Eusebio Leal: El hombre que sigue en el tiempo

Eusebio Leal: El hombre que sigue en el tiempo

  • Eusebio renace una y otra vez en la capital de esta Isla caimán en medio del Mar Caribe ( Foto: ADALBERTO ROQUE/AFP)
    Eusebio renace una y otra vez en la capital de esta Isla caimán en medio del Mar Caribe ( Foto: ADALBERTO ROQUE/AFP)

En su sacrificio humilde, en la entrega tenaz de sus horas, en la vehemencia proteica con que ama a La Habana, Eusebio Leal, como en tantas otras cosas, es donde está su huella. Cuando lo olviden los hombres todavía lo recordarán las piedras.

Fina García Marruz

Ahí está él, con sus 77 años, bajo la inmensidad del Castillo de Santo Domingo de Atarés, cuya forma asemeja a un hexágono imperfecto de piedra caliza. Ahí, en el centro del escenario ficticio, delimitado por una multitud ansiosa por degustar la sabiduría del historiador de La Habana. Retrocede y adelanta en el tiempo. Entremezcla sus memorias y la de nuestros antepasados. Ahí está, en la silla de madera, como un cuentacuentos, delineando con los labios la historia de esta, su ciudad.

—Perdónenme que haya tenido que estar un poco sentado, porque estoy un poco fatigado; pero la fatiga no es el resultado de lo que no ha podido vencerme, ni derrotarme, es que vengo caminando hace mucho tiempo, hace muchas décadas, hace muchos siglos, el verdadero misterio es que yo viví hace siglos en otros cuerpos y estuve aquí cuando se construyó el castillo.

Eso decía ese caminante del tiempo que es Eusebio Leal Spengler en noviembre de 2019, durante la reinauguración de la edificación, creada bajo la dirección del ingeniero Silvestre Abarca en 1767.

Aquellas palabras recuerdan a ciertas creencias en las que el cuerpo físico es sólo un recipiente temporal para el alma. Se afirma que el ánima permanece atrapada durante toda una existencia en una forma material, la cual, una vez muerta, abandona en busca de otra distinta. Se transita de una vida a la siguiente en un viaje que ignora las diferencias geográficas, temporales y étnicas. Sin embargo, Eusebio, que se llama Eusebio en esta vida, renace una y otra vez en la capital de esta Isla caimán en medio del Mar Caribe.

Una muy apretada síntesis lo definiría como Doctor en Ciencias Históricas de la Universidad de La Habana, Especialista en Ciencias Arqueológicas y Máster en Estudios sobre América Latina, mas, Eusebio, que así llama en esta vida, ha sido tanto para La Habana que tan sólo el hecho de nombrarla es también mentarlo. Su capacidad de rehacer la maravilla de la destrucción lo convirtieron en una suerte de mesías, cuya devoción a esta villa lo hacen trascender más allá de convencionalismos terrenales.

Sobre la labor regeneradora de la Oficina del Historiador de la Ciudad le comentaba al periodista Mario Cremata Ferrán, durante una entrevista en el año 2016: «El deterioro es evidente; lo ha sido y lo es. Pero me aferro a la utopía que es la máxima aspiración de aquel que no deja de soñar, porque significaría dejar de existir (…) Hay que seguir cultivando el don de la imaginación. La Habana es un tesoro intemporal que nos concierne a todos: los que fuimos, los que somos y los que serán».

La travesía de su alma en el cuerpo de Eusebio Leal Spengler concluyó este 31 de julio de 2020. Su capacidad de reimaginación de la capital fue más allá de la restauración de sitios históricos como el Palacio de los Capitanes Generales, la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña, el Castillo de los Tres Reyes de El Morro, El Capitolio y otras hazañas de la restauración arquitectónica.

Pero el alma en el cuerpo de Eusebio no sólo amó a La Habana, extendió ese sentimiento a Cuba, cuya estructura moral, espiritual e histórica se empeñó en restaurar con la misma fuerza que a su ciudad natal.

Su sapiencia sobre la historia de Cuba, el arte, la restauración y la preservación de la nacionalidad lo llevaron a concebir ensayos, prólogos y artículos como Regresar en el tiempo; Detén el paso caminante; Verba Volant; Fiñes; Carlos Manuel de Céspedes: El Diario Perdido; La Luz sobre el Espejo; Poesía y Palabra; Patria Amada; Bio-Bibliografía, entre otros títulos que acumulan su sabiduría sobre esta Isla.

Su ciudad de 500 años lo despide con sábanas blancas en los balcones, tal vez para que la dirección del viento guíe a su alma hasta la próxima vida. Para entonces Eusebio ya no se llamará Eusebio. Habitará en otro cuerpo, otro tiempo, otra identidad. Mas seguirá siendo Leal a esta ciudad, recorriendo sus calles como viene haciéndolo durante siglos, desde que se fundó la Villa, su Villa de San Cristóbal de La Habana.