El Presidente y los Canarios (I)

El Presidente y los Canarios (I)

Todos se echaban a las calles de Bayamo a recibir a Carlos Manuel de Céspedes (1819-1874). Era esta una ciudad del oriente de la Isla. Al producirse el alzamiento de los cubanos, dirigido por el Padre de la Patria, en octubre de 1868, se convirtió en capital de los independentistas. Era aplauso inacabable ante cada victoria: fuera una columna macheteada o una población capturada luego de rendir la guarnición a plomazos.

Admiración muy espontánea la que despertaba Céspedes entre sus conciudadanos, en aquellos meses finales de 1868. En la imaginación popular debía ser hombre poseído, de voluntad divina, aquel terrateniente y abogado del oriente del país, dueño de un ingenio azucarero y esclavos.

El 10 de octubre de ese año, se lanzó por los caminos retando al imperio español a una guerra a muerte por la independencia de Cuba. La osadía del grupo que lo siguió sorprendió a todos y, en especial, a las autoridades coloniales.

El entusiasmo dominó por entero cada día y noche. Sitiados en sus cuarteles y derrotadas sus incursiones, los hispanos cedieron terreno ocupado por los revolucionarios, quienes esperaron festejar la próxima Noche Buena en Cuba Libre. Todos lo reconocen como la autoridad máxima de los revolucionarios en el Oriente del país. Pero estos criollos desconocían la tenacidad hispana.

Muy pronto, el capitán general de la Isla organiza poderosas columnas que –una tras otras—, son lanzadas hacia el oriente en un intento de reconquistar Bayamo. Hay fracasos iniciales pero la superioridad en hombres, armas y disciplina de los peninsulares acaba imponiéndose. En enero de 1869 los bayameses queman su ciudad antes de entregarla al enemigo.

Comienza a declinar, entonces, inesperadamente, la suerte del líder cubano; aunque en abril de 1869, los independentistas constituyeran la República en Armas y Céspedes fuera designado su presidente. Su gobierno, tan solo llega hasta el límite de los campamentos y prefecturas insurrectas; al tiempo que el enemigo, ha lanzado columnas y destacamentos que persiguen a los insurrectos con implacable saña.

Son los momentos del gran abandono. Aquella multitud que lo aclamaba a su entrada a la ciudad de Bayamo ha desaparecido. Céspedes seguido por un grupo, muy reducido, de incondicionales a él y a la idea de la independencia vaga por los bosques cubanos. Es uno de los hombres más odiados y perseguidos por el imperio hispano. Se le ha puesto precio a su cabeza.

(Continúa)