Eliseo Diego y un fenómeno de la cultura cubana llamado Orígenes (Parte II)

Eliseo Diego y un fenómeno de la cultura cubana llamado Orígenes (Parte II)

Emblema revolucionario de la cultura insular

Fue esa reunión de talentos, de espiritualidades tan grandes como divergentes, la que ocasionó, con sus respectivas obras literarias (poesía, narrativa, crítica literaria, artística, estética y filosófica) una gran conmoción cultural. Por sus aportes y por la indiscutible calidad de sus textos, así como por la concreción de un espíritu poético. Durante sus doce años de existencia, la Revista Orígenes devino emblema revolucionario de la cultura insular en aquellos años.

Eliseo, tal y como lo hicieron otros de sus colegas integrados al grupo, editó varias de sus obras en Ediciones Orígenes, como su libro de prosa poética Divertimentos, publicado el 12 de marzo de 1946 en los Talleres Úcar, García, S.A., ubicado en Teniente Rey No.15, en La Habana Vieja, imprenta en la que también vio la luz el 5 de enero de 1949 su  primer y célebre poemario En la calzada de Jesús del Monte,  una de las obras más intimistas de la literatura caribeña.

José Martí: el gran antecedente

En un artículo publicado por Enrique Saínz en el número 1 del año 2012 de la Revista Espacio Laical, titulado De las entrañas de la isla, sobre el grupo Orígenes señala: “Ahí estaba, sin dudas, la vanguardia, pero llevada hasta límites insospechados por sus más fieles adeptos. Fina García Marruz ha señalado que Lezama era más delirante que todos los vanguardistas, aseveración que podemos corroborar leyendo sus páginas representativas. Y además hallamos en Muerte de Narciso, como en su acercamiento a Garcilaso, innumerables fuentes espirituales y una decisiva voluntad de ruptura, también proclamada por los movimientos surrealista, cubista, dadaísta. Desde su propia época Lezama se remonta hacia el pasado e integra múltiples elementos diversos para crear otra interpretación de la vida y de la cultura, propuesta radicalmente distinta de todas las que animaban los lineamientos ideoestéticos en aquellos años. El gran antecedente estaba en José Martí, el hombre que aunó, con recia voluntad creadora, poesía e historia, pasado y porvenir”.

Hay que apuntar que la mayoría de los integrantes de Orígenes tuvieron en sus sólidas formaciones las enseñanzas de los grandes maestros del cristianismo, sobre todo de muchos de sus poetas. Fina García Marruz alega en su libro La familia de Orígenes (1997) que “Dante es un nombre más esencial a nuestro modernismo que Verlaine”, de donde se infiere —según Enrique Saínz—, que “también para Orígenes el gran poeta florentino fue más importante porque para los poetas del grupo el gran autor católico había alcanzado lo que ellos, como los modernistas, también buscaban: la catolicidad, es decir, la universalidad que habría de integrar vida y muerte, cuerpo y alma, Poesía e Historia.

“Esa religiosidad profunda de los origenistas —agrega—, asumida desde posiciones libres, sin desentenderse de los dogmas, pero sin vivirlos en sentido estricto, dio al grupo una manera muy peculiar de asumir la cultura precedente y coetánea, como se evidencia en la lectura que hicieron Lezama, Vitier, García Marruz, Diego y Smith de los poetas que mayor significación tuvieron para ellos. Ningún poeta cubano, exceptuado José Martí, se planteó semejantes tesis ni alcanzó a realizar tan extraordinarias interpretaciones de sus autores formativos como ellos”.

Nuestra América como un solo cosmos

Otro valioso aporte de los origeneístas, fue su cuidadoso escudriñamiento en la variopinta arquitectura de la nacionalidad cubana, a través de disimiles textos que de alguna manera contribuyeron a establecer una posición estrechamente vinculada con el latinoamericanismo, en concordancia con el ideario martiano en el que se insta a comprender a Nuestra América como un solo cosmos, una Patria grande, desde el Río Bravo hasta La Patagonia, en tanto integrar a la isla al vasto universo de la cultura mundial.

Tales empeños fueron posibles a través de sus producciones literarias, en las que no establecieron diferencias  entre una personalidad insular u otra hispanoamericana, europea, asiática o de cualquier otra región del orbe.

Se ha comprobado que muchos de los volúmenes de poesía, teatro, narrativa y ensayos hispanoamericanos de mediados de la pasada centuria establecen nexos indiscutibles con los trabajos publicados en Orígenes, tanto a través de su revista como en los libros de  sus integrantes, en todos los cuales, de acuerdo con los criterios de muchos de los grandes maestros de la literatura, y de prestigiosos críticos, emanó un fecundo taller fundado y enriquecido sobre la diversidad, tomando como punto de partida las raíces más hondas de nuestra ínsula, subyacentes en nuestros ancestros: el indio, el negro, el español, el chino….

Como expresara el sabio Don Fernando Ortiz, en su artículo titulado Factores humanos de la cubanidad, publicado en la Revista Bimestre Cubano (Marzo-Abril de 1940): "Cuba es un ajiaco, ante todo, una cazuela abierta. Eso es Cuba, la isla, la olla puesta al fuego de los trópicos... cazuela singular la de nuestra tierra, que ha de ser de barro, muy abierta".

Monumental e indestructible  herencia

En tal sentido, la propia presentación de Orígenes afirmaba: “Queremos situarnos cerca de aquellas fuerzas de creación, de todo fuerte nacimiento, donde hay que ir a buscar la pureza o impureza, la cualidad o descalificación de todo arte (…) nos interesan fundamentalmente aquellos momentos de creación en los que el germen se convierte en criatura y lo desconocido va siendo poseído en la medida en que esto es posible y en lo que no engendra una desdichada arrogancia.”

Con la mirada en el pasado y sobre la base del necesario e ineludible enriquecimiento de nuestra identidad, la obra del grupo Orígenes se erige en monumental e indestructible  herencia de los cubanos, joya que, como afirma Saínz, constituye un importante instrumento cultural a tener muy en cuenta en “esta época de creciente pérdida de valores, de avances tecnológicos que parecen juegos de la imaginación y que contribuyen, en su lado negativo, a desustanciar la vida y a hacernos creer que los grandes problemas se van a resolver con los avances científicos, las propuestas de estos poetas y pensadores poseen un extraordinario significado en la medida en que nos inducen a indagar más adentro en nosotros para ver nuestras insuficiencias y nuestra pobreza.

“Creo que la cultura de nuestros días —añade— tiene en este grupo de escritores, pintores y músicos uno de sus grandes momentos no sólo por las calidades intrínsecas de sus libros, sino además por habernos enseñado a mirar y comprender, sentir y disfrutar la alegría de la vida y la esperanza de un mundo mejor hasta el día de la eternidad”.

Bien es cierto que, durante su existencia,  Orígenes no tuvo un explícito carácter polémico;  sin embargo son conocidos sus espinosos debates en defensa de determinadas tesis y planteamientos de sus autores en algunos escritos, sobre todo aquellos que enfrentaron valientemente la desvergüenza y la corrupción de los mandatarios de la época y sus principales seguidores, además de la mediocridad, a veces humillante, del ambiente cultural que era alimentado por los poderosos oligarcas con el principal fin de entretener a la rancia burguesía cubana.

Absurdas disputas

En una magistral conferencia del poeta, ensayista y promotor cultural, Roberto Fernández Retamar —presidente de la Casa de las Américas hasta su fallecimiento en julio de 2019—,  publicada en la revista Thesaurus, del Instituto Caro y Cuervo, de Colombia  (Tomo 49, Número 2 , correspondiente al año 1994), bajo el título de Orígenes como revista, el destacado intelectual cubano  puntualiza: “En cuanto a la circunstancia nacional en que vivió Orígenes, el propio José Rodríguez Feo —(1920-1993), crítico, traductor, ensayista, editor y uno de sus directores— la caracterizaría años después señalando que en la Cuba de entonces ‘prevalecieron la corrupción administrativa, la malversación de los dineros del pueblo, el enriquecimiento de los politiqueros con los negocios más sucios, el pandillerismo, la división del movimiento sindical y el sometimiento total del país a las imposiciones del imperialismo yanqui’. Convertida además Cuba en feudo de la mafia".

Tras la publicación de  42 números, entre 1944 y 1956,  con portadas en cada una de sus ediciones que fueron ilustradas por grandes pintores cubanos, además de los 23 libros que vieron la luz bajo su sello editorial, así como los numerosas programas culturales que alentó y defendió dentro de una ferviente unidad de trabajo, lamentablemente la revista Orígenes —que también tuvo como editores iniciales a Mariano Rodríguez y Alfredo Lozano Peiruga—  llegó a su fin debido a absurdas disputas por viejos odios españoles entre sus dos directores, Lezama Lima y Rodríguez Feo.

Sucumbía así aquella revista que en su número 16, correspondiente al  invierno de 1947 —se publicaba cada tres meses, en correspondencia con las estaciones del año— afirmaba que  “todo podrá tener acogida en nuestras páginas, menos lo chusma, lo frío informe, lo apresurado, y el rezagado que quiere ahora pasarse de listo, cuando todos sabemos que llegó tarde a la fiesta y no tiene alegría ni expresión para hacer otras fiestas”.

Para muchos, el pleito entre Lezama y Rodríguez Feo fue superfluo, aunque provocó  doloridas repercusiones entre la intelectualidad cubana y de Hispanoamérica. Tras la discordia entre ambos intelectuales se editaron dos revistas con el mismo nombre, Orígenes, una de ellas dirigida por Lezama, quien se valió para ello de un Consejo de colaboración integrado por algunas de las figuras cubanas más notables de esa época, y la otra, creada por Rodríguez Feo, con otro Comité de Colaboración integrado por escritores extranjeros.

 “Orígenes se había rajado, y empezaba a extinguirse. Una, la de Lezama, quedó desguarnecida; otra, la de Rodríguez Feo, era un conjunto amorfo de colaboraciones, aunque no pocas de ellas fueran en sí excelentes”, afirma Retamar en la prestigiosa publicación Thesaurus  dedicada  esencialmente a  los campos de la lingüística y la literatura, tanto en lengua española como en lenguas indígenas americanas.

Seguidamente enfatiza: “¿Qué habría ocurrido si, de no haberse publicado los exabruptos que asesinaron a Orígenes, esta hubiera durado al menos dos años y medio más, hasta el triunfo revolucionario de 1959, un triunfo que sus dos exdirectores, a la sazón absurdamente separados, saludaron con entusiasmo? No puedo dejar de pensar que en ese caso nos habríamos ahorrado ciertas mediocridades y groserías. Aunque esta conjetura no puede desconocer que el clima cada vez más espantoso del batistato muy probablemente hubiera hecho imposible la sobrevivencia de Orígenes, como ocurrió con la nueva revista de Rodríguez Feo, Ciclón, fundada en 1955 e interrumpida por él en 1957”.

En tan breve espacio no es imposible hablar con mayor profundidad sobre Orígenes, cuyo subtítulo fue Revista de Arte y Literatura, fenómeno cultural en torno  al que hay  mucho qué estudiar y difundir aún, especialmente entre las jóvenes generaciones que apenas conocen de la existencia de este maravilloso esplendor de cubanía, en el que dejó su impronta uno de los más brillantes intelectuales cubanos de todos los tiempos: Eliseo Diego, quien precisamente desde la Biblioteca Nacional José Martí, donde trabajó en la década de los años 60 del pasado siglo, promovió la literatura y la lectura para niños y jóvenes. Sirvan estas líneas como homenaje a este gran escritor que asimismo nos legó una extensa bibliografía, en la que además de la poesía,  aparecen la prosa y la traducción, para de tal modo ser acreedor del Premio Nacional de Literatura, en 1986, y del Premio de Literatura Juan Rulfo, en México, 1993.