Evocación a Julio García Luis en el Día de la Prensa Cubana

Evocación a Julio García Luis en el Día de la Prensa Cubana

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  • Bien afirmó Julio García Luis cuando expresó “Detrás de todo buen periodista,  hay un educador”.
    Bien afirmó Julio García Luis cuando expresó “Detrás de todo buen periodista, hay un educador”.
  • En su obra podemos encontrar al maestro, psicólogo, crítico y periodista, formador de varias generaciones.
    En su obra podemos encontrar al maestro, psicólogo, crítico y periodista, formador de varias generaciones.

Detrás de todo buen periodista,
hay un educador.

                Julio García Luis

No creo que haya mejor homenaje para celebrar el Día de la Prensa Cubana que escribir esta crónica, dedicada a evocar la memoria del doctor en Ciencias de la Comunicación Julio García Luis (1942-2012), ni en la lengua cervantina vocablos tan precisos utilizados en la cita que la ilustra, para atrapar —al vuelo de una mariposa— la carismática personalidad del Premio Nacional de Periodismo José Martí 2011.

¿Por qué la crónica? Porque ese género periodístico, cultivado por el doctor García Luis con razón y emoción, « […] permite extraer el máximo jugo a cualquier acontecimiento»,1 sobre todo para describir —desde una óptica eminentemente objetivo-subjetiva— las circunstancias espaciales y paisajísticas de los viajes al exterior realizados por el Comandante Fidel Castro Ruz, líder de la Revolución Cubana.

La prensa y la educación superior insulares sufrieron una sensible pérdida con la partida al espacio infinito de quien fuera editorialista del diario Granma, presidente de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), y por último, decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, donde concluyó su vida profesional-laboral hasta poco tiempo antes de su lamentable deceso.

Conocí personalmente al doctor García Luis en enero de 2003, en la sede capitalina de las Naciones Unidas. En esa ocasión, el «Dequi» —como lo calificaran los estudiantes y profesores de Periodismo como sincera expresión de afecto— integró el panel que, organizado por la Comisión de Prensa, sesionara con motivo del aniversario 111 de la fundación por José Martí del periódico Patria, órgano del Partido Revolucionario Cubano.

Recuerdo que, en dicha actividad, moderada por el colega Pedro Martínez Pírez, Premio Nacional de Periodismo 2005, e incluida en los actos conmemorativos por el sesquicentenario del natalicio del Apóstol y el lamentable deceso del venerable padre Félix Varela, participaron figuras insignes de la prensa cubana: Marta Rojas y Ernesto Vera (1929-2016), Premios Nacionales de Periodismo 1997 y 1999, respectivamente.

Cuando García Luis terminó su disertación acerca de la ética periodística martiana, tema desarrollado por él en ese contexto, me le acerqué y le dije:

Doctor, esa forma de dirigirse al público, que implica un dominio absoluto del clima emocional prevaleciente en el auditorio, y de utilizar el lenguaje verbal y gestual mientras hacía uso de la palabra, son características esenciales de un maestro. ¿Estoy equivocado o no?

Entonces, me escudriñó con la mirada firme, pero amable, sonrió, y me contestó con una pregunta que —sin ningún género de duda— entrañaba una afirmación fehaciente de que había dado en el blanco: « ¿Cómo usted lo supo […]? No obstante, me di cuenta de que, a la vez que usted tomaba notas de mi intervención, hacía una «radiografía» de mi yo pedagógico, que yace detrás de mi yo periodístico».

A lo cual respondí: es que a mí me ocurre exactamente igual; en el centro mismo de mi mundo interior moran un maestro, un psicólogo, un crítico y un periodista que coexisten en perfecta armonía, y hasta ahora, jamás han entrado en contradicción, sino que se complementan… ¡y de qué forma!

A partir de ese momento, se estableció entre nosotros una relación afectivo-espiritual, que aunque no pudo crecer y fructificar como era nuestro mutuo deseo, sí se mantuvo incólume hasta el final de su fecunda existencia terrenal.

Hacía menos de un año, había publicado un artículo acerca de la relación Psicología-Periodismo;2 trabajo que le envié, y además, lo autoricé para que —si se estimaba pertinente— pusiera en función de la docencia a los estudiantes de Periodismo y Comunicación Social, especialidades que se cursan en la Facultad de la que fuera decano durante casi tres lustros.

Con la esmerada educación que lo identificara en cualesquiera de los medios donde desarrollara su impecable labor periodístico-académica, me contestó de inmediato, me dio las más expresivas gracias por la remisión de dicho material, y por último, me prometió que lo expondría a la consideración del Consejo de Dirección de la Facultad de Comunicación, y si se aprobaba, lo incluiría como texto de consulta en la especialidad de Periodismo.

Por estudiantes de la especialidad que hicieron su práctica profesional en la octogenaria Radio Progreso y por periodistas recién graduados que hicieron su servicio social en la decana de las emisoras cubanas, supe que ese artículo había sido utilizado —en reiteradas ocasiones— para conocer el valioso aporte de la martiana ciencia del espíritu al ejercicio periodístico y viceversa.

De acuerdo con la opinión sustentada por los estudiantes de la Facultad de Comunicación, profesores, colegas y amigos del doctor García Luis, era un hombre « […] que trataba de igual a igual a todos, andaba por los pasillos [del periódico Granma, de la UPEC] y de la casona de G [y 23, en el Vedado capitalino, para mezclarse] con la multitud [de jóvenes y menos jóvenes]. Ese carácter franco y cordial le valió el [cariño y el respeto] de quienes lo rodeábamos; su altura en nuestra prensa [y en el ámbito universitario, así como su estatura excepcional en el] gremio»3.

Por otra parte, en presencia mía, jamás oí hablar mal de Julio o a alguien formular una queja acerca de su actitud o comportamiento inadecuado por parte de los educandos ni de los profesionales de la prensa con quienes interactuara. Todo lo contrario, unos y otros destacaban —con letras indelebles— su simpatía, su decoro, su sinceridad, su ética, su humanismo revolucionario y cristiano (percibidos como las dos caras de la misma moneda), ya que, en una crónica publicada en el diario Juventud Rebelde en los años noventa del pasado siglo, defendió el criterio de que el cristianismo es parte de nuestras raíces multiétnicas, así como de la cultura nacional, y por ende, deviene escudo protector de la nación cubana frente a la voracidad hegemónica del poderoso vecino norteño.

Tuve la inmensa satisfacción de reseñar, para la revista electrónica La Jiribilla, 4 la que considero su obra cumbre: Revolución, socialismo, periodismo. La prensa y los periodistas cubanos ante el siglo XXI, publicada por la Editorial Pablo de la Torriente Brau.   

La última vez que vi con vida a Julio fue en el ejercicio de defensa de la tesis de doctorado en Ciencias de la Comunicación, presentada por la periodista, escritora e investigadora, Isabel Moya Richard, directora de la Editorial de la Mujer y de la cincuentenaria revista Mujeres.

En ese contexto académico, el doctor García Luis desempeñó la función de oponente, la cual llevara a cabo con el rigor científico-metodológico y ético inherente a un educador de talla excepcional.

Una vez finalizado el acto de defensa, estreché su mano franca y abierta en todo momento, al igual que su alma, y además, elogié su óptimo estado de salud: irradiaba energía positiva por todos los poros de su esquema corporal y estaba muy vital, no obstante estar jubilado, pero no retirado, de sus responsabilidades como decano. Qué lejos estaba de suponer —ni siquiera en la peor de las pesadillas— que se hallaba solo a unas semanas de ir al encuentro de Tanatos (la muerte, en el lenguaje psicoanalítico ortodoxo).

Como si intuyera que su final estaba cerca, le confesó a uno de sus discípulos, que lo entrevistó con motivo del otorgamiento del Premio Nacional de Periodismo por la obra de la vida:

« […] Yo espero ver un despliegue superior de [la] capacidad profesional [del periodismo cubano], que [lo] convierta en una alternativa real al modelo de prensa liberal […]». 5 Para materializar ese objetivo en la praxis periodística, habría que lanzar al basurero « […] el formalismo, el burocratismo, esas gárgaras de palabras y palabras que no alcanzan a decir nada [y que solo emborronan cuartillas y más cuartillas]. El proceso que ahora emprende Cuba puede ser la gran oportunidad para llegar a cambios que nos hagan avanzar en esa dirección. La propiedad social y el socialismo deben demostrar su vitalidad para auspiciar ese tipo de prensa emancipadora, participativa, anti-hegemónica, [ético-] humanista, que siempre ha estado [y estará] presente en nuestras declaraciones. El problema, desde luego, no es que yo alcance a verla, sino que esas potencialidades lleguen a ser realidad algún día […]. 6

Concluyo con las emotivas palabras del maestro Luis Sexto, Premio Nacional de Periodismo 2009, en una crónica dedicada a Julio García Luis como postrer tributo de admiración a quien fuera su colega de profesión y amigo en el espíritu: « […] El “Dequi” de la puerta constantemente abierta; el “Dequi” incapaz de una acción rastrera, de un silencio cómplice. Era —ah, qué dura palabra— el decano de la bondad y la pulcritud. Se ha ido uno de los buenos. Bajemos la cabeza».7

1 García Luis, Julio: Citado por Yoel Suárez Fernández, en “La prensa y el periodismo cubanos apenas están comenzando”, Juventud Rebelde, 15 de enero de 2012: p. 3 (Nacionales) (Entrevista realizada al doctor Julio García Luis).

2 Dueñas Becerra, Jesús: “Psicología y Periodismo”, Revista Cubana de Psicología, 2002, 19 (2): pp. 160-[163].

3 Suárez Fernández. Ob. Cit.

4 Dueñas Becerra, Jesús. Revolución, Socialismo, Periodismo… Disponible en www.lajiribilla.cu

5 Suárez Fernández. Ob. Cit.

6 Ídem.

7 Sexto, Luis. ¡Silencio!, Juventud Rebelde, 15 de enero de 2012: p. 3 (Nacionales)