Estampas del Taller Experimental de la Gráfica en Holguín

Estampas del Taller Experimental de la Gráfica en Holguín

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arte gráfico, exposición, Holguín
  • Todo gráfica reúne a los principales representantes del grabado insular en homenaje a los 55 años del Taller Experimental de la Gráfica. Foto del autor
    Todo gráfica reúne a los principales representantes del grabado insular en homenaje a los 55 años del Taller Experimental de la Gráfica. Foto del autor

Mencionar el Taller Experimental de la Gráfica de La Habana (TEGH) en su aniversario 55 es hacer énfasis en la obra ineludible de los principales exponentes del grabado cubano, en sus diferentes géneros gráficos, a partir de la segunda mitad del siglo XX. Artistas que son, al mismo tiempo, protagonistas ineludibles de las artes plásticas insulares en su diapasón más abarcador: Víctor Manuel, Antonia Eiriz, Umberto Peña, Raúl Martínez, Ernesto García Peña, Alfredo Sosabravo…

A propósito, la exposición colectiva Todo gráfica, expuesta en la Sala Principal del Centro de Arte de Holguín, reúne a los principales representantes del grabado cubano y sus diversas técnicas en homenaje a los 55 años del TEGH.

La muestra, con curaduría de Octavio Irving Fernández, actual director del Taller, y el reconocido artista Manuel López Oliva, y con dirección general, en su montaje holguinero, de Yuricel Moreno Zaldívar, recoge parte significativa de la historia del TEGH a partir de varias piezas de sus más destacados artistas, y funciona, al mismo tiempo, como catalizador de estilos, técnicas y posteriores etapas creativas.

La mayor parte de las piezas de la muestra expositiva, creadas en variadas técnicas como la litografía, la xilografía, la colografía y la calcografía, son pruebas de taller, no poseen títulos (s/t) y abarcan desde los años fundacionales del Taller hasta fechas recientes. Así encontramos obras de Víctor Manuel mostrando la sencillez de los trazos de sus característicos rostros femeninos, José Centino, Umberto Peña, Adigio Benítez, Eduardo Roca (Choco), Nelson Domínguez, Roger Aguilar, Zaida del Río, Roberto Fabelo, Manuel Díaz Gámez, Alfredo Sosabravo, con un cartel de las Ferias de la Plaza de la Catedral de La Habana, Julio C. Peña, Luis Cabrera, César Leal Jiménez, entre otros artistas cubanos.

“La fundación del Taller figuró entre los actor fundamentales de cultura de los sesenta que mejor acogida tuvieron en el medio artístico capitalino. (…) Por sus piedras y prensas han transitado emisiones disímiles de lo imaginario en los aspectos instrumentales, formales, icónicos, poéticos, simbólicos, ornamentales, conceptuales y exploratorios. No existe momento de búsqueda o ruptura, de sentido ético o cifrado intimista, de recogimiento local o expansión planetaria de signos, que no haya tenido consumación en las impresiones sobre papel conservadas en los archivos del TEGH…”, asegura Manuel López Oliva en su artículo “Entre el ritual de la utopía y el arte como mercancía. En los 55 años del Taller Experimental de la Gráfica de La Habana”, del cual varios fragmentos sirvieron para conformar el catálogo de presentación de la muestra, con museografía de Yanna Velázquez Romero, montaje de Rolando Pupo Tejeda y diseño de Javier Erid Díaz Zaldívar.

Componen también Todo gráfica la litografía Ofrenda, de Carlos del Toro; Pecera tropical, de Flora Fong; Sal de la cueva, José Luis, calcografía de Ángel Manuel Ramírez; Obcecación, de Luis Ramón Lara Calaña; Tierra ajena, litografía de Juan Sánchez; Elegguá, de Pablo Quert; Hasta la última gota, colorida xilografía de Alejandro Saínz; “Salvo”, de Ernesto García Peña; Prohibido el imperio, de Carmelo González; La torre de Babel, de Alexis Leyva Machado (Kcho), Ponerla sola, de Luis Miguel Valdés y la imprescindible obra de Antonia Eiriz, quien realizó en el TEGH algunas estampas de sus célebres figuraciones expresionistas.

“Una concurrencia generacional múltiple –como realmente ocurre en las circunstancias epocales de un país, y no esa esquemática disposición sustitutiva de generaciones y códigos, contaminadora y reductora de las prácticas museográficas– ha sido característica de ese Taller en sus distintas etapas, por lo que se ha podido ver a los artífices de muy diferentes edades y poéticas elaborando simultáneamente sus imágenes sobre las piedras e imprimiéndolas junto a los operarios”, añade el artista manzanillero, autor de icónicas exposiciones fuera y dentro de Cuba, como En la escena, Repertorio y Cuba, Mito y Mascarada.

El TEGH fue fundado en 1962 por Orlando Suárez y los experimentados impresores Israel de la Hoya y Amable Mouriño, nutriéndose de máquinas y matrices pétreas recuperadas y funcionando, al mismo tiempo, como espacio de creación profesional, relacionado a nombres fundacionales como Antonia Eiriz, Víctor Manuel, el muralista, pintor y grabador chileno José Venturelli, el pintor y diseñador Umberto Peña, y Alfredo Sosabravo, entre otros, y sitio, además, de adiestramiento para estudiantes. Aunque en el país habían funcionado algunos talleres del arte impreso, propiedad de miembros de la Sociedad de Grabadores de Cuba, además del existente en la Escuela San Alejandro, era indudable que la aparición del TEGH (o Taller de la Plaza de la Catedral, que también se le conoce) “constituyó un hito dignificante de las expresiones gráficas, que a partir de su vitalidad productiva se colocaron en sitial contiguo al de la pintura y el dibujo”, añade finalmente Manuel López Oliva.