Ernesto Limia: “miremos al mundo con ojos nuevos”

Ernesto Limia: “miremos al mundo con ojos nuevos”

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Escritores, Abel Prieto, UNEAC, sociedad cubana, Revolución cubana
  • El volumen se presentó el pasado sábado en la sala Villena de la UNEAC.
    El volumen se presentó el pasado sábado en la sala Villena de la UNEAC.
  • El volumen se presentó el pasado sábado en la sala Villena de la UNEAC.
    El volumen se presentó el pasado sábado en la sala Villena de la UNEAC.

“(…) El legado que Martí y Fidel nos dejan está signado por el espíritu de sacrificio, la fe inquebrantable en la victoria y el llamado a que todos nos convirtamos en protagonistas permanentes del ejercicio de pensamiento y construcción del país. Solo entonces habremos madurado como pueblo; solo así, desde la participación consciente en la decisión de nuestros destinos, haremos perdurable la obra de la Revolución”.

La cita anterior pertenece al quinto capítulo  (Para conectar desde los sentimientos) del libro Cuba: ¿fin de la Historia? del escritor cubano Ernesto Limia Díaz, título presentado por el Ministro de Cultura Abel Prieto Jiménez, en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) ante un numeroso auditorio integrado por académicos, escritores, artistas, jóvenes representantes de la Asociación Hermanos Saíz, veteranos de la Asociación de Combatientes de la Revolución y dirigentes de organismos políticos como Fernando González Llort, vicepresidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP).

La obra, como bien plantea su prólogo a cargo del reconocido poeta y ensayista Juan Nicolás Padrón, constituye “una puntual síntesis de razonamientos concatenados para desentrañar la verdadera naturaleza de las relaciones de la Isla con el coloso Vecino del Norte, único modo de entender el nacimiento de la Nación cubana, el transcurso de la República dependiente de Estados Unidos, qué retos venció y enfrenta hoy la Revolución socialista después de la caída del Muro de Berlín, y cuáles tendrá que asumir el país rebelde ante nuevos y complejos desafíos”.

Por su parte, durante su intervención Prieto Jiménez reseñó cada uno los capítulos que conforman la obra: De Varela al tambor: el parto de la Nación; Estados Unidos en el preludio de la Revolución de 1895; Cuba: una vieja página en la agenda política de Estados Unidos; Cuba frente a la cruzada del neoliberalismo y Para conectar desde los sentimientos.

Limia profundiza acerca de cómo se gestó nuestra nación, partiendo de los centros intelectuales y educativos y al mismo tiempo analiza el cruel escenario de plantaciones y esclavos. También aborda la situación de los inmigrantes pobres —venidos de diversas regiones de España— y la génesis de la cultura popular-tradicional que nos identifica como nación.

El tercer ensayo, incluido como tercer capítulo, expone cómo históricamente Cuba siempre ha formado parte de la agenda política de la nación norteña. El fragmento siguiente sintetiza esta idea: “(…) Consumada la intervención, fue puesta en marcha una virulenta campaña difamatoria contra el Ejército Libertador (…) los falsos informes elaborados por algunos mandos norteños en la zona de operaciones, trascendían a la prensa. Una frase del general Young refleja la matriz de opinión que querían sembrar: No son más capaces de gobernarse que los salvajes. A ellos se sumaron las medidas de influencia y comprometimiento sobre el liderazgo mambí, y las acciones anticubanas del ejecutivo y el Congreso”. Y es que todos los imperios han utilizado siempre las imágenes de los países colonizados como bárbaros, tratando de rebajar su cultura (…)”.

En relación al cuarto capítulo, el Ministro de Cultura subrayó “la forma en que Limia entra en los teóricos durante la gran oleada reaccionaria de finales de los años ochenta y principios de los noventa donde logra unificar mucha información dispersa y colocarla intencionadamente en su análisis. (…) En este capítulo también se incluyen párrafos a la llamada industria del entretenimiento —televisión, video juegos, video clips— y acompañada a ella elementos como el machismo, el racismo, el individualismo, la competitividad feroz. Algo que se está inculcando en estos momentos a niños y jóvenes y todo ello controlado por corporaciones”.

En el capítulo final Limia hace referencia a nuestros problemas actuales en el campo educativo, ideológico y político. Al respecto comenta: “No basta escribir y publicar libros, hay que salir a dialogar con las ideas; repensar cada día cómo construir el consenso sobre la base de preservar la unidad nacional con la cultura como centro, pues si se pierde la cultura se pierde se pierde la soberanía. Miremos al mundo con ojos nuevos y enriquezcamos la teoría del socialismo, pues no hay práctica revolucionaria sin teoría revolucionaria (…) Y hay que marchar hombro con hombro con los jóvenes, intercambiar con ellos. El legado que Martí y Fidel nos dejan está signado por el espíritu de sacrificio, la fe inquebrantable en la victoria y el llamado a que todos nos convirtamos en protagonistas permanentes del ejercicio de pensamiento y construcción del país (…) Se impone rescatar el espíritu de los maestros ambulantes: tocar puerta a puerta, ganar corazones (…) precisamos poner la Historia a dialogar con el presente, sin formalismos que tanto la perjudican”.

Finalmente, valdría la pena resaltar uno de los fragmentos del cuarto capítulo  que resumiría de manera fehaciente esta presentación: “los tiempos que corren —y la indetenible revolución en las tecnologías de las comunicaciones—, demandan actualizar la política cultural para articular en la más estrecha relación con la sociedad los esfuerzos que se generan desde la vanguardia artística e intelectual cubana e insertarla en las prioridades del combate político e ideológico que libra la nación”.