En busca del sonido perdido de la música cubana

En busca del sonido perdido de la música cubana

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  • Cuba tiene una riqueza rítmica inigualable en todo el continente.
    Cuba tiene una riqueza rítmica inigualable en todo el continente.

La música comenzó, dentro del hombre primitivo, en la prehistoria, en las aldeas y cavernas, costumbre que ha llegado hasta nuestros días. Andando el tiempo, los bardos, aedos, rapsodas, griot, juglares, trovadores, ministriles, minnesingers, llevaban la música por pueblos, las interpretaban en plazas públicas o esquinas de las calles.

La humanidad es una, el desarrollo cultural siguió en todas partes caminos similares. Las mismas leyes han regido el desarrollo de la cultura de los pueblos. Las exigencias masivas, las explosiones sociales han ido transformando las exigencias de la recepción musical. Con esta manisfestación se han ido transformando también los instrumentos y los formatos musicales.

Los hábitos del público musical fueron cambiando cuando los procesos comunicativos en la música fueron bruscamente suspendidos por los medios “artificiales” de la música electrica, gracias a la introducción rápida y sucesiva: en 1899 del fonógrafo, en 1919 la radiodifusión sonora, en 1925 las grabaciones electrónicas,  en 1927 el cine,  en 1936 la televisión,  en 1948 el disco de larga duración (LD),  en 1950 banda sonora o cinta magnetofónica, en 1955 estereofonía, en 1969 sonido cuatrofónico y en 1971 video casette. (Las fechas, según la musicóloga mexicana Carmen Sordo corresponden no al surgimiento de estas invenciones, sino a la aparición de las mismas de manera masiva en el mercado).

Vemos así que con solo oprimir un simple botón se obtenía música de los lugares más remotos, inimaginables para muchos oyentes aldeanos. La música comenzaba a crear una “nueva magia”, un nuevo mundo impensado siglos atrás.

En la actualidad la música se alimenta de las posibilidades electrónicas de la llamada música de acero. A veces los conciertos –sobre todos los presentados por la juventud– están acribillados por un estruendoso sonido que no permite percibir las voces de los cantantes. Las luces aturden y no dejan apreciar con toda magnitud las bondades de la música. Por otra parte, las luces se proyectan directo a los ojos de los espectadores, haciendo casi imposible visualizar el espectáculo.

La música ha tomado nuevos cauces, son corrientes que no se pueden obviar. Sin embargo, la música y su forma de presentación tendrán en algún momento que hacer una búsqueda de los orígenes.

Las músicas permeadas de “fusiones” apabullantes, asumirán una búsqueda de las músicas iniciales (prístinas). Siempre sucede así en las civilizaciones modernas, se busca los comienzos, que alimentaron los ritmos de un país.

Casi siempre la conga, la tumba y el son  (músicas de fuerte origen afro), son los que salvan a la música cubana de tantas influencias foráneas. Los cubanos, por su origen isleño, por el lugar en que viven en el corazón de América, reciben todo tipo de influencias llamadas “modernas”. Recordemos en la colonia española todo el bombardeo de contradanzas, romances, chaconas, zarabandas, polos tonadillas. Cuando irrumpe lo afro, hecha a un lado todas ese extranjerismo. En el siglo XX, llegan el jazz, el charleston, one two y otras variantes. El danzón tambalea, de repente el son se marida con el danzón y surge el danzonete, le sigue el “nuevo ritmo” (mambo) de Arsenio Rodríguez, Israel y Orestes López, Los Cachaos. Y la música cubana se dispara a tope hasta la llegada de un genio sublime llamado Dámaso Pérez Prado de Matanzas, Cuba. Pone un nuevo mambo en el techo y –después de la Segunda Guerra Mundial– dispara la primera bomba atómica de la música cubana, antes que el rock and roll de Bill Haley y sus Cometas y el divo Elvis Presley.

Con la música cubana no se puede, el yacimiento rítmico que posee es infinito. Ya se siente, en las nuevas músicas (tan criticadas), el sonido de los tambores de la conga y la rumba. Eso ha ejercido una “mutación” nueva en la música actual.

A los sonidos hay que seguirles su curso, ellos van cambiando con el objetivo de evadir las críticas y los ataques constantes. Entonces se refugian, echan mano a la fuerza de su identidad nacional. Cuba tiene una riqueza rítmica inigualable en todo el continente.

Mucho ojo, atención que se avecinan nuevas formas de hacer música y hay que estar atentos. ¿Les han indicado a los jóvenes que hay varios ritmos y sonoridades cubanas que pueden emplear en sus nuevas obras? ¿Los maestros de música están preparados para orientar a los nuevos músicos?

Hay que comenzar a ofrecerles a los nuevos músicos encuentros de confrontaciones musicales, ayudarlos a descubrir nuevos caminos, nuevas posibilidades. Los artistas cubanos deben estar fungidos con lo mejor de su folclor y sus tradiciones. Todo arte vive de la herencia musical de sus antecesores.