Enriqueta Almanza: “la gloria es acompañar”

Entrevista inédita a esta destacada compositora y pianista

Enriqueta Almanza: “la gloria es acompañar”

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Músicos, rumba, música infantil
  • Autora junto a Celia Torriente de la popular canción infantil Barquito de papel.
    Autora junto a Celia Torriente de la popular canción infantil Barquito de papel.

Los cantantes se la disputaban, pues gozaba de enorme prestigio como pianista acompañante. Cada vez que su nombre aparecía en un programa, era garantía de adelantado éxito. “Estoy hecho —decía un cantante— me acompaña Enriqueta.

¿A qué se debe tu incursión en el piano?

Mi formación comienza en mi casa, mis padres me ponen una profesora y, después, con 13 años ingreso al Conservatorio Municipal de La Habana (hoy Amadeo Roldán) que tenía muy buenos profesores. Dos años más tarde inicio mi carrera musical profesional trabajando con orquestas y reemplazando a músicos en su ausencia, pero un día me encuentro con Zenaida Romeu, toda una maestra, como todos los Romeu, y esa fue la salvación de mi vida.

Gracias a ella entré a ese gran templo musical que fue la RHC Cadena Azul de Amado Trinidad. Yo no salía del lado de Zenaida, me pasaba todo el día mirando como seleccionaba y ensayaba con los cantantes. La verdad ya tocaba bastante bien, siempre fui lista para tocar desde muy joven. Y así me aprendí todos los trucos y maldades que no te da ni el Conservatorio de París.

Tenía mucho interés tocar en público, en salas de baile, con bandas y orquestas y cuando me sentí con alas levanté el vuelo. Lo mío era tocar y tocar y más música cubana que no aburre nunca. De esa época inicial no olvido mi trabajo con la Riverside.

Sé de tu devoción y admiración por músicos y compositores mexicanos. ¿Alguna experiencia en particular?

Ah, sí, mucho, es grande mi admiración por Vicente Garrido, Mario Ruiz Armengol y otros. Te voy a contar una anécdota: siendo yo muy jovencita, tenía locura con Pedro Vargas. Oírlo cantar era casi un desmayo para mí. Él, además, venía mucho a La Habana y estaba todo el día en la radio cubana y., a mi esos arreglos orquestales me volvían loca. Cada vez que lo oía cantar Mujer me iba del mundo.

Un día me entero que ese arreglo era de Mario Ruiz Armengol y desde día Mario es para un dios. Sin dudas, yo me enamoro del trabajo de la orquestación, de los arreglos. La armonización que hace, por ejemplo, en Mujer es sensacional, magistral y cantado por Pedro Vargas, es de película.    

Es que México, a la hora de hablar de boleros, pianistas, arreglistas, compositores y orquestadores, hay que quitarse el sombrero o ponérselo,

¿Te gusta la salsa?

Lo que llaman salsa es el producto de mil músicas cubanas mezcladas, de mil cosas que echaron en una bolsa. Eso no es un género musical, es un estilo. La salsa es son, cumbia, guaracha, todo. Salsa fue el nombre comercial que le pusieron.

Tienes otra etapa muy interesante de gran trabajo en España y en Europa. ¿Cómo concibes ese período?

En 1955 Jaime Camino, un empresario español, viene a La Habana y me ve tocando y para suerte mía, me dice: “tengo buen trabajo para ti por un año en Europa”; entonces trabajé en Madrid, Barcelona y en París donde me uno a Candita Batista, excelente cantante y vedete, un fenómeno en escena.

También trabajé mucho en Italia, Suiza y Alemania, pero eso es otro cuento.

Regreso a Cuba en 1957 y comienza una nueva etapa de trabajo para mí dentro de ese complejo mundo de la radio y la televisión como pianista y directora del grupo musical de la pareja de actores y cantantes Olga (Chorens) y Tony (Álvarez), unos ídolos, muy famosos y adorados.

¿Cuéntame un poco de tus experiencias en Tropicana?

En 1958 hago en Tropicana una temporada como pianista del cantante Raúl de Mesa y en el Eloy´s Club dirigiendo su orquesta. Todo ese tiempo hasta 1962 estuve haciendo arreglos para espectáculos, producciones de cabarets, discos, etc.      

Y, bueno, vuelvo al cabaret como pianista del grupo de danza de Alberto Alonso y Sonia Calero, ya con la Revolución en el show del Cabaret Parisién, maravilloso, trabajábamos las coreografías prodigiosas que hacían ellos.

¿No te embullaron a componer alguna que otra rumba?

Por supuesto. Un día viene Alberto y me dice Enriqueta, por favor, hazme una cosa bien movida para el cuerpo de baile. Se va Alberto y queda Sonia sola ensayando y me dice: “Enriqueta, tócame cualquier cosa pa calentar”. Al otro día llega Alberto, comienza el ensayo y yo empiezo a tocar aquello del día anterior y así nació, de una improvisación mi rumba, y le pusimos Rumba en el Parisién.

Un nuevo rumbo toma mi carrera cuando me llaman de la programación infantil de la televisión para hacer música para niños. Los pequeños no tenían música propia, todo era copia de cosas extranjeras. Un bellísimo capítulo de esta historia son los conciertos que, paralelamente hago con el gran Oidlio Urfé, muy atrevido su trabajo al presentar la música popular cubana en las aristocráticas salas del antiguo Lyceum (hoy Amadeo Roldán) y en Bellas Artes también.  Fue mucho, mucho lo que hizo Odilio por la música cubana.

Actualmente me mantengo trabajando en el departamento de musicales del ICRTl, sigo acompañando a cantantes, realizando orquestaciones y arreglos para la EGREM y por supuesto, algún que otro viajecito y presentaciones como la de ayer con la Orquesta Aragón.

Barquito de papel ¿Qué significa para ti?

Ya perdí cuántas generaciones de muchachos la han cantado. Eso fue gracias a Celia Torriente que me dijo: “Enriqueta, vamos a hacer canciones para los niños, los muchachos no tienen nada”. Y un día me manda una letra Barquito de papel, le pongo música y ya ves, es un himno de los círculos infantiles, fiestas, cumpleaños.  Es tan popular que ya nadie sabe quien la compuso y a mí eso me hace tan feliz.

¿Algún un cantante preferido?

Vicentico Valdés, genial, hace lo quiere con su voz. No tiene técnica pero y no la necesita. Con sus trucos verbales, estira o encoge la frase, entra y sale a su antojo, un genio.

¿Qué es para ti acompañar?

La gloria, el cantante se luce, lo aplauden, pero a nosotros, los acompañantes, allá atrás, invisibles, gozamos mucho porque ese deslumbramiento del es, en gran parte, obra nuestra. Un buen acompañamiento, sea de piano, guitarra, bandoneón, violín u otro instrumento, levanta mucho, adorna, apoya la interpretación vocal. Sin duda alguna, la gloria es acompañar.