Eliseo Diego y un fenómeno de la cultura cubana llamado Orígenes (Parte I)

Eliseo Diego y un fenómeno de la cultura cubana llamado Orígenes (Parte I)

A través del grupo y la revista Orígenes, Eliseo Diego se conectó estrechamente con José Lezama Lima, en tanto consolidó sus relaciones con otros jóvenes intelectuales de la época, muchos de los cuales se conocían por su activa presencia en el prolífico ámbito intelectual de la cuarta década del pasado siglo en la capital.

Dentro de ese fenómeno de la cultura insular que devino Orígenes quisiera resaltar, en ocasión de su centenario, la impronta de Eliseo de Jesús de Diego y Fernández-Cuervo, quien se consideraba, ante todo, un bardo: “Soy de oficio, poeta, es decir, un pobre diablo a quien no le queda más remedio que escribir en versos”, pero su prolífera labor intelectual también se extendió al ensayo, las traducciones y la prosa, géneros en los que su talento del mismo modo brilló.

Conocido en todo el mundo sencillamente —tal fue su existencia— como Eliseo Diego, este gran hombre de las letras hispanoamericanas nació el 2 de julio de 1920 en La Habana, y falleció en México, a la edad de 74 años, el 1 de marzo de 1994; noticia sobre la que el Premio Nobel de Literatura en 1990 y premio Cervantes en 1981, Octavio Paz, poeta, ensayista, dramaturgo y diplomático mexicano —uno de los más influyentes escritores del siglo XX y de los grandes poetas hispanos de todos los tiempos—, comentó: “solo faltaba la muerte a Eliseo Diego para convertirse en leyenda de la Literatura Latinoamericana”.

Asimismo, el emblemático escritor, guionista, editor y periodista colombiano, Gabriel García Márquez,  Nobel de Literatura en 1982, lo consideró uno de los grandes poetas de la lengua española Es significativo el hecho de que, tras llegar los restos de Eliseo a La Habana, el 4 de marzo de 1994,  fue enterrado en la necrópolis de Colón en una bóveda  muy cercana a la de su gran amigo José Lezama Lima, fallecido el 9 de agosto de 1976.

Orígenes: paradigma de la cultura insular

En el año 1944 surge lo que posteriormente sería un paradigma de la cultura insular: el grupo y Revista Orígenes, encabezado por José Lezama Lima, y conformado, bajo los preceptos de la amistad y el diálogo espiritual, por varios intelectuales de su tiempo, quienes asumieron la mejor concreción del espíritu moderno. Entre sus fundadores estaba Eliseo Diego, relevante figura de las letras insulares cuyo centenario celebramos en este verano.

Aquel trascendental acontecimiento se produjo  en la Iglesia de Nuestra Señora de las Mercedes, en la ciudad de Bauta —situada a 29 kilómetros por la carretera antigua, al Oeste de la capital—, donde oficiaba el Padre Ángel Gaztelu, también integrante de la célebre asociación de noveles creadores de la vanguardia insular.

Principio, raíz patria…

Orígenes, según el Diccionario de la Real Lengua Española es una palabra que significa “Principio, nacimiento, manantial, raíz y causa de algo”, además de “Patria, país donde alguien ha nacido o tuvo principio la familia o de donde algo proviene”, premisas sobre las que Lezama Lima creó este proyecto que arriba ya a sus 76 años de creado y que se considera uno de los sucesos más singulares de la cultura cubana.

Junto a Lezama y el Padre Gaztelu, Eliseo Diego de igual forma sostuvo reciprocidad afectiva con tres de los jóvenes que posteriormente se integraron a Orígenes: Cintio Vitier y las hermanas Fina y Bella García Marruz, luego emparentados a través del amor hasta que la muerte los separó.

Otros poetas, músicos y pintores también se nuclearon en torno al memorable proyecto y fundaron la revista homónima que hizo historia en las letras cubanas: José Rdríguez Feo, Virgilio Piñera, Octavio Smith, Lorenzo García Vega, Cleva Solís, Gastón Baquero, Julián Orbón, José Ardévol Gimbernat, Mariano Rodríguez, René Portocarrero  y Agustín Pí.

Dos parejas de enamorados

Corría la primera mitad de los años 40 del pasado siglo, y el afecto entre Eliseo y Cintio se había fortificado grandemente. Asistían a tertulias, presentaciones de libros y espectáculos escénicos. Ambos tenían entonces poco más de 20 años de edad y desde entonces sellaron sus respectivas vidas con las hermosas muchachas, igualmente movidas por la literatura: Bella y Fina, quienes vivían en la calle Neptuno número 308, en Centro Habana, donde se realizaban encuentros entre algunos escritores de la época, cita que fue bautizada por Agustín Pi como El Turco Sentado.

Eliseo y Bella se conocieron en el año 1941 en la Universidad de La Habana, donde no terminaron sus carreras para más tarde matricular Pedagogía; se casaron en la Parroquia de Bauta el 17 de julio de 1948; mientras que en ese mismo centro de altos estudios Fina y Cintio —quienes desde la adolescencia profesaban admiración y respeto por José Martí y su obra—,  entablaron una amistad que devino en un profundo amor consumado el 26 de diciembre de 1946. Ambos matrimonios fueron bendecidos por el padre Ángel Gaztelu. 

Los cuatro impacientes intelectuales generalmente viajaban juntos a al templo de la apacible ciudad de Bauta —hoy municipio de la provincia de Artemisa, que hasta el año 2010, perteneció a la antigua provincia de La Habana—.  Allí Gaztelu ofreció su residencia —hoy Biblioteca municipal Antonio Maceo— y la iglesia para propiciar el encuentro del grupo reunido por Orígenes.

Lezama y Bella

Pero, en un inicio, a José Lezama Lima  solamente lo conocía Cintio, Eliseo, Fina y, posteriormente Bella, se mantenían en activo con la revista a  través de sus colaboraciones,  pues no habían tenido la posibilidad de relacionarse con el notable poeta, novelista, cuentista, ensayista y pensador estético cubano que trascendió al mundo con su novela publicada en 1966, Paradiso —considerada por muchos críticos como una de las obras maestras de la narrativa del siglo XX—.

En varias entrevistas, Bella contaba la anécdota de cómo conoció y habló con Lezama en la Librería Económica, ubicada en la calle O'Reilly, número 466, casi esquina a Villegas, en La Habana Vieja. En un día del mes de marzo de 1946, ella andaba de recorrido por esa zona en busca del libro La mujer pobre, de León Bloy, para regalárselo a Eliseo. Lezama adquirió el volumen y, para sorpresa de ella, se lo regaló. Antes de entregárselo escribió una dedicatoria: “A las hermanas García Marruz, a su distinción y temperamento”, con fecha marzo de 1946.

Antes del surgimiento de Orígenes, Eliseo publicó en el primer número de la revista Clavileño —fundada en agosto de 1942 por Cintio y Gastón Baquero— su  prosa poética titulada Boabdil, un significativo texto que conmovió a la crítica y que firmó bajo el nombre de Eliseo de Diego.

Algunos estudiosos afirman que las esencias origenistas se remontan al año 1937 con la aparición del poema Muerte de Narciso, de José María Andrés Fernando Lezama Lima, quien había sido  inscripto con ese nombre en el Registro Civil al venir al mundo  el 19 de diciembre de 1910 en el campamento militar de Columbia, en La Habana —hijo de un coronel de artillería—, simplemente conocido como José Lezama Lima,  asimismo devenido una de las más importantes figuras de la Literatura Hispanoamericana, que aunque se dedicó sobre todo a la poesía y al ensayo, se le recuerda fundamentalmente por su faceta de novelista.

Impugnación a todo lo que epidermizara la cultura

El proyecto origenista era "un rasguño en la piedra", al decir del propio Lezama. Se trataba de una organización verdadera, de un ente que, por tener raíces de grandes profundidades sociales, históricas y culturales, no dependía de los arrastres de vendavales coyunturales, en una época caracterizada por la banalidad republicana donde la consonancia de una política regida por doctrinas impuestas por corruptos gobernantes, constreñía los horizontes de cualquier tipo de valoración cultural que se revelara en la isla.

Aquel conjunto de intelectuales expresaba su desacuerdo ante la opresión social. Mediante esa conducta contestataria, Orígenes devino propugnador de un novel propósito empeñado en profundizar en los gérmenes de la cultura nacional, partiendo de la impugnación abierta  a todo aquello que epidermizara la cultura. Para sus integrantes, la idea central de su acción emergía de una visión teleológica y trascendental, en la que, ante todo, se enaltecía el sentido de "lo cubano", apreciado desde los planos más profundos, es decir, los  más recónditos y esenciales de la realidad. Esos conceptos sirvieron de estandarte en la lucha por la emancipación plena del hombre, ahondando en su ser individual y participativo, para llegar a las entraña y raíces de sus formas de decir y actuar.

Esencialidad y del afianzamiento del hombre

Según el filósofo y ensayista español, José Ortega y Gasset exponente principal de la teoría del perspectivismo y de la razón vital, Orígenes constituyó la búsqueda de la esencialidad y del afianzamiento del hombre.

A Orígenes le antecedieron Verbum (1937),  Espuela de Plata (1939-1941), Clavileño (1941-1943), Nadie Parecía (1942-1944), Poeta (1942-1943); para finalmente derivar, en 1944, en esta revista igualmente alentada por el Padre  Ángel Gaztelu, quien facilitó el recurrente encuentro de aquellos intelectuales.

Bien se ha enfatizado que Orígenes, como revista co-dirigida por el promotor cultural, traductor, periodista, editor y crítico literario José Rodríguez Feo, materializó un espíritu poético que redimensionó la realidad cubana. De este modo esa realidad no sólo es expresada, recreada y valorizada, sino asumida en su carnalidad. No sólo fue un espacio para cultivar y publicar de poesía, sino fue tribuna de ella, el cuerpo que expresó el espíritu devenido forma expresa de una nacionalidad defendida a toda costa, visionada más allá de su significante para ser el solo significado.

Fragua de la nacionalidad cubana

Esos preceptos editoriales ya habían sido anunciados en el segundo número de Verbum por el crítico de arte y diplomático  Guy Pérez Cisneros, quien en un artículo sobre varios pintores cubanos expresaba, en cuatro significativos puntos, la acción cultural del grupo. El primero de esos apartados proponía “derrocar todo intento artístico de tendencia política, pues en este momento toda tendencia política que no sea estrictamente nacional, está forzosamente equivocada y sólo nos puede conducir a una desaparición total”; mientras que en el cuarto y último se afirmaba  “alentar con celo todo lo que sea capaz de crear la sensibilidad nacional y desarrollar una cultura”.

Más adelante Guy sostenía que “este deber, por minúsculos que sean nuestros medios y nuestras fuerzas, trataremos de cumplirlo para que por fin, estas paredes históricas que nos rodean y que quizás avergüencen mis palabras, lleguen a ser: la fragua de la nacionalidad cubana…”.

Otro planteamiento concordante con los enunciados de Pérez Cisneros, los expuso Lezama Lima, en 1937, en su célebre Coloquio con Juan Ramón Jiménez, donde argumentaba el propósito de concretar el mito de la insularidad e integrarlo como aporte a la personalidad social y cultural de la nación.

(Continúa)