“Este no será el último libro infantil que publique”

“Este no será el último libro infantil que publique”

Etiquetas: 
Escritores, Feria del Libro 2016, literatura infantil, cuentos, Ciencias Sociales
  • La autora Meysis Carmenati es periodista, ensayista, doctora en Ciencias filosóficas en la Universidad de La Habana, investigadora y docente en diversas universidades latinoamericanas.
    La autora Meysis Carmenati es periodista, ensayista, doctora en Ciencias filosóficas en la Universidad de La Habana, investigadora y docente en diversas universidades latinoamericanas.

Meysis Carmenati es de esas mujeres talentosas y versátiles, profundas y sencillas, sin que esta mezcla implique contradicción. Se declara amante de la infancia y por eso ha materializado sus ganas de incidir en la formación de niñas y de niños, en un libro de esos... inolvidable.

Tras sus disímiles incursiones en el mundo de las Ciencias Sociales: como periodista, ensayista, doctora en Ciencias filosóficas en la Universidad de La Habana, investigadora y docente en diversas universidades latinoamericanas, Carmenati no nos sorprende con su más reciente libro presentado en esta edición de la Feria.

Érase un niño viejo, de la editorial Letras Cubanas, propone una obra para infantes en edad preescolar, con un nivel de comprensión e interpretación que demanda, como ejercicio complementario, la implicación de los adultos en la lectura y lo que de ella se deriva.

Desde el título, la autora rompe con muchos estereotipos presentes en textos para estos públicos, ofreciendo una visión profunda de la vida, sin remilgos ni empalagos.

No sostiene su historia en mimos vacíos, frases convencionales o “chiquilleo” de palabras; sino en ternura con savia, en letra con reflexión.
Este primer acercamiento a la literatura infantil promete trascender lo casual, y convertirse en un hábito literario para su goce y el de los lectores.

¿Qué razones te aproximaron a la literatura infantil?

Hace muchos años tenía la necesidad de escribir ciertas historias que, por su forma y extensión, tenían más que ver con los niños y niñas. Es como ir caminando y ver un árbol, o una nube, o un mueble antiguo y desgastado, objetos que pueden pasar inadvertidos pero que de inmediato adquieren importancia, abren caminos. Así creo que surgen los cuentos.

¿Cómo se produjo ese salto de publicar un ensayo sobre los pensadores Jurgen Habermas y Antonio Gramsci (Premio Calendario 2012) a adentrarte en un tema tan difícil y distinto como la literatura infantil? Bueno fue al revés. El cuento “Érase un niño viejo” lo escribí en el año 2010, y el premio Calendario lo gané con un estudio sobre los mitos alrededor del concepto de opinión pública y la necesidad de redefinirlo, escrito después, entre el 2011 y el 2012. No obstante, aquí no hay un orden casuístico ni una continuidad programada, ni nada como eso. Como soy profesora tengo que investigar cuestiones y problemáticas sociales que sugieren un tipo de necesidad reflexiva y por tanto un tipo de literatura. Normalmente trabajo mucho la perspectiva crítica de la comunicación y la relación entre espacio público y discurso. Es mi trabajo y es una forma de vida, pero esto no impide ni se interpone con otros géneros. Al final, creo que todo lo que sirve para pensar y transformar el mundo es un pretexto para crear.

¿De dónde surgió la historia del niño viejo?

Yo viví en México unos 8 meses durante el 2010 y me quedaba en una casa antigua y muy grande, donde realizábamos festivales, conciertos y exposiciones. Era un lugar muy particular porque, en medio de esa mole urbana del D.F. la casa, llena de ventanas fuera de lugar y muros fríos de ladrillo, estaba rodeada por una arboleda tremendísima. Y todo el tiempo se sentían pequeños animalitos dentro de los árboles, moverse y hacer ruidos y colarse por las extrañas ventanas de la gran casa. Era un lugar donde podía existir el niño viejo, me parece. Así surgió el cuento.

¿Por qué publicar este volumen en Cuba, cuando resides en otro país Latinoamericano?
Tengo siempre la intención y la voluntad de hacer cosas en Cuba. No solo por mis amigos y familiares, sino porque siento un lazo que no se rompe por estar fuera. Creo que muchos emigrantes cubanos por todo el mundo quieren estar más cerca de su país: hacer, actuar, estar presentes. Y me gusta pensar que mi libro es leído por niños cubanos, que puede ser parte de sus vidas; pero sobre todo, quisiera romper con ese mito de “los que están dentro” y “los que están fuera”. Cuba no es un recipiente con tapa. Cuba es una condición de posibilidad. Si el hecho de salir no ha cambiado mi definición como cubana, ¿por qué habría algo de raro en querer publicar aquí?

¿Qué nuevo proyecto de literatura estás preparando ahora?
Estoy inmersa en una investigación sobre representaciones, medios y subalternidad. Además, preparando un texto sobre pensamiento latinoamericano. Ambos para este año. Así que no sé si encuentre tiempo para más, pero me gustaría mucho “desempolvar” otros cuentos infantiles que están perdidos por ahí en cuadernos y páginas sueltas. Me encantaría reunirlos y publicar un volumen de al menos ocho, o diez. Pero no puedo prometer nada, porque la vida nos tiene un poco secuestrados, y hay que robar el tiempo para escribir, o reescribir, o publicar. En todo caso, este no es ni será el último cuento para niños que escriba, y ojalá no sea el único que publique.