El parque de Manuel

El parque de Manuel

  • El parque de Manuel. Foto del autor
    El parque de Manuel. Foto del autor

Las caricaturas de Manuel Hernández (Limonar, 1943) ambientarán un parque de la ciudad de Matanzas. El parque está en la calle Jovellanos, desde Ríos hasta Narváez. Tiene una curiosa disposición porque Jovellanos va descendiendo, en sorpresiva pendiente, y el parquecito, sobre los albergues de la Escuela de Arte, “se queda como en el aire” —al decir del propio Manuel—. La hermosa vista al San Juan es otro punto a su favor. Sin embargo, no contabacon una distinción, con una personalidad… Hasta ahora…

El parque de Manuel, como empiezan a llamarlo, muestra avances. Ya en los muros se ven dos murales, con la técnica de esmalte sobre loza, y se ha emplazado parte de una escultura, de grandes dimensiones, preparada con metal y cemento coloreado. Falta más. Se espera que a finales de este año se halle listo, “si es que nos hacen llegar a tiempo ciertos materiales, ciertos recursos que nos deben” —advierte el artista.

—¿Todo un parque para Manuel? ¿Cómo se te ocurrió la idea?

—Un parque para mí no, para mis caricaturas. Y por otro lado, a mí no se me ocurrió la idea, sino a mi amigo el escultor Osmany Betancourt (el Lolo). Es él quien ejecuta los murales y las piezas volumétricas, inspiradas en una selección de mis caricaturas. Es él quien se ha echado esto encima.

Te voy a confesar algo: en un primer momento pensé que todo no era más que una locura. Pero el Lolo insistió y mira tú, ya tenemos un adelanto. Si las cosas siguen así, Gaudí tendría motivos para morirse de envidia…

—¿Gaudí? ¿El arquitecto español?

—En Barcelona hay un parque hecho por él. Lo visité y me impresionó. Hermosísimo. Y muy grande. Pero este de la calle Jovellanos, aunque sea pequeñito, y sea solo “el de Manuel”, va a tener su cosa.

Pienso que el mismo hecho de partir de mis caricaturas ya le incorpora una carga simbólica. Las imágenes, las escenas que estarán ahí, han sido elaboradas desde la reflexión acerca de nuestro día a día, y al ser emplazadas en un parque, uno de los espacios públicos por excelencia, no hacen más que volver a su punto de partida, en una especie de reencuentro con nuestras esencias, y, en específico, con lo popular.

Esto implica algo más. De su rinconcito en los diarios, en los suplementos, en las revistas… las caricaturas saltan, agigantadas (con hasta tres metros de altura), como con vida propia, hacia este otro lugar, donde adquieren nuevos valores, donde cumplen con nuevas funciones.

—¿En algún momento habían tenido tus caricaturas estas proporciones, habían “saltado” a estos otros espacios y funciones?

—No ha sido habitual pero he tenido experiencias interesantes. Una vez participé enuna exposición en Bellas Artes, partiendode mis caricaturas en los medios de prensa. Dibujé en cartón, a escala natural, y luego recorté, preparando una instalación que aludía a los viajes al extranjero; gustó tanto que se hizo un material audiovisual, un corto… En los carnavales de Matanzas, en otras épocas, dibujaba cientos de caricaturas en carteles de un metro de altura que se colocaban en postes, paredes...

Resalta algo que me había dicho el Lolo no pocas veces. Según él, muchas de mis caricaturas tenían una proyección tridimensional. Ahora lo está demostrando en el parque...

—La caricatura también ha “saltado” a tus lienzos, a la cerámica, alas losas, tejas, platos, jarrones y otras vasijas u objetos insospechados que te han servido de soporte…

—Menospreciada por algunos, yo agradezco las posibilidades de expresión que me ha brindado la caricatura. Ha condicionado mi manera de ver, de pensar… En todo cuanto hago está su marca.

La caricatura exige un fuerte ejercicio intelectivo, preparación cultural, atención a lo que te rodea, a tu tiempo… Muchos se sorprenden cuando digo que el ejercicio diario de la caricatura me causaba estrés.

La caricatura es esencia. Prescindir de todo lo otro para quedarse solo con lo que sostiene, con el nervio, con la columna de carga, y desde ahí, pensar, interpretar, salir hacia nuevos caminos…