Estrenos mundiales de Danza Contemporánea de Cuba

Estrenos mundiales de Danza Contemporánea de Cuba

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Escénicos, Danza Contemporánea de Cuba, Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso
  • Magnificas actuaciones de Danza Contemporánea de Cuba. Fotos: Cortesía de la compañía
    Magnificas actuaciones de Danza Contemporánea de Cuba. Fotos: Cortesía de la compañía

Las paredes se van/ Queda la noche/
Las nostalgias se van/ No queda nada/
[…]
Mario Benedetti

Poemas del alma

La compañía Danza Contemporánea de Cuba (DCC), que dirige el maestro Miguel Iglesias, Premio Nacional de Danza Ramiro Guerra y Premio Lorna Burdsall 2015, llevó a las tablas de la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso dos estrenos mundiales: Las paredes se van y DCCrama, de los artistas Julio César Iglesias y Norge Cedeño.

Completaron el programa artístico, las reposiciones de Reversible, de la artista belga-colombiana Annabelle López Ochoa, Premio UNEAC de Coreografía 2014, y Mambo 3XXI, del artista George Céspedes, Premio del Certamen Iberoamericano de Coreografía (CIC) Alicia Alonso.

Los integrantes de la emblemática agrupación les obsequiaron a los amantes de ese género danzario, así como a los colegas de la prensa especializada, dos tendencias estéticas que enriquecen —con creces— el quehacer artístico y coreográfico, así como el repertorio, de DCC

Con respecto a los bisoños bailarines, habría que destacar —ante todo— que han aprendido de sus maestros y ensayadores a dominar con precisión y exactitud los movimientos corporales; uno de los recursos técnico-académicos en que se estructura —desde el punto de vista teórico-práctico— tan prestigioso colectivo, cuyos miembros han sabido colocar en la cima de la montaña el nombre de la mayor isla de las Antillas, así como el de la cultura cubana, en todos y cada uno de los escenarios del mundo, adonde han llevado su arte único e irrepetible.

Los danzarines salen airosos de esas nuevas aventuras coreográfico-dramatúrgicas, y satisfacen no solo los difíciles requerimientos técnico-interpretativos que las caracterizan, sino también el gusto cada vez más cultivado de un público amante de ese género danzario, así como las expectativas de los jóvenes coreógrafos insulares.

No obstante, haber interiorizado e incorporado a su forma sui géneris de bailar (y actuar), los indicadores fundamentales en que descansa ese género danzario, los transgreden con respeto y elegancia, sin comprometer un ápice la esencia de la rigurosa técnica académica y el complejo arte de la interpretación teatral en que se sustenta la danza contemporánea, y muchísimo menos sacrificar el estilo que identifica a las obras estrenadas en la sala García Lorca del vetusto Coliseo de La Habana Vieja.

Para llevar a feliz término la concepción coreográfica y dramatúrgica concebida por Iglesias y Cedeño, los integrantes de DCC tienen que entregarse en cuerpo, mente y alma a un ejercicio estético-artístico, que les reclama exigir muchísimo más al músculo, al tendón, al hueso, sin dejar de trabajar con el intelecto y el espíritu en la transmisión del mensaje —susceptible de disímiles lecturas— que esas obras le transmiten al auditorio. Y que hacen realidad la frase antológica del doctor José Orlando Suárez Tajonera, Premio Nacional de Enseñanza Artística 2007: «el arte —en su acepción más amplia— no solo refleja la realidad, sino también crea “otra” realidad en la mente y en el alma del artista, el crítico y el espectador».