lectores más fieles.

¿Qué conflictos de los seres humanos reflejan sus obras?

Me interesan todos los conflictos de los seres humanos, solo que no tengo talento para escribir sobre buena parte de ellos. Por eso he preferido concentrarme en la angustia de existir, esa que se produce a contrapelo de procesos, fenómenos y leyes que parecen diseñados para impedirlo. Visto de esa manera, podría decirse que el principal interés de cuanto escribo apunta hacia lo ontológico, hacia el difícil arte de ser. Lo que sucede es que eso ocurre en los meandros profundos de los textos, pero lo que de modo epidérmico se aprecia son las relaciones entre las personas, sus conflictos sociales, familiares, de pareja, “menudencias” que son, desde luego, el componente fundamental de esa angustia.

¿Con cuál de los ejercicios que ejerce como creador (traductor, ensayista, narrador, poeta) siente más placer y en cuál es mejor?

En otros sitios he confesado que me da más placer traducir. Eso seguro obedece a mi pereza, defecto de personalidad que resaltan con insistencia algunas voces detractoras. Y debe ser cierto. Traducir significa trabajar menos porque se supone que el autor original hizo la mayor parte. Igual, no sabría decirte en cuál soy mejor, si es que de verdad soy bueno en alguno. La poesía representa para mí una forma de entender el mundo, de ver la vida, y desde ella enfoco, entonces, el resto de mi actividad literaria. Sin embargo, cada género tiene sutiles peculiaridades que hace falta atender; aunque me encanta burlarme de ellas y mezclar modelos genéricos, estratos lingüísticos, referencias culturales, etc., ese “relajo” necesita cierto orden interior, ciertos abanicos conceptuales que suelo encontrar en la poesía, sobre todo en la lectura de las poéticas de algunos grandes autores.

Cuando traduce un texto de literatura, ¿hasta dónde media este referente ajeno en sus posteriores creaciones?

En mi caso ha mediado bastante. No podría afirmar que traduzco a un autor y automáticamente su cosmovisión y sus marcas estilísticas me influyen. Lo que sucede es que en el proceso de relación con ese autor y su obra tengo que leerlo con profundidad, meditar acerca de sus particularidades conceptuales y formales, y ese acercamiento me obliga a repensar muchas cosas acerca de mi modo de entender y practicar el arte literario. En esas reflexiones siempre adopto aspectos interesantes de este y de aquel y ese magma plural se incorpora a mi espectro de preocupaciones y suele aparecer, por lo general transfigurado y recontextualizado, en mis trabajos posteriores.

¿Hasta qué punto aleja a un escritor de su "musa" el compromiso frente a una institución, aunque esta sea cultural?

Hasta puntos insospechados. Soy una persona responsable y trato de desempeñar mi papel de “funcionario” lo mejor que puedo, pero resulta agotador, al menos para mí, que detesto el ejercicio unipersonal de cualquier tipo de poder o zona de manejo de influencias. Lo mejor que tiene esa experiencia es que me ha permitido seguirme adentrando en los lados oscuros del alma humana y disponer de nuevos “expedientes” para ahondar en la angustia existencial, desde campos tan llenos de ella y tan propensos a provocarla como la política, la ideología, la sociología. No obstante, ese es un conocimiento medio inútil, al menos para mí: a estas alturas no tiene mucho atractivo escribir una novela sobre la burocracia, o una suite de “poemas de la oficina”, o una diatriba contra esto o aquello. Tal vez me sea útil para abordar ciertos temas ensayísticos en los que ahora navego, que tienen bastante relación con la actividad sociocultural y las relaciones de la poesía con el poder, con la ética y con la filosofía.

Desde hace un tiempo existen dos corrientes en la literatura cubana: una protagonizada por autores que incluyen en sus obras alusiones y descripciones de las más diversas prácticas sexuales y otra parte que critica la existencia de esos temas. Obviamente usted está entre los primeros. ¿Por qué expresarse a través de un tema tan polémico y cargado de prejuicios como la sexualidad (que vende, lo sabemos) cuando se trata de alguien talentoso que no requiere de "trucos" para comercializar sus libros?

No se trata de trucos. La sexualidad y el amor, tal vez no en ese orden, son una de las mayores fuentes de conflictos que hay. No sabría escribir sobre la felicidad o el equilibrio. Por eso me adentro en esos temas escabrosos, para explorar los abismos propios del deseo de posesión, los celos, los resentimientos, el miedo al fracaso, el deterioro físico y psíquico, la constatación de que cualquier placer, por intenso que fuera, solo representa un breve lapso, y luego seguiremos en los mismos círculos concéntricos, etc. El universo erótico-amatorio sirve también para abordar, incluso de una manera más divertida y potable, otros terrenos más áridos como la política, la economía, etc.

Abordar la sexualidad puede resultar peligroso en tanto interpretaciones de exclusión u omisión de las distintas preferencias sexuales, ¿cómo lidiar con esto?

En algunos textos he abordado los conflictos de la homosexualidad masculina o de la bisexualidad o de la transexualidad. Cuando uno trabaja con materias complejas y sensibles como esta no puede permitirse el dudoso lujo de los prejuicios. Tampoco resulta sensato permitírselos en la vida cotidiana. Discriminar a los demás por sus preferencias sexuales ha sido una ominosa práctica que, al menos en el caso cubano, llevó a lugares muy incómodos y redundó de manera muy nociva en nuestra vida política, social y cultural. Sería muy mal cubano si refrendara esos errores en mi actividad diaria o en mi producción literaria.

¿Cuánto de Curbelo y de su mundo real hay en los mundos que se construye?

Bastante, aunque esos mundos son en buena medida autónomos, independientes de mí y de mis limitaciones de género, época, clase o lo que sea. Identificar a los autores con los narradores, personajes, sujetos líricos y etc., es un juego al que ciertos lectores no paran de someterse pero que no arroja resultados de ningún tipo. Aquí cabría terminar con una pregunta metafísica: ¿qué es el mundo real? Cualquier hipotética respuesta contiene (o no) la contestación a tu pregunta.